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La Aldea de San Nicolás | Propuestas universitarias sostenibles de Urbanismo y Paisaje (II)

El paisaje árido se transforma en un vergel entre senderos

Los estudiantes de Arquitectura diseñan estrategias para fortalecer la riqueza natural del valle y la playa de la Aldea

El paisaje árido se transforma en un vergel entre senderos

Elizabet Wong-Andrés Herrera. El proyecto estructura un sistema de espacios libres conectados entre sí, basado en la vegetación existente, al mismo tiempo que se proponen nuevas zonas verdes ligadas a los equipamientos, de relación social (fusión de lo urbano y naturaleza). Se basa en un sistema de producción agrícola de programación estacional, para productos de calidad, el autoconsumo y la venta. La estructura urbana se basa en las supermanzanas, que ayuden a la interacción social. La ordenación se subordina al centro de I+D+i y la escuela agrícola. Y la creación de un centro hidrológico para purificar el agua, otro de control de calidad de la producción agrícola, de reutilización de residuos y de producción de eco-energía. La idea recuerda a las supermanzanas, pero en vez de patios como en Barcelona, confluyen las fincas agrícolas. 

Los estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria tratan de transformar el paisaje árido de La Aldea en un vergel de oportunidades, en el que los senderos se convierten en piezas fundamentales. En esta segunda parte del reportaje sobre los proyectos, los modelos urbanos del casco van dando paso a propuestas de mejora del entorno, teniendo en cuenta siempre un desarrollo sostenible y las crecidas del mar.

Proteger, restaurar, limpiar y potenciar la costa. Estos son los grandes retos de los 53 alumnos de quinto de Urbanismo y Paisaje, y del Máster, con sus 22 propuestas para afrontar las nueva «presión» a los que se enfrenta La Aldea en los próximos años con la mejora de las comunicaciones por carretera y la debilidad de su tradicional agricultura de exportación, así como la obligada protección de sus espacios naturales y su patrimonio histórico-cultural.

«Es una mirada reflexiva a los objetivos del desarrollo sostenible y a la catarsis global generada por la pandemia, en esta isla dentro de una Isla, que es este fastuoso valle de La Aldea», según el profeso Jin Taira, que ha dirigido estos trabajos, y que es vicerrector de Internacionalización, Movilidad y Proyección Internacional, y profesor titular de Universidad del Departamento de Arte, Ciudad y Territorio, adscrito al Área de Conocimiento Urbanística y Ordenación del Territorio.

Los trabajos se han expuesto con motivo de la 7ª Semana de la Arquitectura, organizada por el Colegio de Arquitectos de Gran Canaria, dentro de una serie de propuestas urbanas y arquitectónicas de los alumnos, bajo el título IS_LAB/LAL, en el que se aportan soluciones al cambio climático y a la sociedad postcoronavirus. Este acrónimo responde a la idea de Islas como Laboratorio de Antropoceno, que es una línea de investigación del grupo Urscapes, del Instituto Universitario de Turismo y Desarrollo Económico Sostenible, de la Universidad, que dirige la profesora Flora Pescador, y q que cuenta también con el profesor Vicente Mirallave.

Además, el grupo ha colaborado con centros internacionales, sobre todo con la Universidad de Tokio.

En ese caso, los alumnos participantes han afrontado el reto de desarrollar alternativas estratégicas contemporáneas a la problemática socioeconómica y medioambiental que plantea el valle de La Aldea. Para ello han planteado nuevos modelos de economía circular, vinculados a la amenaza del cambio climático.

El paisaje árido se transforma en un vergel entre senderos

Axel Maciuniak, Javier Junio-Jorge Rengel. El objetivo es recuperar, reutilizar y renovar el gran espacio vacío que ha dejado el tejido agrícola en la zona del casco, para convertirlo en una Aldea sostenible, ecológica y que permita el crecimiento económico, mediante al aprovechando de esa agricultura abandonadas y otras sinergias que puedan surgir. Esos son sus retos, con un paisaje de arquitectura amable con la naturaleza incorporada en las fachadas de los nuevos edificios. Se desarrollan dos propuestas de ordenación: 1. Reforzar el eje de la Avenida de San Nicolás, a través de una polarización de sus extremos (tejido residencial al norte y un distrito de innovación I+D+i al sur). 2. Que refuerza el eje en equilibrio con cuatro diagonales transversales, tres de ellas existentes. En todo este marco, una de las piezas centrales es el parque tecnológico. 

El paisaje árido se transforma en un vergel entre senderos

Beatriz Pérez-Carmen Negrín-Selena Medina. La idea es conectar espacios y mejorar la costa, mediante intervenciones en áreas de oportunidad, espacios de conflicto y en lugares en los que se detectan discontinuidades en el paisaje y urbano. El proyecto estudia patrones existentes, extrapolando la estructura vegetal (la ahulaga, por ejemplo), para concebir caminos que conectan puntos de interés. Se crean zonas de estancia y de transición con las escaleras de acceso. Estos caminos se colocan sobre la topografía en forma de plataformas de madera, incrustados mediante estacas en el terreno. Teniendo en cuenta la importancia que tiene la calidad del cielo nocturno, se propone una iluminación indirecta para pasear de noche sin alterar la visión del cielo estrellado. La vegetación será con especies del lugar, jugando con los portes de frondosidad y colores.

El paisaje árido se transforma en un vergel entre senderos

Víctor Castellano-Axel Maciuniak. «La Aldea es un museo al aire libre, y si no se le da la suficiente atención al patrimonio maltratado, lo terminaremos por perder». Sobre esta afirmación, el equipo quiere proteger el bien cultural. La playa de La Aldea está expuesta a fenómenos erosivos, por lo que sus infraestructuras son vulnerables, y también el paisaje y sus habitantes. El proyecto se ha centrado en investigar la crecida del barranco con las lluvias torrenciales para desarrollar la estrategia; 1. Establecer una red de tres tipos de flujos temáticos, temporales (conectando yacimientos), espaciales (conectar recorridos discontinuos), y formales (las trazas de origen fluvial). 2. levantar muros para proteger las viviendas y los yacimientos en peligro. 3. Crear un camino que conecte los yacimientos y elementos culturales, cuyos materiales se adaptan al entorno.

El paisaje árido se transforma en un vergel entre senderos

Borja Herrera-Laura Ramírez-Marta Curbelo. Entrando ya en este proyecto de mejora del paisaje en el entorno de la playa, los caminos reales se reavivan para actividades ligadas al ocio, cultura y deporte, para conocer el paisaje, flora y fauna de una manera cercana y respetuosa con los ecosistemas. Se mejoran las siguientes conexiones: 1. Aumento de la vegetación autóctona del Humedal de la Marciega, extendiéndose hacia zonas desertizadas, mientras se hace transitable con senderos bien delimitados. 2. La avenida que une el núcleo urbano con la playa se entiende como una prolongación pétrea, usando callaos de distinto tamaño. 3. El merendero permite la unión avenida-charco y avenida-humedal, y una pérgola transitable, sirve como pavimento y cubierta del merendero. La idea es crear caminos que conduzcan al merendero de la playa. 

El paisaje árido se transforma en un vergel entre senderos

Ariadna García-Desiré Guerra-Noelia Sanlés. El proyecto contempla la relación existente en ciertos puntos del humedal, el territorio y el vuelo de las aves. Se adaptan los camiones existentes, añadiendo elementos de madera como pasarelas, que son elevados ligeramente en las zonas en las que se registran inundaciones. Es un proyecto frágil que no interrumpe el crecimiento de la flora y la fauna. En los puntos de conexión se incorporan elementos metálicos para generar zonas de juego de sombra durante el recorrido, dejando penetrar el arbolado existente y sin causar daño a la avifauna del lugar, que forman parte del proyecto del paisaje. Se trata de una cohesión entre la naturaleza y la arquitectura. Es un proyecto blando que potencia el humedal, y que permite una mejor observación de la aves que confluyen en el entorno.

El paisaje árido se transforma en un vergel entre senderos

Jorge Rengel-Jimmy Espinoza-Alba Castaño. El modelo trata la desconexión de un tejido urbano de vivienda con la estructura medioambiental, como zonas ecológicamente sensibles y protegidas. Aborda el espacio desde la experiencia poética, a partir de una investigación cualitativa de teoría fundamentada en el proceso regenerativo del lugar, que propicie la construcción de este, a partir de la consideración de los criterios de emplazamiento que favorezcan la apropiación de las áreas naturales protegidas y su conexión con el entorno urbano inmediato. Se interviene el «no lugar», para unificar el paisaje y la agricultura con lugares de naturaleza exuberante y que sean habitables para el ser humano. Por tanto, que exista una simbiosos entre el entorno natural y el artificial, generando una nueva concepción entre arquitectura, urbanismo y paisaje.

El paisaje árido se transforma en un vergel entre senderos

Carlos Calapiña-Laura Trujillo. Los autores se basan en la idea de entender el paisaje, pero no imitarlo, teniendo en cuenta que la movilidad (de personas, objetos e información) tiene más relevancia. Las intervenciones existentes se reorientan hacia una nueva identidad del paisaje, donde existen para ello escenarios de oportunidad. Se crea un espacio que se integre de forma económica, ecológica, cultura y política para lograr potenciar estos parámetros que engloban la sostenibilidad. Analizar las ruinas, para conocer para qué fueron construidas y por qué abandonadas. Estas individualidades forman una unidad, que está formada por una trama de historia. Fusionando estos conceptos se puede revivir el ciclo del pasado para un entendimiento del presente, conectando los puntos más importantes y así completar el tapiz del lugar.

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