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Papel vegetal

Un escenario de Armagedón

Un escenario como de Armagedón es el que parecen presagiar algunos de los nombramientos que ha hecho hasta ahora el presidente electo de EE UU, Donald Trump.

La mayoría sólo puede calificarse de provocación: a la ONU, a los medioambientalistas, a China, a los aliados europeos, a mexicanos, iraníes, palestinos y árabes en general. Y podríamos seguir.

Dado su carácter errático, muchos confían todavía en que todo ello sean fanfarronerías de un ególatra y profundo ignorante de los asuntos del mundo.

Tal vez el único que se salva de momento es el presidente ruso, Vladimir Putin, a quien muchos acusan de haber contribuido a su victoria con los ataques cibernéticos al Partido Demócrata.

Pese a que sus caracteres no podrían ser más distintos -cauto y sigiloso, el ruso; fanfarrón e irreflexivo, el estadounidense-, parece unir a ambos un exceso de testosterona.

Dado el arsenal nuclear en poder de ambas potencias, la posibilidad de mejora de las relaciones entre Washington y Moscú, tan deterioradas últimamente por culpa de Siria y de Crimea, no sería la peor noticia para el mundo.

No tranquiliza, sin embargo, el hecho de que ambos países hayan declarado su intención de modernizar sus respectivos arsenales atómicos.

Los nombramientos de Trump representan en cualquier caso algo contra lo que advirtió en su día el presidente de ese país Dwight Eisenhower: la excesiva influencia del complejo militar-industrial. Veremos.

Y no resultan tranquilizadores para los aliados europeos, entre ellos los alemanes, que confiesan su ignorancia de cuáles pueden ser los propósitos del próximo presidente de la Casa Blanca.

"Tenemos que estar preparados para unos años difíciles pa-ra la relación transatlántica", advierte un veterano diplomático germano.

En Berlín da cierta tranquilidad, según Der Spiegel, el hecho de que Trump haya elegido para el Pentágono al general James Mattis, quien, como defensor decidido de la Alianza Atlántica, podría tener una influencia po-sitiva.

Preocupa más otro general, Michael Flynn, que va a ocupar un puesto clave como es el de asesor de seguridad, y al que se considera rabiosa y peligrosamente islamófobo.

De sus años de servicio en Kabul recuerdan muchos que no le importaban para nada los "daños colaterales" de sus acciones de guerra.

Para Flynn "el único afgano bueno es un afgano muerto", como hace más de siglo y medio decía otro general norteamericano, Philip Sheridan, de los indios a los que tan salvajemente combatía en su país.

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