Comercios históricos de Las Palmas de Gran Canaria
Este es el restaurante de Las Palmas de Gran Canaria que mantiene su tradicional receta de carne de cabra desde hace 47 años
El Restaurante San Lorenzo prepara comida casera desde hace más de cuatro décadas
Los primeros clientes eran vecinos, ahora acuden de todas las Islas

Juan Castro
El Restaurante San Lorenzo ha superado robos, mudanzas, cambios generacionales y cuatro crisis económicas. Hace 47 años Paco Batista y Soraya Lorenzo abrieron un pequeño bar en la planta baja de la Sociedad Recreativa de la Amistad de San Lorenzo, una entidad centenaria que organizaba bailes y verbenas. Ella acababa de terminar sus estudios de administración y él regresaba del Servicio Militar cuando tomaron la decisión de abrir el local que se ha convertido en un referente y un punto de encuentro en el pueblo.
Paco empezó a trabajar desde adolescente para ayudar en la tasca de su padre, ubicada en el mismo local social. Sin embargo, al regresar de la mili se encontró sin trabajo después de que su padre cerrara el negocio, por lo que se puso manos a la obra para emprender. La cocina era pequeña y solo contaban con servicio de barra, así que servían tapas entre las que resaltaba su plato estrella: la carne de cabra. La receta la heredó de su padre y desde entonces mantienen este plato que sigue siendo un éxito entre su clientela. Al no haber más espacio, Lorenzo recuerda que los clientes llegaban con su coche y comían encima de los capós si hacía falta.

Antiguo local en el que se ubicaba el restaurante San Lorenzo. / Juan Castro
Tres años más tarde compraron la tienda contigua y consiguieron ampliar el local. Durante esa primera etapa los padres de Batista ayudaban en el negocio; su madre cocinaba y el padre mataba y despiezaba a las cabras. Pero tras su jubilación, el matrimonio se quedó solo para atender las mesas, aunque poco a poco la plantilla se fue llenando con hermanos, cuñados o primos. «Casi toda la familia ha pasado por aquí para trabajar», asegura Lorenzo. También trabajó la hija de los fundadores Isaura Batista, que actualmente regenta una floristería en el pueblo que también pertenece a la familia, aunque no se ha desligado completamente del restaurante, ya que sigue gestionando el papeleo.
Una mudanza complicada
Cuando llevaban nada más y nada menos que tres décadas trabajando siempre en el mismo local, el casero les cambió una cláusula del contrato que les obligaba a abandonar el inmueble. Fue una sorpresa para ellos y tuvieron que ponerse sobre la marcha a buscar una nueva ubicación. A unos metros más allá tenían bajo su propiedad un local al que decidieron trasladarse y donde se encuentran actualmente en la Carretera General de San Lorenzo, 153. «Tuvimos muchos problemas para montar esto aquí porque había vecinos que no querían el negocio abajo», recuerda Lorenzo. Tuvieron que recoger firmas y esperar cinco años hasta que obtuvieron la licencia.
La mudanza también cambió el estilo del negocio porque para respetar el descanso de los vecinos asumieron un horario rígido de 7:00 a 00:00 horas. En el anterior emplazamiento solían cerrar a las cuatro o incluso a las cinco de la mañana, era habitual que algunos clientes llevaran instrumentos y estuvieran bailando y tocando durante horas. «Todo sin ningún problema nunca con los vecinos, incluso cuando cerrábamos un mes de vacaciones ellos nos decían que menos mal que estábamos de vuelta porque éramos la alegría del pueblo», rememora Lorenzo.
El negocio cuenta con nuevos platos desde hace unos años como delicias de pollo o arroces
Los primeros clientes fueron los vecinos, pero ahora vienen de todos los rincones de Gran Canaria e incluso de otras Islas. «Es una profesión muy bonita, tenemos unos clientes muy buenos», destaca Lorenzo. Pero no ha sido todo coser y cantar, la familia reconoce que han sido años muy sacrificados y duros emocionalmente, en los que han vivido para el trabajo descuidando el resto de su vida.
Cambio generacional
Las jornadas maratonianas, los problemas recurrentes y el estrés son habituales en el sector de la hostelería. Por lo que cuando Carlos Batista les dijo a sus padres que quería continuar con el negocio, Lorenzo se opuso para evitar que su hijo siguiera ese camino. Pero él estaba convencido en continuar con el legado de sus padres. Desde hace 15 años es el propietario y asegura que está «muy orgulloso» de lo que han conseguido. «Es el trabajo de toda la vida de ellos y para mí es un gran sentimiento y es parte de mí, es una lucha dura porque los cambios de generaciones son complicados, pero aquí estamos», expone Batista.
El restaurante se ha actualizado y han añadido más platos, el cambio es tal que el actual dueño asegura que «el negocio de la esquina no tiene nada que ver al que está ahora aquí». Han incluido arroces, delicias de pollo, empanadas con mermelada casera, entre otros. Son nuevas incorporaciones, pero cocinadas a su estilo, es decir, todo casero, ya que es una de sus máximas. «La aceptación ha sido buenísima y se ha captado a mucha clientela nueva», afirma.
Los cambios son evidentes, pero la línea de trabajo es la misma. Para Carlos Batista lo esencial es el «respeto, la confianza, la seriedad, y sobre todo dar un buen servicio». En ocasiones la clave del éxito es lo más simple; esfuerzo y dedicación.
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