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Puerto Las naves del misterio (XIX)

La ruindad que no tuvo castigo

En el verano de 1986 apareció por el Puerto de La Luz un barco que poco antes había abandonado cerca de Canadá a 152 refugiados tamiles que huían de la persecución política

El 'Aurigae', a la derecha, abarloado a otros buques en uno de los muelles del Puerto de La Luz en el verano de 1986. ARCHIVO LA PROVINCIA

El 11 de agosto de 1986, el pesquero canadiense Atlantic Reaper navegaba en aguas al sur de Terranova cuando una señal saltó en el radar. Era el aviso de que había dos embarcaciones que necesitaban ayuda cerca de su ubicación, así que se acercaron hasta las coordenadas que indicaba el sistema. Al llegar se encontraron con más de 150 personas que viajaban atestadas a la deriva en dos botes salvavidas. La mayoría eran hombres, aunque también había algunas mujeres y niños; todos de la etnia tamil, y necesitaban un rescate. Cuando subieron a bordo, la tripulación del pesquero descubrió la verdad: no acababan de toparse con los supervivientes de un naufragio, sino con las víctimas de un traficante de personas que había decidido dejarlos a su suerte en una peligrosa zona del Atlántico. La noticia atravesó rápidamente el planeta, mientras las autoridades marítimas de medio mundo trataban de localizar al Aurigae, el barco que les había abandonado en la inmensidad del océano. Unos días después, para sorpresa de muchos, la nave apareció en el Puerto de La Luz.

"El barco acusado de transportar 'carga humana', en el puerto", titulaba LA PROVINCIA el 26 de agosto en páginas interiores, en las que reconstruía el viaje de los 150 rescatados por el Atlantic Reaper. "Habían iniciado su particular éxodo desde la zona norte de Sri Lanka varios años antes, a partir de la matanza de tamiles de 1983", detallaba el matutino. Tras salir de la India en vuelos de Aeroflot con destino a Berlín este, consiguieron un visado para llegar al oeste de la ciudad dividida, aunque las condiciones en la Alemania occidental distaban bastante de la libertad: no podían trabajar ni abandonar la zona donde se encontraban y la certificación de su estatus como refugiados políticos resultaba complicada allí.

"Dos empresarios tamiles de Hamburgo se encargaron de preparar un 'crucero chárter' al nuevo mundo" por el que cobraban una cantidad imprecisa, pero que se encontraba entre los 5.000 y los 6.000 marcos alemanes (entre 2.500 y 3.000 euros). Embarcaron a finales de julio y durante 14 días viajaron en las bodegas del barco, "hasta que el 10 de agosto el capitán Wolfgang Bindel les obligó a ocupar dos botes salvavidas y entre la bruma fueron desembarcados", de acuerdo con la reconstrucción de LA PROVINCIA. El capitán -también armador- del Aurigae negó en un principio la relación de su buque con los refugiados, aunque en el barco había objetos que desmontaban esa versión. "Hay algunas ropas de niños, zapatos y una revista con imágenes de varios dioses de las religiones orientales", por lo que podían ser considerados "indicios de que el barco fue realmente utilizado para transportar a los 152 refugiados", continuaba el matutino de Prensa Canaria. El capitán, en declaraciones a medios alemanes y canadienses publicadas por LA PROVINCIA, no tuvo reparos en afirmar que había hecho "todo por salvar la vida de aquellas personas" y que incluso les había ayudado. "Como capitán del buque, desde mi punto de vista, puedo decir que tenían brújula y la seguridad era del cien por cien".

El Aurigae fue retenido en el Puerto de La Luz a raíz de una solicitud formulada por el Consulado de Honduras, país bajo cuya bandera navegaba el buque. La Guardia Civil y la Armada española -una de cuyas patrulleras quedó abarloada al barco para evitar que escapara- se encargaron de la vigilancia mientras el capitán protestaba airadamente. "Se queja del trato recibido, que él considera que es peor que el que se da a un delincuente", recogía LA PROVINCIA el 29 de agosto. Honduras quería su detención "por atentar contra los derechos humanos, tratar como los tamiles como perros o como esclavos del siglo pasado y abandonarlos a la deriva", según señaló su embajador en España en declaraciones publicadas el 30 de agosto, pero el capitán Bindel se fue de nuevo 'por la calle de en medio': cambió rápidamente la bandera del barco por la alemana -aunque días después el Consulado de la RFA en Las Palmas de Gran Canaria aún había confirmado la autorización para el cambio de pabellón del buque- y se marchó a Bonn en un vuelo de Lufthansa.

Bindel sabía que las leyes germanas estaban de su parte y no de las 152 personas a las que había abandonado en condiciones precarias en una complicada zona del océano, ya que la salida de los refugiados "fue voluntaria, al igual que aceptaron ser dejados en dos botes salvavidas", según afirmaron fuentes diplomáticas alemanas en Madrid citadas por LA PROVINCIA. "En Alemania no se ha cometido ningún delito, aunque otra cosa es la valoración moral del hecho", continuaban las mismas fuentes. Un mes después de su llegada a Gran Canaria se levantó la retención que pesaba sobre el Aurigae, aunque el buque aún debía abonar dos millones de pesetas a la Junta del Puerto, y el 10 de octubre abandonó finalmente las aguas de La Luz sin que nadie pudiera impedirlo. Las 152 personas que llegaron a Canadá obtuvieron el estatus de refugiados políticos y pudieron quedarse en el país, donde han continuado adelante con sus vidas. Según recogió hace dos años la prensa canadiense, algunos de ellos continuaban visitando a Gus Dalton, el capitán del pesquero que les salvó, hasta su fallecimiento a comienzos de 2018.

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