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Reflexión

Amar lo inevitable para atenuar lo negativo

Cuando le digo a un familiar, votante del PP, que es un partido de corruptos y herederos del franquismo, la contestación es que los otros también son corruptos y que yo soy un comunista. De hecho, es la cantinela con la que responde el PP: los otros también son corruptos y los comunistas (los rojos) se quieren hacer con la patria.

Si a ese familiar le digo que hace un año el país europeo que tiene más millonarios es España, unos 15.000 más durante la crisis, exactamente un 40% más de ricos que en 2008, me dice que es un país currante y de ingenio. Hubiera sido demasiado explicar los mecanismos económicos y políticos de la desigualdad en España o el problema de los impuestos y su injusta distribución social, así que desisto.

Ningún político, o casi ninguno, explica durante las elecciones cómo va a resolver técnicamente los problemas del país y de los ciudadanos. Más bien se tratan las ideas políticas desde los mismos presupuestos del marketing comercial como ya se ha demostrado: se venden promesas, como en la publicidad, no el cómo van a cumplir tales promesas.

Me pasa lo mismo con un vecino, votante del PP. Me contesta que al coletas no le va a votar porque estaríamos como en Venezuela. Cuando le digo que los tribunales han desestimado todos los casos de corrupción de los que se les acusaba, racionaliza y dice: "son gente que permite que los okupas nos quiten las casas, ¿o es que unos tenemos que pagar alquiler y otros no?"

Son muchas contestaciones parecidas las que me he encontrado, entre vecinos, amigos y familiares. Mi conclusión no es lo que se ha dicho sobre el papel del miedo, aunque la campaña del PP, como manda el catecismo de la derecha, siempre contó el cuento de que vienen los rojos y eso no es miedo, es terror. En contraste con la teoría del miedo, aunque sin desecharla del todo, creo que los votantes votan mediados por la ideología.

La ideología puede considerarse un conjunto de creencias, opiniones y valores compartidos por un grupo de personas acerca de la forma en que debiera estructurarse el orden social y la forma en que las personas debieran comportarse. Creo que aquí está el meollo del voto que reciben los distintos partidos políticos: la ideología que minimiza los excesos de los suyos y maximiza los del "enemigo ideológico". En psicología social se llama favoritismo endogrupal cuando favoreces a los miembros de tu propio grupo frente al que no perteneces (exogrupo), al cual desfavoreces en contextos de competición o lucha por recursos (materiales, de poder, etc.)

De hecho, la ideología lleva a los de derechas a votar más que a los de izquierda. Los primeros tienen un comportamiento ideológico coherente con la creencia de legitimar al sistema, mientras que la izquierda deslegitima y protesta con la abstención. Ambas ideologías buscan explicar o racionalizar el estado de las cosas y cómo deberían darse los cambios en la sociedad. En las últimas elecciones, el debate central, el núcleo de significado de los discursos de la batalla por el voto, fue implícitamente cómo deberían darse los cambios que en España exigía la ciudadanía: para el PP se trataba de moderación y sin extremismos, siendo razonables, mientras que para los otros se trataba fundamentalmente de combatir al PP, con lo cual quienes mantenían este pulso a la contra quedaban como extremistas. Para el PSOE, sobre todo, y para el PP se trataba de amortiguar el sorpasso de Unidos Podemos (UP) que predecían las encuestas.

El miedo ideologizado a los cambios que proponen los radicales se puede explicar como producto del miedo a la libertad del que hablaba el genial Erich Fromm. Y es que en tiempos de incertidumbre, anomia y desorientación son más los ciudadanos que prefieren la seguridad a la libertad, como que los inmigrantes no me quiten el trabajo o que consuman las prestaciones sociales de mi país argumentado en las campañas y los ataques xenófobos en Francia y en Inglaterra. El problema es que desde la seguridad no surge el futuro, el futuro solo se puede construir desde la libertad.

Sin embargo, no creo que España sea un país especialmente de derechas, pues en conjunto se ha votado más a los partidos de izquierda. Aunque, eso sí, se trata de un voto menos agrupado, porque la izquierda está más dividida y dispersa que la derecha. ¿Y hay gente a la que no beneficia votar a la derecha y, sin embargo, lo hace? Es así, y también lo he visto entre mis familiares y vecinos. Es el fenómeno de la opresión internalizada, estudiado por la psicología política.

La opresión internalizada se refiere a la relación entre el amo y el esclavo de la que hablaba Hegel. Se trata de un esclavo que tiene muy poca conciencia de sí mismo, de su contribución a la opresión que él mismo sufre y que traduciríamos como la del ciudadano conforme. La teoría de la justificación del sistema postula que las personas también están motivadas para tener actitudes favorables hacia el orden social en el que viven y a pensar que éste es legítimo, justo y deseable. Creer que el sistema es legítimo conlleva una serie de beneficios psicológicos y bienestar subjetivo para las personas, en la medida en que disminuye la ansiedad que provoca vivir en un mundo injusto. La tendencia a la justificación del sistema se traduce en una aprobación de sistemas de creencias que racionalizan el statu quo, como las ideologías conservadoras.

La teoría de justificación del sistema ha mostrado que en ocasiones las personas pueden estar motivadas para justificar el sistema, aun cuando esto sea a costa de intereses personales y grupales. Esta situación puede llevar a que grupos desaventajados desarrollen estereotipos negativos hacia su propio grupo social y favoritismo con el grupo que los domina. Es más, la teoría plantea que, en ciertas circunstancias, son las personas más perjudicadas por el sistema las que tienen una mayor necesidad de racionalizar el statu quo para poder minimizar la disonancia cognitiva de vivir en un mundo que no los beneficia.

La investigación en psicología política ha demostrado de manera consistente que las personas con orientación política de derechas son más felices que las personas con orientación política de izquierdas. De hecho, como dijimos, van a votar en las elecciones más los de derechas que los de izquierda. ¿Por qué ocurre esto? Argumentan los estudios que las ideologías de derechas (como ideologías de justificación del sistema) permiten amortiguar los efectos negativos de percibir que la sociedad en la que se vive es desigual y que se basa en la opresión del amo (jerarquías sociales y políticas) sobre el esclavo (ciudadano de a pie); por lo tanto, llevan a mayores niveles de bienestar psicológico.

La mayor necesidad de minimizar la contradicción de vivir en un mundo que no ayuda a los que más sufren las políticas de desigualdad y apoyar, sin embargo, a partidos que no les beneficia se explica también por el fenómeno de la disonancia cognitiva.

En el caso de los votos a la derecha, por parte de quienes necesitan justificar su voto conservador frente a sus cantados despropósitos (corrupción, ley mordaza, impuestos desiguales, desalojos forzosos, etc.), la disonancia ha llevado a matar al mensajero. De ahí la debilidad de todas las izquierdas, unas más que otras según el contexto histórico. En países (Europa y Estados Unidos fundamentalmente) donde la desigualdad y las injusticias redistributivas son clamorosas más se encargan de matar al mensajero.

En pocas palabras: las investigaciones de la disonancia cognitiva demuestran cómo nos autoengañamos cuando una idea (el sistema es justo; cada uno tiene lo que se merece y merece lo que tiene; vamos por el buen camino de recuperación económica, social y política) es inconsistente o incompatible con una conducta (la corrupción, los jóvenes que no pueden trabajar, los desahucios, el rescate de los bancos, la privatización de los servicios públicos, etc.)

Para atenuar lo negativo y restablecer el equilibrio cognitivo, el ciudadano puede cambiar una o varias ideas o bien añadir nuevas condiciones que hagan compatible las ideas disonantes. En nuestro caso, las ideas no han cambiado, lo que hacen muchos ciudadanos es matar al mensajero para protegerse a sí mismos, de modo que se vean como seres razonables (Rajoy repitió el estribillo de que hay que ser razonables), decentes y buenos.

Es un fenómeno parecido a lo que llegan a predecir algunos estudios sobre la disonancia cognitiva: el rechazo a las centrales nucleares empieza antes de que se instalen y después de que se instalan empiezan a ser mejor aceptadas. Ante algo que ya se presenta como irreversible, el ciudadano reduce la molestia de la disonancia modificando las actitudes en contra por otras más a favor.

Las investigaciones de la disonancia han demostrado que las inquietudes ambientales son menores entre los que viven cerca de empresas contaminantes que entre los que no se ven directamente amenazados. La derecha política en España es una "empresa contaminante" que ha creado mucha disonancia entre un buen número de ciudadanos. ¿Cómo han reducido esta disonancia muchos votantes? Creo que está claro: amando lo inevitable para atenuar lo negativo.

(*) Catedrático de E.U. de Psicología Social de la ULPGC

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