En un territorio aparentemente inhóspito como es la tierra quemada por el volcán en Lanzarote, la vida buscó hacerse un hueco y enraizó atravesando campos cubiertos de ceniza que atesoran el rocío de la noche y lo convierten en una apreciada fuente para la agricultura en una isla con perenne falta de agua.

Las erupciones volcánicas acontecidas entre 1730 y 1736, de las que surgieron, entre otros elementos del vulcanismo, las Montañas del Fuego o de Timanfaya, y en 1824 los cráteres de Tao y Tinguatón y el Volcán nuevo del Fuego o el Chinero, cambiaron más de una cuarta parte de la antigua morfología de Lanzarote (más de 174 kilómetros cuadrados) y obligaron a sus habitantes a inventar una nueva forma de ganarse el sustento en los campos de rofe, picón o lapilli, uno de los materiales volcánicos que desde hace más de un mes escupe con fiereza el nuevo volcán de La Palma cuando comenzó a rugir el pasado 19 de septiembre.

El Paisaje Protegido de La Geria, fuera de los límites del Parque Nacional de Timanfaya, es la muestra más representativa de la agricultura adaptada al entorno por el campesino y que alberga una forma de cultivo de vides única en el mundo de la que salen vinos de reconocido prestigio: en hoyos de picón con forma de cono y protegidas con muros de piedra de los vientos alisios.

La Geria es el mayor campo de piroclastos, tanto en extensión como en profundidad, que hay en Canarias

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La Geria, enmarcada entre las montañas de Guardilama, Gaida y Guardilama por el sur y los picos de El Chupadero y Diama por el norte es, sin lugar a dudas, el jardín más famoso de Lanzarote, esculpido por el hombre de forma manual y con la ayuda del camello en plena lucha y a la vez sintonía con el volcán.

La Geria, según el Geoparque Lanzarote y Archipiélago Chinijo es el mayor campo de piroclastos, tanto en extensión como en profundidad, que hay en Canarias y el nombre de ese valle se debe a una antigua aldea que fue arrasada por el volcán en ese mismo lugar.

El proceso que cambió la agricultura

Las cosechas de legumbres y cereales desaparecieron de las fértiles tierras de la Isla al ser sepultadas por los procesos volcánicos, pero el agricultor observó cómo las plantas que no se habían quedado enterradas del todo crecían con más fortaleza que las otras.

Su ingenio le llevó a experimentar una nueva forma de agricultura. Excavó hasta encontrar la tierra vegetal, situada hasta tres metros de profundidad, y puso semillas sobre las que extendió la arena volcánica cuyas características porosas permiten guardan la humedad y dar de beber al terreno por la gran capacidad de filtración que tiene, evitando así que el agua de lluvia y el rocío de la noche se evaporen, a la vez que actúa de termorregulador manteniendo la temperatura.

La porosidad de la arena volcánica permite guardar la humedad y dar de beber al terreno en la árida tierra conejera

Los cultivos los protegió del viento con muros de piedra semicirculares por la parte septentrional y dejó huecos en la estructura para dejar que las plantas se aireen. Así fue cómo empezó la revolución agrícola con esta nueva técnica de cultivo en la tierra calcinada de Lanzarote y cómo cambió la forma con la que el lanzaroteño se relacionaba con el medio.

Sin embargo, la vid no es la única plantación que convive con la lava en las áreas por las que pasó la actividad eruptiva. En pequeñas superficies de los límites sur y este del Parque Nacional hay frutales como higueras y morales fruto de la acción humana, vegetales que se asoman entre los malpaíses y las grietas de la superficie volcánica.

Batatas ricas en betacarotenos cultivadas en un enarenado de Teguise. LP/DLP

El exitoso sistema de cultivo en La Geria se extendió a otros lugares de la isla, donde el agricultor recreó de forma artificial en forma de enarenado parcelas desplegando una capa de picón sobre la tierra vegetal que no había sido devorada por el volcán y de la que obtiene legumbres, tubérculos y hortalizas, entre otros frutos.

De esa manera Lanzarote demostró que la lava no es una barrera para la vida.