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El callejón del gato

Reconocimiento, reconciliación y renovación

En la época de estudiante de los que tenemos cierta edad se denominaba "las tres Marías" a aquellas asignaturas obligatorias que sin estar entre las principales sí eran imprescindibles para aprobar el curso. Pues de igual manera estas tres Marías de la política van a ser fundamentales para que los votantes evalúen y les den el aprobado a los diferentes partidos que se van a presentar en las distintas convocatorias electorales que tenemos a lo largo de este año.

La primera de ellas, reconocimiento: todos, absolutamente todos, tendrán que reconocer lo que han hecho mal y en qué se han equivocado con la necesaria humildad para que el ciudadano, al menos, entre a valorar la posibilidad de llegado el momento depositar su confianza en ese partido. Golfos, pillos o simplemente aquellos desprovistos de la imprescindible vocación de servicio, que les han impedido cumplir con sus compromisos, deben ser apartados.

Una vez hecho el acto de contrición, la reconciliación se hace imperiosa para que los votantes recuperen la fe en la clase política tan denostada en los últimos tiempos, fundamentalmente por la falta de trasparencia que ha existido impidiendo que se sepa qué hacen con los dineros públicos después de los excesos que se han cometido y el derroche con cargo a las arcas públicas tales como aeropuertos sin aviones, autopistas sin coches, auditorios vacíos, así como cientos de proyectos innecesarios realizados para mayor gloria personal y de paso sacar unas "pesetillas extras para imprevistos".

En cuanto a la reconciliación pasa por un diálogo que sea en ambas direcciones si verdaderamente se quiere que sea creíble cualquier propuesta que se formule.

Y por último, la renovación imprescindible de candidatos en las listas de todos los partidos dando paso a una nueva generación que esta llamando a las puertas de aquellos que se aferran al sillón convirtiendo la política en una profesión vitalicia para aquellos que sin oficio ni beneficio ven en la política una oportunidad para trepar, o lo que es peor, medrar a base de un clientelismo que siempre estará dispuesto a conseguir sus objetivos a base de la consabida mordida.

De todos es conocido el viejo adagio que reza: "si te engaña un político, la primera vez es su culpa, la segunda, no lo dudes, será culpa tuya". No se puede mejorar la política actual simplemente cambiando los cuadros de la pared de la galería de retratos de presidentes y diputados, hace falta algo más. De todas formas siempre nos quedará el recurso de decir: discúlpeme, no le había reconocido: he cambiado mucho.

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