Obra Social de Acogida y Desarrollo, más de tres décadas de labor a la comunidad

La entidad cumple 35 años acompañando a las personas sin hogar y a los jóvenes afectados por el fracaso escolar

La Obra Social de Acogida y Desarrollo cumple 35 años de trabajo a la comunidad. Fue fundada por Jesús García Barriga cuando recaló en Gran Canaria para trabajar con los niños enfermos de la Ciudad de San Juan de Dios con el objetivo de ayudar a los niños afectados por la polio, con parálisis cerebral y otras patologías. García descubrió las necesidades de la población canaria y rápidamente decidió ponerse manos a la obra para ayudar a las personas que vivían en la calle y a los jóvenes sin recursos. Desde entonces ha seguido en su empeño a través de la Osad, que con los años ha ganado fuerza e impulso en su labor. Para celebrarlo organizan una cena benéfica en el Club Natación Metropole este viernes.

García atestiguó cómo las personas sin hogar malvivían en el antiguo Scaletrix de Vegueta, bajo las consecuencias de las drogas, la climatología y la escasez de comida. A su vez, comprobó el poco futuro que encontraban al salir al mercado laboral los jóvenes con problemas mentales o con situaciones familiares complejas. 

«Aquellos muchachos con patologías secundarias tenían la mente muy bien, y podían aprender un oficio, pero tenían muchas faltas en clase, y su nivel cultural era muy bajito, además, un 75% de procedían de familias desestructuradas, con lo cual el diagnóstico era peor», explica García. Con el objetivo de prepararlos para el futuro y evitar que terminaran en la calle o dedicados a trapichear nació el centro de Los Hoyos, donde aprenden tapicería, carpintería y otros oficios. 

La entidad reconoce que la pandemia ha empeorado la situación económica de los ciudadanos

La Osad vive un momento complejo en el que cada vez más la sociedad reclama ayuda. García explica que han navegado por tres crisis hasta atracar en la difícil situación en la que se encuentra la sociedad grancanaria. «La primera fue la económica de 2008, que empobreció a la clase media, ahora la segunda atacó al trabajo porque nos encerró y no pudimos consumir y producir lo mismo que cuando podíamos movernos. Aunque fue muy poco tiempo hizo muchísimo daño, y también los problemas psicológicos», enumera. El presidente de la obra recalca que muchas personas sufrieron depresión y fobias a raíz de la pandemia. «Y eso ha hecho que en todas las ramas, el otro día hablaba de la construcción, pero en todas las ramas de las empresas, incluida también la nuestra, que empezaron a pedir bajas de larga duración a muchísimas personas», asegura.

La última crisis, explica, ha sido la inflación provocada por la crisis de Ucrania. «La carencia de los bienes de consumo están haciendo mucho daño tanto económico como alimentario, y, por lo tanto, de salud a muchísimas personas», detalla. García comenta que actualmente tener un sueldo no es sinónimo de no tener problemas porque las personas no llegan a fin de mes. 

No solo son tiempos difíciles para la población, el aumento de los precios afecta también a la obra social y merma su capacidad. Desde el año pasado reclamaban mayor subvención para hacer frente al aumento de personas que requirieren asistencia. Un año después García se siente agradecido con el Gobierno de Canarias y el Cabildo de Gran Canaria que aumentaron la partida. Sin embargo, lamenta que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria no haya incrementado la prestación para la entidad desde 2007. 

Una rutina saludable

En el local de acogida de Vegueta duermen 148 personas, y disponen de un médico para tratar aquellas afecciones leves que pueden y comenzar a introducir en la persona en una rutina saludable. Para ello todos participan en la limpieza, la preparación de las bandejas para la comida, y otros aspectos que les hacen sentirse útiles. Además, para su formación tienen un espacio de ordenadores en el que pueden conectarse a internet y comenzar a dar pasos en la educación tecnológica. «Antes, analfabeto era quien no sabía leer ni escribir, pero ahora es quien no conoce la tecnología», aseguran desde la obra. 

Por otro lado, se encuentra el taller de artesanía, donde se encuentran las joyas de la corona. En el lugar, los integrantes del centro se encargan de hacer manualidades que venden en las tiendas de la Obra Social. Son piezas únicas y que se realizan con mucha imaginación. Una bandeja de pollo se puede convertir en un decorado para un tarro, los botes de los yogures se convierten en piezas de decoración, trazos de telas en una alfombra y una garrafa de agua en una lámpara. La artesanía consigue entretener a las personas e integrarlos en una rutina para que comiencen a recuperar sus vidas. Además de lo más importante, es decir, aprender a relacionarse socialmente con otros compañeros. «Las emociones y los lazos son fundamentales», destacan desde la obra. Por ello, el taller es uno de los primeros lugares a los que acceden las personas sin hogar una vez entran en el centro.