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Tropezones

Reflexiones viajeras V

Brujas: la ciudad belga de Brujas ha tenido una trayectoria reciente muy especial.

Hasta avanzado el siglo XVI presumía de ser un gran centro de tráfico marítimo, al estar unida al mar por el cauce navegable del Zwin. Pero un catastrófico percance geológico, con un enfangamiento irreversible de dicho canal, inutilizó el cordón umbilical que la unía al mar del norte convirtiéndola en un cadáver, comercialmente hablando. Tanto es así que el libro icónico de la ciudad flamenca, que se ha convertido en todo un símbolo, lleva por título precisamente "Brujas la muerta". Pero la ciudad, otrora próspera, contaba con buen número de recursos, que ha sabido utilizar siglos más tarde de cara a la nueva industria moderna de nuestros tiempos: el turismo. Citemos entre los principales una extensa red de canales que se ramificaban desde el Zwin, para distribuir las mercancías a todos sus rincones, y que vinieron de perilla a la hora de transformarlos en cauces navegables para disfrute de los tours de visitantes de otros países, en la mejor tradición de Venecia o de Ámsterdam.

La industria del chocolate, boyante en toda Bélgica tuvo su manifestación máxima en las regiones emprendedoras de Flandes; la misma ha tenido su reflejo en el famoso museo del chocolate, un edificio de tres plantas en el casco antiguo de Brujas.

Pero lo acertado del nuevo enfoque otorgado a una ciudad que de por sí era bellísima y boyante hasta el momento del desastre, consistió en haber apostado sin contemplaciones por la explotación turística, con el mimo y el cuidado de sus antiguos edificios y museos y un mantenimiento ejemplar que han hecho de la ciudad un verdadero parque temático, tan consecuente con su cuidado y mantenimiento como pueda serlo por ejemplo Disneylandia.

Sirva de botón de muestra que Brujas fue de las pioneras en proveer a las calesas tiradas por caballos que trasladan a sus turistas de unas cestas recoge-excrementos, verdaderos pañales para las bestias, con lo que se evita ensuciar el impoluto pavimento adoquinado.

Bruselas: en mi opinión asistimos en la capital belga al fenómeno opuesto. Pese a contar con unos activos turísticos de peso, como la impresionante Grand Place o las faraónicas instalaciones de la Unión Europea, los valones de Bruselas llevan a sus turistas a contemplar el "Manneken Pis", un insignificante churumbel de bronce de no más de 60 cm que se pasa el día meando en el cuenco de la fuentecilla. O el emblemático "Atomium", que en la feria universal de 1958 tal vez diera cierto juego, pero que hoy a pesar de haber sido remozado apenas sorprende al sofisticado viajero de vuelta de todo. Y para aquí también aportar un botón de muestra de la tendencia general, ¿saben Uds., que el consistorio, además de promover gigantescos murales con personajes de las aventuras de Tintin, cambió incluso hace unos años el nombre de alguna de sus calles con nombres históricos para rebautizarlas con los del capitán Haddock o el profesor Tornasol, ascendiendo al dibujante local Hergé poco menos que al Olimpo de los héroes nacionales?

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