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Mano metida

Campus sin identidad

Llueven las ofertas, promociones y publicidad de los campus de verano para escolares y niños en estas fechas, y crece la incertidumbre, incomprensión e indolencia de ver que ninguno de ellos cuenta con los deportes autóctonos canarios. Algunos incluyen juegos tradicionales, pero lejos de la inclusión de las modalidades más populares como la lucha canaria, la lucha del garrote o la bola canaria por poner algunos ejemplos. Muy lejos quedan aquellas campañas de Verano y Deportes, organizadas por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria con un joven concejal de Deportes como Antonio Aguado que se mostraba comprometido por difundir las prácticas vernáculas. Allá por los primeros años de la década de los 80 del pasado siglo, en las canchas deportivas de la capital grancanaria el garrote se impartía a los niños, y en el histórico terrero del López Socas la pollería aprendía a bregar al calor de la pasión por lo nuestro, y del tiempo veraniego.

Tenemos Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, en esa Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que logró el pueblo grancanario a base de lucha y muchas agarradas políticas en los foros de poder de entonces. Tenemos más preparación en docentes, maestros, profesores y monitores del ocio y del deporte, más medios y más modos de acercarnos a descubrir nuestros deportes tradicionales, pero también tenemos más desapego, menos compromiso, conciencia y seriedad por su difusión, sobre todo a las jóvenes generaciones. Hubo un tiempo que fueron despreciadas y consideradas por muchos como cosas de "maúros" y de "magos". De gente del campo, de brutos y de ignorantes. Y hasta parece que en el inconsciente colectivo del canario sigue latente esas consideraciones. Difundir, promocionar, divulgar y enseñar los deportes autóctonos cuesta, y hasta se sufre. Es una lucha constante por reivindicar sus valores históricos, culturales y etnográficos, y sobre todo su sentido ancestral de honrar a nuestros antepasados. Como se ve, la lucha continúa mientras la sociedad evoluciona en sus valores de ocio, dejando de lado y condenando al ostracismo a los que les fueron en un tiempo deportes tradicionales válidos y dignos. Y no es cuestión de culpar a los de fuera, es responsabilidad de los de aquí, de los que planifican los campus, y de los que imparten esos campamentos sin identidad canaria. Eso sin olvidar que otros eventos internacionales deportivos que se celebran en Canarias también ignoren en sus programas paralelos de actividades a nuestros queridos deportes autóctonos. Aunque luego, una vez al año que no hace daño, se mal vistan con una camisa blanca, unos calzones negros, un fajín colorado y un cachorro verde para decir que celebran que son canarios, a boca llena, pecho fuera, lágrima en el ojo, pero sin conciencia, ni racionalidad auténtica canaria. Sin identidad.

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