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Rincones Playeros Alcaravaneras

Nadando bajo la lluvia

Los bañistas se atreven a darse un chapuzón con el cielo nublado y chubascos en las Alcaravaneras y manifiestan su descontento con la seguridad y la falta de limpieza del agua

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Rincones playeros Las Alcaravaneras

Mientras la capital despertaba, brumosa y borrascosa, y las gotas de lluvia resbalaban sobre los coloridos paraguas de aquellos que se vieron obligados a no pisar la calle sin el objeto impermeable, la playa de las Alcaravaneras presenciaba, en su propia serenidad, cómo la iban inaugurando algunos valientes habituales. Las mismas chispas de agua caían en el mar, al mismo tiempo que Laura Peniché, fiel nadadora en la zona, se preparaba para su chapuzón diario.

"¡Maravillosa, me encanta!", exclamó semi sorprendida Laura, todavía empapada desde la orilla, tras salir del agua. La mujer confesó que actualmente vive muy cerca de la playa de Las Canteras, pero le gusta visitar las Alcaravaneras porque "se nada mucho mejor y más a gusto". Además, resaltó que en esta parte del litoral capitalino el agua es más cálida y en épocas invernales sus delicados huesos lo agradecen. Otra ventaja que observó fue el horario de pleamar y bajamar. Según contó, prefiere nadar sin que la marea esté muy alta o sin una avalancha de olas que le dificulten el ejercicio acuático y, en Las Canteras eso la limitaría a un horario determinado. En cambio, según explicó, "aquí, en las Alcaravaneras, el horario lo pongo yo" dado que la marea no sufre modificaciones notorias. El paraje le ha brindado a Laura, en los 10 años que lleva acudiendo a la costa portuaria, la posibilidad de nadar todos los días del año, a cualquier hora. Es tanto el entusiasmo de esta nadadora que reconoció que, en las ocasiones en las que la playa se ha cerrado al baño, ella misma no se ha podido resistir a continuar con su actividad diaria. Y es que a la nadadora no le importa que le llueva sobre mojado pues comentó que, hasta los días de lluvia y frío, reúne las fuerzas suficientes para realizar su hora y media de brazos y espalda en el mar. Peniché declaró que, cuando la zona se mantenía clausurada, estaba menos tiempo y se daba una ducha y, defendiendo su idea, destacó que ella observa, casi siempre, el agua limpia: "Si te pones a mirar, todo alrededor está contaminado y, para que yo no venga a nadar, tiene que estar el mar muy sucio, casi negro. Yo veo que el agua la mantienen limpia, sino yo no hubiera estado viva".

A pesar de que Laura no vio, de primeras, defecto alguno en la playa, la leal 'defensora de las Alcaravaneras' pudo encontrar algunas quejas que llevan retumbando por la arena que pisaba durante un tiempo y que coinciden con la visión que tienen otros muchos usuarios que frecuentan el sector. El primero de ellos, quizá el más escuchado, es el derrame de residuos de los barcos del muelle que son arrastrados hacia la orilla. Según los bañistas, hubo una pérdida de petróleo hace un año y medio que tardaron en eliminar. Destacaron, además, la falta de vigilancia y la molestia que suponen, a veces, los cursillos deportivos de verano. No obstante, Laura no vio nada de esto como un problema y admitió que "con voluntad todo se puede".

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