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Opinión

Claroscuros y oportunismo

Quisiera que estas líneas sirvieran de homenaje a aquellos hombres y mujeres que hicieron posible que lo sucedido en los últimos días en La Oliva se haya llevado a efecto. Me refiero claro está a la inhabilitación de Domingo González Arroyo, no a todo el espectáculo que le ha acompañado. Hombres y mujeres como Agustín Martínez (Tinín), Carmelo Calero (Melo), Olivia Estévez, Antonio Calero, Casto Martínez, y los integrantes de Agonane. A todos aquellos que desinteresadamente pusieron sus energías en derribar un árbol del que ahora, otros, están haciendo leña.

Dicen los desmemoriados -quiero pensar que por ignorancia, no por malevolencia-, que es la primera vez que se hace oposición en La Oliva. Invito al lector a que saque sus propias conclusiones: la denuncia sobre la cantera de Lomo del Pájaro la interpuso el colectivo Agonane ante la Agencia de Protección del Medio Urbano y Natural (Apmun) el 28 de febrero de 2001. La Fiscalía incoa diligencias previas el 24 de octubre de 2003. Desde entonces, los mandatos de González Arroyo han sido coincidentes con dos gobiernos estatales de distinto signo, uno del entonces partido del ahora inhabilitado, y otro del pacto de los domingos lluviosos y rosas marchitas, en palabras de José Luis López. Durante todo ese tiempo, más de una década, la instrucción judicial estuvo paralizada hasta que por alguna razón -intuyo que radicalmente contraria a las tesis de Montesquieu- y dos semanas después de las elecciones municipales, se dictó la esperadísima sentencia por el Juzgado de lo Penal de Puerto del Rosario. Esta vez, Arroyo ya no era miembro del PP ni había pactado con el PSOE.

Mientras, Arroyo se aferraba al cargo, aduciendo que las causas de inelegibilidad para los condenados por sentencia, aunque no sea firme, por delitos contra la Administración Pública no le eran de aplicación. Esta vez es la Delegación del Gobierno, en víspera electoral -supongo que el apoyo a la candidatura de Claudina Morales no tuvo nada que ver-, la que toma cartas en el asunto.

Parece, pues, que sí ha habido oposición en La Oliva; otra cosa es que de ese trabajo político se haya mercadeado. Decía el genial marxista italiano Antonio Gramsci, en sus Cuadernos de la cárcel: "El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos". Hay uno de esos monstruos delante de nuestros ojos: el oportunismo.

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