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Papel vegetal

La tragedia egipcia

Qué fácil es olvidar cuando conviene políticamente! Un ejemplo lo tenemos estos días en Egipto, una populosa nación gobernada por un militar golpista que se disfrazó un día de civil para ganar unas elecciones amañadas y de la que sólo ahora volvemos a acordarnos.

Y lo hacemos porque de pronto la prensa nos cuenta, en páginas casi siempre interiores, que cerca de una veintena de manifestantes han perdido allí la vida en las protestas convocadas para marcar el cuarto aniversario de su revolución popular, que terminaría aplastada a sangre y fuego por los militares a las órdenes del mariscal Abdelfatah Al- Sisi.

Hoy todo sucede tan deprisa y nuestra memoria es tan corta que muchos habrán incluso olvidado lo sucedido en 2013, dos años después de aquel levantamiento popular, saludado en su día por Occidente, y de que la Hermandad Musulmana llegara limpiamente al poder mediante las urnas. Con el pretexto de que el primer presidente electo de su historia, Mohamed Morsi, estaba concentrando demasiados poderes en su persona, el felón Al-Sisi, un equivalente del Pinochet que complotó contra el chileno Salvador Allende, se alzó en armas contra aquel gobierno democrático, encarceló a su líder y le sometió a juicio tras llevar a cabo una auténtica masacre con centenares de muertos y millares de heridos. Pues bien, tras una condena de boquilla de la represión desatada entonces por el golpista y la amenaza de suspender la entrega de material bélico a Egipto, Washington terminó descongelando 575 millones de dólares de ayuda militar que había paralizado meses a raíz del golpe.

Y en una demostración más de que los derechos humanos y la democracia son tan elásticos como el chicle y sólo cuentan para Estados Unidos cuando tienen que ver con un régimen que no le es afecto como el de Venezuela, el secretario de Estado de ese país, John Kerry, se dejó fotografiar en El Cairo el pasado junio junto a Al-Sisi como corresponde a dos aliados. Para completar el panorama de lo que vale la habitual retórica sobre derechos humanos en el mundo, tenemos lo sucedido también estos días en Arabia Saudí, otro firme aliado de Estados Unidos, exportador de la versión más fanática y radical del islam: el wahabismo, estrechamente ligado a su feudal y riquísima monarquía.

A la muerte del rey Abdalá, jefe de Estado de un país que Amnistía Internacional incluye entre los peores violadores de los derechos humanos por su represión de la mínima disidencia, sus encarcelamientos arbitrarios, sus castigos corporales, su aplicación de la pena de muerte y la peor discriminación de la mujer, numerosos jefes de Estado occidentales, entre ellos el nuestro, se apresuraron a acudir a Riad a darles sus más sentidos pésames a los allegados.

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