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Entrevista. Pregonero

Víctor Montelongo: "Creo que el casco histórico de la ciudad necesita una revitalización"

"Las ciudades se comportan como seres vivos y hay muchas formas de percibirlas", apunta el presidente del Museo Canario

Víctor Montelongo, ayer, en el Museo Canario.

Víctor Montelongo, ayer, en el Museo Canario. JUAN CARLOS CASTRO

Este año será usted quien dé el pistoletazo de salida a las Fiestas Fundacionales como pregonero. ¿Cómo se siente?

Es una sensación un tanto particular. Cuando la concejala María Isabel García Bolta me lo pidió, sentí un poco de desconcierto, precisamente por la importancia del tema. Pero al final es un sentimiento de agradecimiento porque se acuerdan de uno para bien, así que me toca corresponder y en eso estamos. La preocupación era hacer una cosa que realmente sea amena y aporte algo, porque también es verdad que los pregoneros corremos el riesgo de caer una y otra vez en lo mismo o, incluso, si nos metemos en campos de erudición podemos machacar al público.

¿Ya tiene escrito el pregón?

Sí, ya lo tengo redactado.

¿Puede dar algunas pinceladas sobre su enfoque?

Sí, hombre, cómo no. He intentado hacer un pregón que no sobrepasara los 20 minutos de lectura reposada, porque lo voy a leer, precisamente, para evitar el irme por las ramas. Y ¿dónde he centrado el pregón? Pues hay una parte personal, porque uno ya tiene años y recuerdo la ciudad con más de medio siglo de perspectiva. Nací en el 50 en una capital muy distinta a la de hoy en día y para no caer en lugares muy repetidos, lo abordo como un ser vivo, porque realmente así es como se comporta una ciudad y hay muchas formas de percibirla. Nosotros somos primates, aunque eso no lo diré, y como tales lo que más se nos queda es la imagen, pero hay otras muchas percepciones a través del tacto, de los sonidos, del aroma. Voy a hablar de eso y así he titulado el pregón: Percepción de la ciudad. Y a partir de ahí voy haciendo un recorrido por las invariantes del municipio, que las hay y además condicionaron la propia fundación de la ciudad, como hay cosas que han cambiado. Yo le presto especial atención al propio sonido.

¿Cómo es ese cambio?

Antes era una ciudad más o menos silenciosa, aunque dependía de la zona. Los vehículos de motor eran contadísimos y la calle era el patio de juego de los niños y había pandillas desde los cuatro o cinco años hasta los 16, con una organización espontánea en la que los propios vecinos ejercía un control asistémico que funcionaba. Entonces había mucho menos ruido mecánico y se escuchaba más a la gente hablar. Después estaban los vendedores ambulantes, el chatarrero, las pescaderas, el afilador, en fin, una serie de sonidos que ahora, prácticamente, no los hay. También, en las tiendas y barberías, ponían las jaulas con los canarios y uno los oía cantar en la calle. Al final del pregón hago una alusión sobre esto, porque la propia fauna de la ciudad ha cambiado.

¿Hay nuevas especies?

Por ejemplo, una invariante es el arrullo de las palomas. Desde que tengo memoria esto ha existido en lugares como la plaza de Santa Ana, pero ahora hay nuevos habitantes como la tórtola turca y el canario del monte. Lo de la primera es un fenómeno migratorio muy interesante porque desde los años 50 se han ido desplazando desde el este de Europa hasta el oeste. Aquí en Las Palmas de Gran Canaria fue a partir de los 80, coincidiendo con la maduración de los higos de los laureles de la India, que los trajo aquí en 1862 un marino, Jerónimo Medina Cabrera, y ese árbol hasta la década de los 80 producía unos higuitos que caían verdes al suelo porque tiene uno de los mecanismos de polinización más complejos de la naturaleza. No sabemos cómo llegó aquí el polinizador y a partir de esa década empezaron a madurar los higos y son una fuente de alimento para la tórtola turca y los canarios del monte, que estos últimos cuando yo era pequeño no los oíamos en la ciudad y ahora los vemos hasta en medio de la calle Bravo Murillo.

Preside una institución histórica y, además, es biólogo. Desde su experiencia, ¿cuáles son las riquezas de la ciudad?

Yo destacaría dos aspectos, aunque se pueden más. El barrio fundacional de Vegueta es una auténtica joya, de la cual no se ha sacado todo su potencial. Hablamos de una zona que estaba cuando aún no se había descubierto América, estábamos al final de la Edad Media cuando nace la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, por eso al principio hay un trazado medieval y luego más renacentista, pero en cualquier caso es una verdadera joya, antecedente de lo que luego va a ocurrir en América, cargado de historia y que yo creo se puede sacar muchísimos provecho tanto por la población local como por las personas que vienen a visitarnos.

¿Y el otro aspecto?

Las Palmas tiene valores naturales de gran riqueza y uno de ellos es la conocida popularmente como Terraza de Las Palmas o FDP (Formación Detrítica de Las Palmas). Es toda esta masa de materiales de rocas y aglomerados que vemos desde las laderas del Paseo de Chil, Schamann, de los Riscos de San Nicolás, San Antonio, Barranco Seco... Ese tipo de material corresponde a sedimentos muy antiguos que siguieron al primer ciclo volcánico de la Isla. Entre esos depósitos de materiales hay un estrato que se llama Mioceno de Las Palmas, que es una formación con fósiles interesantísima. Tanto que mereció la atención de Charles Lyell, el padre de la Geología moderna, amigo personal de Charles Darwin, que estuvo en Las Palmas estudiándola.

Decía que se podría explotar aún más el potencial de Vegueta.

Yo creo que Vegueta necesita revitalizarse. Hay que buscar mecanismos para que los vecinos del barrio no vayan abandonándolo, e incluso viviendas ocupando viviendas que no están ocupadas. También se puede aumentar el número de pequeños comercios que den actividad al barrio. En definitiva, como se han revitalizado multitud de cascos históricos, sin ir más lejos, en la Península, como puede ser el de Oviedo o el barrio gótico de Barcelona que visitan decenas de miles de personas. Eso crea economía y contribuye a que ser conserven esas zonas.

En cuanto al Museo Canario, ¿cuál es su situación actual?

Es una situación, económicamente hablando, difícil, pero con unas expectativas halagüeñas. Estamos muy ajustados y es verdad que nos ha cogido esta crisis en un momento clave para el museo, porque es el momento de la ampliación. Hay que pensar que hasta hace unos pocos de años esta institución se ha adaptado a unos edificios que eran viviendas, empezando por el núcleo de la casa del fundador, el Doctor Chil y Naranjo. Con remodelaciones en esa casas se ha metido el museo, es decir, no ha sido un espacio museístico creado para tal función, mientras que la ampliación sí se ha hecho con esa voluntad. Ahí tenemos esa obra más que a medias, pero que no hemos podido finalizar y eso será fundamental para un cambio cualitativo en el museo.

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