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Piedra lunar

Rostros (Luis Arencibia)

No se puede olvidar fácilmente la visita al taller de cualquier artista plástico porque se nos pone delante el magma material desde el que se formalizan las ideas preconcebidas. Y aunque la factoría no guarda una relación semántica con la obra acabada, conocer el espacio donde se gesta ofrece una perspectiva biográfica de la trayectoria que inspira las cualidades del artista. Luego sigue la esforzada fase de ejecución hasta que se define la obra final. No puedo olvidar el día que Luis Arencibia me condujo hasta su taller en Arco de Cuchilleros, en la Plaza Mayor de Madrid, donde desde hace algunos años lleva a cabo el proceso de su creación escultórica. Entramos en el imperio del desorden, sobre todo cuando el espacio es compartido con otro artista, y nos movemos entre escayolas, pigmentos, obras a medio hacer, bocetos sobre cartones, escofinas y herramientas propias del oficio. Es el mundo magmático de la producción entre bastidores. En el centro de ese mundo caótico se yergue el creador que, en término de urgencia, podríamos tipificar como polifacético. Luis Arencibia es el dueño de un mundo creativo que se cuece en la caldereta de su mente y que luego destila en tres lenguajes diferentes: la palabra, el dibujo y la escultura. La sustancia que constituye su mezcolanza mental es única: el drama que vive el hombre actual. ¿Ustedes se imaginan estar viviendo constantemente en el plano de lo dramático? Tal vez ello conlleve a la necesidad de la liberación mediante la expresión artística del mundo que nos rodea, lleno de planos fijos y estereotipados. Nuestro artista se rebela frente a lo ordinario con el bisturí de la creación artística, haciendo visible el mundo de la marginalidad, la tristeza y el sufrimiento del ser humano. Desde hace cincuenta años lo lleva a cabo mediante el recurso a tres lenguajes: la palabra, el dibujo y la escultura. El discurso del cuerdo y otros relatos del manicomio (2014) es la descripción de diversas situaciones de la realidad, con la ironía e iconoclastia en su factura narrativa. Los dibujos que ilustran la obra Locos (2008), de Leopoldo Panero, recoge retratos de internos del manicomio de Leganés, con sus gestos desahuciados, y, más recientemente, Rostros (2015), escultura y dibujos, obra expresionista que exhibe en La Molina (Triana, 58), como ensayo a una exposición más dilatada proyectada para el año 2018, en esta su isla natal, consistente en una treintena de piezas alineadas en forma de calle. En estos rostros y dibujos, que expresan el instante del alma desasosegada, Arencibia ha reflejado la psique más honda que se percibe en el semblante de la gente, de los marginados, de los tristes. ¿No es esto una crítica social, que refleja la crónica del tiempo que nos envuelve? Es, pues, una muestra del compromiso social del arte.

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