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Medioambiente

Recuperar el campo abandonado y el patrimonio etnográfico de la capital, una tarea aún pendiente

Proyectos como rescatar las charcas de San Lorenzo o los barrancos del Guiniguada o Tamaraceite se han quedado en el cajón

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Charcas de San Lorenzo

Hubo un tiempo en el que Las Palmas de Gran Canaria era una ciudad eminentemente agrícola. No solo barrios enteros hoy día urbanizados eran en ese entonces fincas de plátanos o tomates; las plantaciones y las explotaciones ganaderas se extendían por los lomos y barrancos que a día de hoy circundan la capital. Aquel tiempo ha dejado una profunda huella en muchos puntos del término municipal en forma de estanques, bancales, muros o alpendres. Espacios que ahora lucen sumamente degradados y desforestados tras la acción del ser humano durante años. Su recuperación es una tarea pendiente.

El Ayuntamiento capitalino ha anunciado la creación de una bolsa de suelo con el objetivo de recuperar terrenos degradados en las zonas de transición entre el campo y la ciudad. Una vez comprados por parte del Consistorio, la idea es poder reforestarlos -con especies autóctonas como la palmera-, reutilizarlos con fines medioambientalistas, crear huertos urbanos o pequeñas fincas con ofertas públicas de empleo; además de dotar con servicios ahora inexistente a barrios en expansión, en caso de que las parcelas puedan ser urbanizables, aunque la intención es poner el foco sobre parajes con un alto valor natural o etnográfico.

El concejal de Urbanismo, Javier Doreste, pretende mediante este concurso público adquirir las charcas de San Lorenzo, un espacio natural que los grupos ecologistas llevan años demandando recuperarlo tras décadas de abandono por parte de sus propietarios. Zonas del Guiniguada o del barranco de Tamaraceite también están en el punto de mira, pues en algunos casos ya existieron en el pasado proyectos de recuperación que nunca salieron adelante.

Ya en 2005 la plataforma ciudadana Salvar las Charcas de San Lorenzo diseñó un proyecto de parque agroambiental para recuperar este rincón incluido en el Paisaje Protegido de Pino Santo. Por aquel entonces acababa de ser descartada por parte del Ayuntamiento capitalino la posibilidad de que toda la vega se convirtiera en un campo de golf y una urbanización con más de 500 chalés de lujo.

Desde entonces han sido numerosas las reclamaciones por parte de los ecologistas, pero estas nunca se han materializado. El último episodio tuvo lugar el pasado julio. El colectivo medioambientalista Turcón denunció que el único estanque con agua estaba prácticamente seco, un hecho que ponía en peligro el hábitat de más de 40 especies de aves, algunas en peligro de extinción. Ante esta situación, decidieron verter en la charca unos 50 metros cúbicos de líquido elemento. A los pocos días, el concejal de Urbanismo llamó al dueño de los terrenos para que este lo llenara.

El humedal está formado por un conjunto de 47 estanques y maretas cuyos orígenes se remontan al siglo XVII, aunque las estructuras visibles hoy día son posteriores. Estas charcas permitían regar la vega agrícola de San Lorenzo y Tamaraceite. El catálogo de Patrimonio Etnográfico del Ayuntamiento incluye este espacio. La ficha destaca la presencia de un acueducto con arcos de sillares que sirve para salvar el cauce del barranco; este transportaba agua desde un pozo cercano.

Las charcas, también denominadas "masapeses", conforman según el catálogo Medioambiental municipal "un área de elevado valor faunístico". La polla de agua (Gallinula chloropus); el chorlitejo chico (Charadrius dubius) -ambas aves son especies amenazadas-, y el martinete común (Nycticorax nycticorax), nidifican allí. También son habituales del barranco la garza real (Ardea cinerea) y la imperial (Ardea purpurea). Entre las migratorias destacan la agachadiza común (Gallinago gallinago), la lavandera boyera (Motacilla flava) o el aguilucho lagunero (Circus aeruginosus).

Otro espacio natural degradado en las inmediaciones de la capital es el barranco Guiniguada. El cauce cuenta con numerosas fincas que en la actualidad están completa o parcialmente abandonadas. La intención del Ayuntamiento es que los propietarios de varias de estas parcelas se presenten a la bolsa de suelo y poder así acometer distintos proyectos.

El arquitecto José Miguel Alonso Fernández-Aceytuno diseñó en la década de 1990 un proyecto que permitiría convertir el Guiniguada en "el futuro gran parque metropolitano de Las Palmas de Gran Canaria" mediante la rehabilitación del paisaje y cuyo objetivo era "recrear el paraíso posible". Aquello nunca pasó del papel a la realidad. El Ayuntamiento desarrollaría después en las antiguas fincas de El Pambaso un centro medioambiental, el cual ahora quieren ampliar, señala Doreste.

En las inmediaciones de este huerto urbano hay una serie de antiguos bancales de plataneras y estanques completamente abandonados, especialmente entre el cauce y la calle Farnesio, en San Roque, pero también por encima del colegio Guiniguada, ya en San Nicolás. Precisamente los vecinos de este último risco solicitaron en el proceso participativo Barrios Pendientes "blindar" estas parcelas para evitar la especulación urbanística.

En el Guiniguada predominan de manera natural tanto las dos especies de autóctonas de verol (Aeonium manriqueorum y Aeonium percarneum), como la palmera canaria y la tabaiba. En cuanto a elementos etnográficos abandonados, el catálogo municipal destaca en el barranco los estanques de San Roque así como la ladera de La Matula, donde se conserva un conjunto de molinos -uno de ellos datado en el siglo XVII- además de acequias, un pozo y varias galerías.

Fernández-Aceytuno también diseñó un proyecto medioambiental en el barranco de Tamaraceite que partiría de su desembocadura en El Rincón con el viejo cuartel del Manuel Lois como eje, el parque de la Música. Diferentes trabas judiciales con los propietarios de varias fincas del cauce, la mayoría abandonadas o en clara regresión, impidieron el desarrollo de la propuesta.

Este cauce guarda una auténtica joya histórica desconocida para muchos capitalinos. Se trata de la noria de la Hoya del Paso. Una estructura de piedra y barro, con planta circular y cinco contrafuertes, según el catálogo de Patrimonio Etnográfico. Esta contó con un mecanismo que posibilitaba elevar el agua desde un pozo con 15 metros de profundidad hasta una acequia cercana. "Constituye el único vestigio de este tipo de instalaciones en la Isla", según refleja el informe municipal.

En cuanto a valores naturales se refiere, este espacio destaca por su "notable relevancia" geomorfológica y paisajística. Cuyas paredes escarpadas dejan "en resalte" algunos de los procesos volcánicos que han construído la Isla, al mismo tiempo que propicia la nidificación de aves como el cernícalo o el búho chico. La tabaiba dulce y el cardón son las especies vegetales más relevantes.

A lo largo y ancho del municipio existen multitud de otros espacios con interés, los cuales se encuentran a día de hoy sumamente degradados, susceptibles de ser recuperados de múltiples maneras. Por ejemplo, el catálogo de Patrimonio Etnográfico pone en valor la finca de Las Perreras, en uno de los márgenes del barranco de Tamaraceite. Este cuenta con una gran superficie agrícola abandonada, con bancales, acequias y "uno de los mejores" conjuntos de maretas de la ciudad.

Otro caso sería Cangas, una vieja finca datada a finales del siglo XIX en un lomo entre Cuevas Blancas y Tenoya. Esta incluye, además de un estanque, una vivienda en ruinas propia del campo canario. "Su estado de abandono no reduce su potencial patrimonial como representación singular de las fincas agrícolas de la periferia", apunta el catálogo. Un ejemplo ilustrativo de lo que el Ayuntamiento busca recuperar con la bolsa de suelo.

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