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Moby Dick cruza la Onda Atlántica

Pedro Vázquez Suárez, uno de los carpinteros de ribera que participó en la construcción de la ballena para la película de John Huston, promueve una escultura junto a la pasarela

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La ballena de Moby Dick en la Onda Atlántica Andrés Cruz

Antes de la pasarela estuvo la ballena. En el mismo lugar donde ahora se levanta la Onda Atlántica nació a mediados de la década de 1950 un gigantesco cetáceo con el esqueleto de madera y la piel de caucho, una joya de la carpintería de ribera que tomó forma en el Puerto de La Luz para el rodaje de la película Moby Dick. Más de seis décadas después, Pedro Vázquez Suárez, que trabajó en la creación de aquel ingenio tan hollywoodiense como grancanario, se ha propuesto localizar a más personas que participaran en su construcción para animar al Ayuntamiento a levantar en la zona una escultura con la reproducción de aquella ballena.

La peculiaridad del encargo demostró la calidad de la industria naval del Puerto

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“Moby Dick estaba justo ahí, es como si aún la viera”, comenta Suárez mientras señala hacia la esquina de las calles López Socas y Poeta Agustín Millares, justo al final de Eduardo Benot. En este lugar que ahora simboliza el reencuentro entre el Puerto y la ciudad se encontraban décadas atrás los astilleros Hull Blyth -aunque popularmente eran conocidos como los Julblai-, que recibieron la petición para dar forma a la ballena. Fue “un trabajo muy duro, porque por entonces no había tanta maquinaria”, en palabras de este antiguo carpintero de ribera, que tuvo que hacer “muchas horas extra” para dar forma al esqueleto.

La peculiaridad del encargo demostró la calidad de la industria de reparaciones navales del Puerto, ya que según recuerda Vázquez “trajeron catorce carpinteros, pero cuando llegaron aquí y vieron a nuestros profesionales los mandaron de vuelta”. La gran ballena blanca fue el fruto del trabajo de 60 obreros de las Islas durante dos meses: “Éramos todos canarios menos el ingeniero, escocés”. Entre ellos también estaba su propio tío, otro carpintero de ribera llamado Pedro Suárez.

Albañiles, carpinteros y soldadores

La ballena movilizó todos los recursos del astillero, que era propiedad de la Compañía Carbonera de Las Palmas. “Albañiles, carpinteros, fontaneros, electricistas, soldadores, torneros... Había de todo”, detalla Vázquez, que a sus 88 años recuerda con viveza aquellos días y guarda como oro en paño una carpeta llena de fotos antiguas y recortes de prensa sobre la construcción.

Todo empezó con uno de los aljibes que habitualmente se usaban en el Puerto para llevar la aguada a los buques. El tanque, que debía dotar al artefacto de flotabilidad, hizo las veces de núcleo sobre el que se iban colocando las cuadernas, aunque en el sentido inverso al que suelen tener durante la construcción de un barco. Una vez estuvo completado el esqueleto, aún hubo que revestir a la ballena de caucho para dotarla de piel. Solo entonces pudo tener lugar la botadura de Moby Dick y su bautizo con el tradicional lanzamiento de una botella. Vázquez asegura que “tuvieron que tirarla dos veces porque la primera vez no se rompió”.

Los trabajadores del astillero, junto a la gran ballena blanca. | | LP/DLP

Los trabajadores del astillero, junto a la gran ballena blanca. | | LP/DLP

Aquello fue un acontecimiento en el Puerto, que vivía con expectación el encargo más cinematográfico de su historia. Una muchedumbre se agolpó en las proximidades de la antigua pescadería, junto a la actual calle Tenerife, para contemplar el trampantojo el día que tocó el agua por primera vez . “Había gente por todos lados viéndola salir”, rememora Suárez, que desvela el truco usado para que se balanceara en el mar: “Fue con unos chorros de agua fortísimos de unos remolcadores”.

El istmo ha cambiado mucho desde entonces. Los astilleros dejaron paso a un edificio de oficinas y la antigua ribera acabó convertida en la Avenida Marítima, pero la recuperación de la zona con la pasarela supone la oportunidad perfecta para reunir en un solo lugar la historia del Puerto y la de la ciudad con un icono digno de Hollywood. Vázquez, que piensa llamar a todas las puertas que sean necesarias y ha iniciado una campaña de recogida de firmas, lo tiene claro: “Así, cuando vengan los turistas, podrán saber que la ballena se hizo aquí”.

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