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Crisis del coronavirus | Las consecuencias en la movilidad

“Hay varios compañeros conductores que están de baja por depresión”

Sonia Melián es una trabajadora de Guaguas Municipales que se enfrenta a diario a las dificultades para hacer cumplir el aforo del 75%

La línea 17 recogiendo pasajeros en la estación de guaguas de San Telmo. | | LP/DLP

La línea 17 recogiendo pasajeros en la estación de guaguas de San Telmo. | | LP/DLP

Sonia Melián Cabrera trabaja en Guaguas Municipales desde hace más de una década y desde hace tres años conduce la línea 17. A raíz de las nuevas restricciones al aforo y al pago en metálico únicamente en este servicio público, Melián ha notado un aumento del desasosiego y la frustración a la hora de desempeñar su trabajo. “A veces sufrimos agresiones verbales y psicológicas, yo tengo varios compañeros de baja por depresión”, lamenta.

Esta teldense de 48 años de edad, recién cumplidos, conduce la línea 17, una de las más concurridas de la capital. Como miembro del Comité de Empresa y de la Comisión de Seguridad y Salud, conoce de cerca las vicisitudes por las que han tenido que pasar los empleados municipales del transporte público durante los meses del confinamiento y los posteriores.

La Autoridad en la guagua

“Ahora tenemos problemas para controlar los aforos, a veces tenemos que dejar a gente fuera. Yo entiendo que haya quien se enfade, pero nosotros no tenemos la culpa”, explica Melián.

El guagüero se ha convertido en esta ‘nueva normalidad’ en la autoridad sanitaria del espacio en el que trabaja y es quien regula cuántos entran y cuántos quedan fuera. Además, claro, del propio pasajero, que siempre puede decidir si subir o no.

“Tenemos muchos problemas para controlar los aforos en la guagua”, explica Melián

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Para el usuario que llega tarde a trabajar o para el que sencillamente no le hace gracia esperar una hora hasta el próximo trayecto, el personal como Sonia es el responsable de su retraso y a veces pagan con ellos su enfado. Y es que en su oficio no entra únicamente transportar ciudadanos del punto A al punto B, sino que ahora, además, deben ir contando pasajeros y observando quien baja en cada parada para establecer, en su mente, el tope del 75%. A partir del próximo lunes, del 50%.

A esto hay que sumar que, desde hace años y en algunas rutas deben enfrentarse a las piedras y huevos que vándalos y “chiquillajes” les tiran cada vez más a menudo. Un plus de peligrosidad que pesa sobre sus espaldas y especialmente sobre los cristales de las guaguas. “Es que es todo, al final, son muchas cosas. Antes tiraban piedras sólo en Halloween y Carnaval, pero es que ahora es todo el año”.

A la frustración general por la dureza de la pandemia y del trabajo durante y después del confinamiento, tiene que sumarle el tener que dejar pasajeros fuera tanto por aforo, como por no poder cobrar en metálico.

“A mí me parece fatal que los usuarios no puedan pagar con dinero. Es verdad que siempre te recomiendan pagar con la tarjeta, pero en ningún sitio, salvo en las guaguas, es una obligación”. Como explica la teldense, la imposición del bono como única forma de pago es otra de las medidas tomadas por la Comunidad Autónoma que agrava la situación de los conductores, impelidos a dejar gente fuera o a pagarles el pasaje de su bolsillo.

“Habría que reforzar el servicio, pero no se hace porque falta personal”, añade

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“Nos genera otro enfrentamiento con el público, y la culpa no es nuestra. La empresa nos dice que es una medida de la Autoridad Única de Transporte”, aclara. Desde Guaguas abogan también por el pago en efectivo y por la aceleración de otros dispositivos electrónicos. “En Navidad fue horrible, sobre todo en los barrios, donde el servicio se redujo a uno cada hora. Además, son guaguas pequeñas, porque en esas calles no entran las grandes”, lo que genera que en algunas zonas, como el Cono Sur, la reducción del servicio y del aforo sea más notoria .

Ante las promesas del concejal de Movilidad, José Eduardo Ramírez, de un aumento en la frecuencia de las líneas troncales se muestra optimista, aunque, como ella dice, “una cosa es el papel y otra cosa es lo que pase luego en la calle”.

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