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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Comercios históricos de la capital

El Libro Técnico cumple 60 años de crear mundos literarios para la evasión

La librería, en el paseo Tomás Morales, se ha convertido en un referente para la compra de libros de texto desde sus inicios

Ignacio Sánchez y su hija Carolina Sánchez, en la sede de El Libro Técnico-La Casa del Lector del paseo Tomás Morales José Carlos Guerra

El Libro Técnico cumplió recientemente 60 años. Seis décadas de trasladar a su clientela a otros universos literarios, o de acercarla al conocimiento a través de los manuales que fue pionera en introducir en la Isla.

La literatura abre innumerables puertas a la imaginación para huir de la realidad cotidiana. Pasando las páginas de un libro, una persona es capaz de trasladarse a otras épocas, a otros lugares, a otros planetas e incluso a existencias paralelas. El Libro Técnico-La Casa del Lector lleva seis décadas sirviendo de nexo entre los lectores empedernidos o estudiantes y los universos literarios que los autores ponen a su disposición. En 1962, abrió sus puertas una librería que se convertiría en referente para la isla, ya que fue pionera a la hora de dedicarse en exclusiva a libros de texto o técnicos -de ahí su nombre original-, pero dos décadas después comenzó a traer también novelas y otro tipo de contenidos para el público general. Desde entonces, se dedica a crear mundos para la evasión.

Ignacio Sánchez Romero lo vio claro. En su etapa de estudiante en la Escuela de Ingenieros Técnicos Industriales, cuando todavía no existía Universidad propia en Gran Canaria, se percató que existía un nicho de mercado en la venta de libros técnicos para quienes estudiaban en la ciudad y, gracias a su vena empresarial, se dio de alta como librero y arrancó una actividad, pequeña en un primer momento, de venta de este tipo de obras en el patio de su centro educativo al resto de sus compañeros.

Al terminar sus estudios, empezó a trabajar en el Aeropuerto de Gran Canaria, en Gando, pero apenas un año después decidió continuar con esa actividad que le sirvió para ganarse un dinerillo mientras estudiaba. En la calle Pérez del Toro, en frente de donde en la actualidad está Magisterio, abrió su primera librería siendo muy joven. Tanto que la propietaria del local que alquiló, al no fiarse de que pudiera tener éxito, le pidió una fianza de un año para firmarle el contrato y tuvo que pedirle prestado el dinero a su abuelo. "Empecé modestamente porque apenas tenía capital, yo mismo construí mis estanterías, todo era muy personal", recuerda con la distancia del tiempo.

Además, en esos primeros momentos contó con la ayuda del que fuera juez municipal del momento, Miguel Díaz Reixa, quien también se dedicaba a la representación de editoriales. El magistrado le dejó en depósito muchos libros con los que pudo llenar sus estanterías, de tal manera que les pagaba por ellos una vez los vendía. Una práctica que, tal y como recuerda su hija Carolina Sánchez -que está al frente de la librería en la actualidad junto a su hermana Cristina-, se sigue haciendo hoy día.

El amor por los libros le vino casi de cuna a Sánchez Romero. Nació en 1942, en medio de la Segunda Guerra Mundial y con los ecos recientes de la contienda civil española, por lo que la lectura se convirtió en un modo de evadirse de esos duros años de posguerra. "Soy un lector empedernido, leía y leo muchísimo y me acuerdo que mi madre me apagaba la lámpara por las noches y yo seguía leyendo con la luz de la luna", asegura el fundador de El Libro Técnico. Siendo pequeño, solía alquilar a un puestero de San Telmo novelitas románticas de la autora Corín Tellado a petición de una empleada que trabajaba en su casa y, cuando ella las terminaba, él las devoraba antes de devolverlas.

La primera librería se abrió en Pérez del Toro, frente a Magisterio, y en 1972 se mudó a su ubicación actual

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Aunque El Libro Técnico inicialmente vendía únicamente manuales para los colegios técnicos universitarios de la isla, pronto decidieron ampliar sus horizontes y llegar más allá. Diez años después de abrir en Pérez del Toro, se mudaron a su emplazamiento actual, en el paseo Tomás Morales, justo en frente de los institutos, momento en el que decidieron comenzar a vender también libros de texto para el alumnado que acudía a diario a estos centros. Poco después, y ante el auge de la lectura obligatoria de obras en la etapa estudiantil, comenzaron a vender las primeras novelas que pedía el profesorado. Ahí nació La Casa del Lector, que en 1988 aumentó su superficie de venta para diferenciar la librería que vendía los libros de texto de la que vendía el resto de ejemplares.

En la actualidad, y pese a que después de la pandemia decidieron ampliar el servicio de papelería en el local primigenio y poner a la venta todos los libros en el mismo espacio, disponen de 800 metros cuadrados de establecimiento, con más de 80.000 ejemplares a disposición de la clientela. Una parroquia que se mantiene fiel con los años y pese a la llegada de las grandes superficies comerciales o las franquicias de grandes librerías a nivel nacional.

Por ello, Carolina Sánchez no duda en afirmar que la caída de venta de libros no ha venido motivada ni por la competencia, ni por la llegada del eBook (libro electrónico), sino por la concatenación de crisis económicas que lleva padeciendo la humanidad desde el año 2008, que ha provocado que mucha gente decline comprar según qué productos que no consideran de vital importancia, y el libro ha sido uno de ellos. Pese a esto, en España sigue habiendo una gran cantidad de editoriales que suelen llevar muchísimas novedades cada mes, por lo que hay un arduo trabajo de rotación en las librerías para mantenerse siempre actualizadas con las novedades. "Intentamos siempre adaptarnos a lo que pide el usuario y abarcar todo, desde libros de autoayuda o nutricionales, a literatura infantil y juvenil", explica la actual gerente del local.

El éxito en todo este tiempo lo fundamentan en el trato cercano al cliente y en que su plantilla es prescriptora

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Al ser preguntado sobre si volvería a abrir su emporio del libro si tuviera que volver atrás, Ignacio reconoce que cuando alguien es joven, "intenta salir adelante por el camino que más pronto se abra, por lo que nunca se sabe lo que puede pasar si uno regresa al pasado". Lo que parece que seguiría intacto es su gran amor por la literatura, que le hizo seguir yendo a su librería a realizar tareas hasta que cumplió los 76 años. "Y no seguí porque me fueron invitando poco a poco a que dejara de hacer cosas", bromea con la mirada cómplice de su hija, que con su hermana constituyen la segunda generación. Y ya se verá, entre los nietos, si surge una tercera para el futuro.

El éxito de El Libro Técnico se debe en parte también a la cercanía en el trato con el cliente. "No son libreros, son prescriptores, dan opiniones y conocen al dedillo este mundo porque tienen esa pasión por los libros, como pueden ser Delia, Tere o Armando", detalla Carolina Sánchez. Eso les ha llevado a crear esos mundos en papel para la evasión durante seis décadas.

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