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Los ecologistas intentan mantener viva la última charca de San Lorenzo

Turcón vierte en el estanque tres cubas de agua para salvar el hábitat de muchas aves

Los ecologistas intentan mantener viva la última charca de San Lorenzo

Los ecologistas intentan mantener viva la última charca de San Lorenzo

Los grupos ecologistas Turcón y Atamarayzat inyectaron ayer unos cincuenta metros cúbicos de agua en la última charca de San Lorenzo que quedaba con agua y que está practicamente seca ante la falta de actuación del Ayuntamiento de la capital grancanaria y el Cabildo de Gran Canaria, pese a que constituye un importante hábitat para muchísimas aves, algunas de ellas en peligro de extinción. En las charcas se ha contabilizado la presencia de más de 45 especies de aves, muchas de ellas en peligro de extinción.

Los ecologistas señalan que se trata de un acto simbólico, cuyo objetivo es denunciar la pasividad del Ayuntamiento y del Cabildo, que han mirado para otro lado, pese a que vienen advirtiendo desde hace más de dos años de la pérdida de la última charca que quedaba viva en San Lorenzo. Desde el Ayuntamiento, que hace dos años anunció la puesta en marcha de un proyecto piloto en la zona para llenar los estanques, anuncian ahora que el próximo año se comprarán tres charcas y que se está negociando con el propietario, mientras este lo niega.

Ante la evidencia de que ninguna administración iba a mover un dedo por evitar que la charca se secara -apenas quedaba una lámina de agua- Turcón organizó una colecta en las redes para comprar el líquido y ayer depositaron en el estanque unos 50 metros cúbicos de agua con los 300 euros recaudados, un acto simbólico con el que se intenta que la administración tome cartas en el asunto y por lo menos mantenga el agua necesaria para la supervivencia de las aves, mientras se crea el parque agroambiental previsto en la zona.

Las aves que vivían en el lugar se han ido a otras zonas, como El Román, y otras permanecen allí, en medio del secarral, o en las cercanías, como una veintena de patos y sus crías, que ahora duermen en la parada de la guagua más cercana.

La charca forma parte de un conjunto de 47 estanques de barro, que fueron construidos en el siglo XVII junto a toda una red de canales, acequias y acueductos, para regar las tierras agrícolas del valle de Tamaraceite. En la actualidad quedan unos 38 estanques, todos secos, muy dañados y con las canalizaciones en muy mal estado. El último que quedaba con vida se había convertido en un barrizal. Desde ayer tiene unos 50 metros cúbicos de agua, una cantidad que como reconoció el miembro de Turcón, Honorio Galindo, "es como ponerle un pañuelo húmedo en la boca a un sediento. Es muy poca cantidad para la evaporación que se produce, porque se necesitan 1.500 metros cúbicos para llenarla. Lo que intentamos es provocar a la administración para que actúe y se haga responsable del lugar, sea el Ayuntamiento o el Cabildo". Llenar el estanque cuesta 9.000 euros. Las charcas se han ido secando progresivamente durante los últimos años, pero el dueño de tres de ellas, que además es propietario de la presa de Tamaraceite, Felipe Guerra, ha mantenido con agua a la que está a 800 metros de distancia del centro comercial Alisios, hasta este verano que se negó a seguir aportando agua.

Y es que este espacio, que forma parte del Paisaje Protegido de Pino Santo, además de su gran valor etnográfico atesora una gran importancia ecológica porque ha constituido un ecosistema donde vivían y anidaban un montón de aves, muchas de ellas migratorias. Hasta hace poco en el estanque se podían ver garzas reales, garcetas, apupús, mirlos, cernícalos, aguilillas, chorlitejos, pollas de agua o alcaravanes. Y todavía quedan aves picoteando en el barro.

Paco González, miembro de Atamarayzat -el colectivo que impidió en los años 90 con la movilización vecinal la construcción en la zona de un campo de golf y una urbanización de chalets- lamenta la "falta de voluntad" tanto del Ayuntamiento como del Cabildo para transformar la zona en un parque agroambiental. El parque fue una propuesta de los vecinos y el gobierno municipal de José Manuel Soria lo incluyó en el Plan General de Ordenación (PGO), tras darle carpetazo a la urbanización prevista por la fuerte oposición del pueblo de San Lorenzo.

Desde entonces, critica González, "ningún grupo de gobierno ha sido capaz de ejecutar el parque agroambiental. La zona se ha ido destruyendo de manera progresiva, porque hay gente que se mete en los estanques con las motos y los destruyen. También es un lugar de mucho vertido de basuras. Pese al abandono progresivo que han sufrido, las aves siguen viniendo". Muchas de estas aves, destaca, están catalogadas por Seo Bird Life en peligro de extinción. Entre ellas está el chorlitejo chico, que es una de las especies más amenazadas del planeta y nidifica en las charcas.

González no entiende que el Ayuntamiento se esté gastando dos millones y medio en hacer un parque al lado del centro comercial Alisios, cuando "con menos de un millón de euros se puede crear un parque agroambiental en las charcas de San Lorenzo. Aquí lo único que hay que hacer es restaurar las charcas y reforestar, no hay que hacer nada más. Habría que rehabilitar el conjunto de tuberías y de cantoneras para que las charcas se puedan llenar con las lluvias o con el agua que se pueda comprar. Estamos hablando de 38 charcas en total, entre Tamaraceite y San Lorenzo".

Por su parte, Felipe Guerra aseguró hace quince días que nadie del Ayuntamiento se había puesto en contacto con él para negociar la compra de las charcas. "Yo estoy interesado en recuperar las tres charcas que tengo y que se haga algo bonito en la zona. A mí me dicen que la recupere y yo lo hago sobre la marcha, pero hasta la fecha no se ha firmado nada, ni siquiera un convenio. Aquí no ha habido ni recado ni mandado", señaló Guerra, quien aclaró que la charca se ha mantenido con agua durante los últimos años porque él se ha encargado de ello.

Por su parte, el concejal de Urbanismo, Javier Doreste, afirma que su departamento tiene previsto adquirir las tres charcas de Felipe Guerra en 2021. "Las negociaciones", dice, "son largas siempre y yo he hablado personalmente con Guerra para iniciar las conversaciones y comprárserlas". "Primero vamos a adquirirlas y luego decidiremos qué hacemos, porque está la propuesta de un parque agroambiental, de una estación ornitológica y Medio Ambiente tiene otro proyecto", indica el edil, que insiste en que la intervención corresponde al Cabildo de Gran Canaria, por hallarse en un espacio protegido.

Por su parte, la consejera insular de Medio Ambiente, Inés Jiménez, le ha manifestado a Paco González que la actuación es competencia del Ayuntamiento. "Esta estrategia política de pasarse la pelota ya la conocemos. Cuando los políticos recurren a ella es porque se quieren lavar las manos en el asunto. Dejar secar la única charca que quedaba es un atentado ecológico de primer orden y es para denunciarlo en la Unión Europea", advierte González.

A su juicio, "esa falta de sensibilidad por parte de representantes públicos que, además son de Podemos, un partido que supuestamente representa a la nueva política, a mí me parece una vergüenza, porque al final son más de lo mismo. ¿Qué razones hay para dejar morir un espacio natural protegido? Se ha secado la última charca y ni siquiera han sido capaces de llegar a un acuerdo con Guerra para llenarla. Lo único que está claro es que no hay voluntad política".

Honorio Galindo destaca que con la intervención de ayer se pretende "obligar a las administraciones a que se hagan responsables de un espacio del valor natural que tiene este, con una gran capacidad para albergar vida. Con esta acción pretendemos motivar a la administración para que se responsabilice y se haga cargo de las charcas".

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