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Honores y distinciones 2021 | Roque Nublo Turístico

Fernando Méndez, sastre de reinas

El diseñador del Carnaval es premio Roque Nublo del Cabildo en el ámbito Turístico | El isleño dejó su impronta en la proyección internacional de los festejos capitalinos

El diseñador Fernando Méndez en las escalinatas del Gabinete Literario.

El diseñador Fernando Méndez en las escalinatas del Gabinete Literario. Andrés Cruz

El Cabildo distingue con su premio Roque Nublo en el ámbito Turístico al diseñador Fernando Méndez, fallecido en el pasado mes de enero, y uno de los nombres propios del Carnaval capitalino que entendió desde los primeros años de la ‘era moderna’ de la fiesta su capacidad para promocionar al archipiélago en el exterior. Méndez, que vistió a trece reinas del Carnaval capitalino, siempre se sintió profeta en su tierra, “reconocido por la gente en el día a día”, y a pesar de la suspicacia que levantaba a su alrededor, premio tras premio, aseguraba que no tenía enemigos, solo “admiradores confundidos”. 

El Cabildo de Gran Canaria distingue, a título póstumo, con su Roque Nublo en el ámbito Turístico al diseñador Fernando Méndez, nacido en 1958 y fallecido el pasado mes de enero. Méndez, que ganó trece galas de la reina en el Carnaval capitalino, dejó su impronta en la fiesta coadyuvando a convertirla en el referente internacional que hoy es desde que presentara su primer trabajo en el año 1987 de la mano de Galerías Preciados y la fantasía titulada Mensajera del Sol.

Hijo de padres majoreros, desde muy joven se decantaba por una celebración que al albur de la Democracia iba cogiendo forma desde la simple tarima al gran espectáculo gracias, entre otros históricos, a su papel en el desarrollo de la fiesta. Con estudios en diseño en Madrid, su primera gran incursión termina con título ‘real’ cuando en 1982 gana el premio Príncipe del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria.

Desde ese momento ejerce de tal, no en vano se lanza en 2014 a instaurar el Baile del Principe, una cita bianual que en su momento se publicitó, no sin ahorrar en pompa, como el “referente artístico de glamour y cita internacional que proyecta al mundo la fiesta más representativa de Canarias”.

Pero hay que retrotraerse a varias décadas antes para entender el cómo Méndez una y otra vez machaca a la competencia en el cartón de puntos del jurado, con unos diseños que con el tiempo se hacen tan característicos de su firma que los más entendidos en la materia distinguen de entre el resto con solo intuir las grandes galletas o los sinuosos arabescos con los que dotaba a sus fantasías.

Algo que no siempre sentaba muy bien a la competencia. Esto, desde el minuto uno.

Cuando ganó su primera gala de la reina tuvo que salir huyendo del teatro Pérez Galdós

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Célebre se hace el momento en el que se le otorga ese primer premio por Mensajera del Sol con la que empaquetó hacia el estrellato local a la candidata Mari Pino Montesdeoca. El ‘suceso’ lo narraba Méndez con esa retranca de alto standing a la periodista Marisol Ayala para este periódico treinta años después, pero como si lo recordara al día siguiente: “Vamos a ver. Es que cuando en el teatro se anunció que yo era ganador una amiga que estaba cerca de la organización me dijo: Fernando busca un taxi y vete, que la gente está muy loca”. La policía lo metió en un coche y se lo llevó . “Recuerdo que la coronación la vi desde casa, con eso está dicho todo”.

Pero, si no querían caldo, la entrega que estaba por llegar tampoco iba a reducirse a dos tazas. Según la clasificación llevada a cabo desde 1972 de los premios de interpretación del Carnaval Fernando Méndez se presentó en más de 28 ocasiones, logrando trece títulos de reina para sus fantasías, cuatro primeras damas, dos segundas damas, cuatro terceras damas, y una cuarta dama. Los dos segundos clasificados en el este peculiar rankin solo han repetido dos veces con un título de reina.

De aquella primera gala, que se celebraba en el teatro Pérez Galdós, a las siguientes en las que fueron desplazadas al parque Santa Catalina, la calidad de las ediciones iba en aumento, salvo el catastrófico patinazo que tuvo lugar en la playa de Las Canteras, y con ello también se incrementaba la proyección de los que en ellas participaron. Fue el paso de la casi escala en Hi-Fi primigenia al fastuoso espectáculo visual y televisivo.

Méndez personificaba como pocos ese in crescendo. En modales, actitud, -posando como recién salido de la casa Thyssen-Bornemisza-, y por sus compañías. Primero, haciéndose rodear de unos equipos muy profesionales y por unas candidatas de criterio y formación. De éstas diría que “como embajadoras de la ciudad y su carnaval, Las Palmas de Gran Canaria no se puede permitir una reina que no se sepa desenvolver en público”. Y segundo, con personajes públicos llegados del otro lado del mar con los que se retrataba aún más serio que la propia visita.

Son fotos con Norma Duval, pero también diseños para artistas como Úrsula Andress, Bo Dereck, Sara Montiel o Lola Flores y personalidades como Isabel Perón, de ahí que instituciones como el Cabildo, con motivo de su fallecimiento hace ahora apenas tres meses, lo calificara como “uno de los diseñadores más sobresalientes del archipiélago”.

Ese afán por hacer de la fiesta un producto que reflejara en el exterior la imagen de Canarias era una constante, pero siempre con un ojo puesto en los inicios, que consideraban de mayor encanto que los que estaban por venir y que recordaba con momentos llenos de romanticismo y nostalgia, conceptos diluidos a favor de unos espectáculos que según aseveraba también en este periódico en 2015 “no tienen nada que envidiar a una puesta en escena de Lady Gaga o Madonna”, y a los que apostaba por dotar de “más glamour y de una mayor promoción exterior”.

En este aspecto, hoy apuntalado por el Cabildo de Gran Canaria en virtud de su recogimiento precisamente en el ámbito turístico, Fernando Méndez asevera que “tenemos un turismo muy exportable, muy vendible, y de interés turístico internacional”.

“El mejor diseño, del que más orgulloso me siento, es el de mi propia vida”

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Esa misma elegancia que desprendía su presencia también era recordada por otro de los grandes nombres del Carnaval capitalino, Alberto Trujillo, que este pasado enero, con motivo de su inesperado fallecimiento, sentenciaba que “la ciudad pierde glamour” y que “nunca se le se supo aprovechar” porque, añade, “en el mundo del Carnaval hay muchas envidias y más de uno temía que Fernando le pudiera hacer sombra con su buen gusto”, para rematar aseverando que “nadie hacía las cosas tan apoteósicas como él”, calificándolo por último como un hombre “respetable y excelente al que merecía la pena ayudarle”.

Méndez era consciente, como no podía ser menos tras aquél primer encontronazo de 1987 de esa suspicacia que levantaba alrededor, pero asegurando que él no tenía enemigos, solo “admiradores confundidos”.

Y si bien nunca una institución, hasta ahora -y después de despedirse del planeta-, le había realizado un homenaje a la altura de su figura, en una entrevista a la periodista Lourdes S. Villacastín le preguntaba si creía que él estaba suficientemente reconocido. “Creo que sí”, le contestaba, para añadir que se consideraba profeta en su tierra, “reconocido por la gente y en el día a día”, pero que hacía suyo el título de James Bond El mundo no es suficiente: “Todos los reconocimiento son buenos, y cuántos más mejor”.

Como lo es este Roque Nublo que le llega tarde, pero no la felicidad, que sí que le llegó a tiempo: “Yo lo único que puedo decir es que soy un afortunado. El mejor diseño, del que más orgulloso me siento, es el de mi propia vida”.

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