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A Cristiano le protegen árbitro y Comité

Afortunadamente, la justicia española no está en manos del Comité de Competición de la Federación Española de Fútbol. Si tal sucediera quedarían impunes todos aquellos delitos no denunciados. En el fútbol, el Comité no actúa de oficio. No le valen las evidencias de las imágenes televisivas. Mientras el árbitro no anota en su acta la comisión de un delito, el Comité lo pasa por alto. No se da por enterado. Ha ocurrido con la expulsión de Cristiano Ronaldo en Córdoba. Lo que ha visto toda España y parte del extranjero no ha sido suficiente argumento para quienes han de impartir justicia en el fútbol.

Si el árbitro no refleja con claridad lo sucedido en un acto, es decir, por ejemplo, que un jugador, tratando de desembarazarse del abrazo de un contrario que no le deja progresar trata de deshacerse del mismo con un golpe de espaldas le pueden caer cuatro partidos de sanción. El colegiado denuncia como agresión lo que no es tal, sino una acción aunque violenta, cuya intención es obtener la libertad que el propio árbitro no le concede al no señalar la falta y acabar con ello la persecución.

A Cristiano por dos bofetadas que ha visto el mundo entero y una patada sin balón, dos claras agresiones, solamente ha sido sancionado con dos jornadas de descanso, que, seguramente, le sentarán bien para librarse de la frustración que padeció por no contribuir a la victoria de su equipo.

De entrada, es lamentable que el árbitro canario, Hernández Hernández, que ya es internacional, él sabrá el porqué, sea tan miedica que no se atreva a poner en su acta la verdad de lo sucedido. Es peor aún que el Comité aplique el reglamento con tan distintos raseros las acciones perseguibles. Era de oficio la de Cristiano, independientemente de lo que el complaciente colegiado, complaciente con el gran poder, escribiera en el acta. El estudio del Comité habría servido para remediar la cagueta arbitral y, de consuno, impartir justicia. Ante los responsables de la justicia futbolística vale decir que no todos somos iguales ante la ley. Algunos son más iguales que otros.

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