Suscríbete

La Provincia - Diario de Las Palmas

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Estreno

Del tractor a la alfombra roja: los actores de 'Alcarràs'

El laborioso cásting que buscó a los miembros de la familia Solé entre los vecinos de los pueblos de las Terres de Ponent es ya una pequeña leyenda dentro de la historia del cine catalán

Los ’miembros’ de la familia Solé. Ares Valdés Domínguez

Cuando a mediados de marzo ‘Alcarràs’ se presentó en el Festival de Cine de MálagaJordi Pujol Dolcet, que en la película interpreta a Quimet, el esforzado agricultor que asiste impotente a la desaparición del único mundo que ha conocido, invitó a "un compañero" de su pueblo, Soses (Segrià), a la proyección. Al día siguiente, Pujol esperaba una llamada o un mensaje del amigo para saber qué le había parecido. No recibió nada. Escamado, acabó llamando él. “¿Qué pasa? ¿No te ha gustado?”, le preguntó. “No sé qué decir –respondió el otro-. No es que no me haya gustado, es que no parece una película. Ha sido como ver un día normal de mi vida”.

Esa última frase condensa el pequeño milagro de ‘Alcarràs’, una película que a través de la ficción se acerca a la realidad como tal vez ningún documental podría haber hecho. La verdad que transmite la película de Carla Simón es el producto de un trabajadísimo artificio; un truco de magia que, por ejemplo, ha convertido a una docena de personas de otros tantos pueblos y sin ningún vínculo previo entre ellas en una auténtica familia. Todos son ya miembros de la familia Solé. En la pantalla y también fuera de ella.

“¡'Pare'!”, exclama el joven Albert Bosch, de Puigverd de Lleida, cuando se encuentra con Jordi Pujol Dolcet. Hace dos años no se conocían. Bosch también llama “mama” a Anna Otín, una maestra de Almacelles que en la película interpreta a Dolors, su madre. “Aún me pregunta si va bien arreglado”. Josep Abad, un agricultor jubilado de L’Horta de Lleida que empezó a trabajar en el campo antes de los 10 años, es para todos “Rogelio” o “el 'padrí'”. Y Antònia Castells, 87 años, de Alcarràs, es “la tia Pepita”. “Ahora tengo dos familias”, observa la adolescente Xènia Roset (Mariona), de Torregrossa. Con la única excepción de Berta Pipó, hermana de Simón, ninguno de los protagonistas del filme es actor profesional. Montse Oró (Nati) es una ganadera de Llardecans. Carles Cabós (Cisco) trabaja como payés y camionero en Fraga.

¿Una película de Lleida?

El laborioso trabajo de cásting que acabó reuniendo a los miembros de la familia Solé está llamado a ser una pequeña leyenda dentro de la historia del cine catalán. Duró casi dos años, más de 9.000 personas desfilaron ante las cámaras del equipo de selección de actores y Carla Simón revisó personalmente dos terabytes de grabaciones (en baja resolución; es decir, una barbaridad). Además de convocatorias abiertas en un montón de pueblos de las comarcas de Ponent, se hizo un proceso de ‘street casting’ consistente en acudir a cooperativas, fincas, reuniones de agricultores y fiestas mayores en busca de rostros que encajaran. En muchos casos, la primera respuesta era negativa. “Nos decían: ‘¿A quién le va a interesar una película de Lleida?’”, relata entre risas la responsable de cásting Carla Bisart.

Fue así como el equipo de ‘Alcarràs’ dio con Jordi Pujol Dolcet, a quien la película ha convertido en el Sergi López de Cal Batarri. Nadie blasfema en una pantalla tan bien como él. “Estaba en una manifestación para pedir mejoras en los precios de la fruta –explica-. Los dos años antes de la pandemia fueron muy malos para el sector. En medio de todo aquello, vino una chica a decirnos que nos quería grabar para hacer una película. Y, claro, la mandamos a paseo. Yo no quería hacerlo porque siempre que salían cosas de la agricultura en la tele o en el cine me parecía que estaban mal. Pero…”. Dos años y medio después, Pujol de Cal Batarri estaba en el Teatro de la Plaza Potsdam de Berlín acompañando a Carla Simón en la presentación mundial de ‘Alcarràs’.

En la capital alemana estaba también Albert Bosch, que había sido reclutado por el equipo de cásting en una fiesta mayor después de un día de recoger fruta, pero no el ‘padrí’ Josep Abad. “A mí me llamaron los de la asociación de vecinos. ‘Ven, que van a hacer una película’. Yo no quería ir, pero mi mujer y mi hija me empujaron. Yo decía: ‘¿Qué voy a hacer allí, si no sé nada de esto? ¿No veis que no me van a coger?’. Y me cogieron”.

Aprendiendo sobre la marcha

La filmación empezó el 1 de junio de 2021. Antes de eso, la directora había reunido a los actores en unas intensas sesiones preparatorias para que fueran entendiendo la dinámica de un rodaje y, al mismo tiempo, empezaran a establecer lazos familiares entre ellos. La presencia de las cámaras, los focos y los micrófonos les imponía mucho respeto al principio, pero con los días aprendieron a olvidarse de ella. Bastante peor llevaban la necesidad de repetir tomas. “Siempre creía que era porque lo estaba haciendo todo mal y me iba pensando que no era lo mío”, apunta Abad.

La familia Solé, en una escena de Alcarràs.

El verdadero ‘shock’ llegó cuando se enfrentaron por primera vez a la película ya acabada. Ajenos a los entresijos del trabajo de montaje, los actores no acababan de entender que lo que habían rodado de forma cronológica no apareciera tal cual en la pantalla. “A mí se me hacía todo muy raro. Me preguntaba: ‘¿Pero qué han hecho aquí?’–admite Albert Bosch-. La segunda vez, en Berlín, empecé a entender cosas y en Málaga ya la vi como una película”. El proceso de Abad fue algo parecido: “La primera vez pensé que la habían cagado. No salían escenas que habíamos hecho y todo estaba desordenado y yo no entendía por qué. Luego ya la pude ver de otra manera y me emocioné mucho”.

Hoy no pueden estar más orgullosos de ‘Alcarràs’. “Ha sido una experiencia bestial”, dice Bosch, a quien no le importaría aparcar una temporada el trabajo en el campo y el módulo de mecánica que está estudiando para dedicarse a la interpretación (y eso que confiesa no ver apenas la tele: “solo miro ‘La que se avecina’ y ‘Los Serrano’, nada más). Jordi Pujol insiste en que “hasta el último milímetro de lo que sale en la película son cosas que ha vivido la gente de por aquí” y espera que ‘Alcarràs’ sirva, al menos, “para que haya alguien que al comprar un melocotón piense menos en el precio y más en el trabajo y el sufrimiento que hay detrás”. “Hoy estamos aquí todos muy contentos –añade-, pero la situación es para llorar”.

Compartir el artículo

stats