Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

INVENTARIO DE PERPLEJIDADES

Sobre la "mentira necesaria"

Cada cierto tiempo aparece en los medios alguna clase de publicación en la que se denuncia la implicación de la CIA (Agencia Central de Inteligencia) en lo que eufemísticamente ha dado en llamarse "guerra cultural". Esta vez ha sido un informe de veinte páginas de la propia agencia bajo el sugerente título de Francia: defección de los intelectuales izquierdistas. El informe data de diciembre de 1985, fue desclasificado en 2011 y publicado ahora por la revista Los Angeles Review of Books. En el resumen del mismo, que tuve ocasión de leer en la prensa, se alude al proceso de abandono de las tesis marxistas entre figuras destacadas de la intelectualidad francesa que inicialmente habían manifestado su simpatía por la Unión Soviética. Una atracción que se explica, según los autores del informe, al asimilar los valores de la izquierda con la lucha antifascista mientras que los de la derecha conservadora aparecían vinculados al régimen colaboracionista de Vichy.

Y fue a partir de la rebelión húngara, de la primavera de Praga y sobre todo de Mayo de 1968 que empieza a producirse un cambio de perspectiva, y "nuevos filósofos" como Andre Glucksmann y Bernard Henry Levy se desenganchan de las enseñanzas de antiguos maestros como Althuser, Derrida o Jean Paul Sartre, a los que el informe alude como "última camarilla de sabios comunistas". Por cierto que, sobre el autor de La Náusea y tantas otras obras celebres se desliza esta maldad a pie de pagina: "En su última entrevista televisiva, reconoció que el marxismo había sido un fracaso". Visto el informe desde una perspectiva actual, su contenido no dice nada que ya no se supiese. Y visto desde la perspectiva de 1985 (gobernaban González en España y Rea-gan en Estados Unidos), pues tampoco. Ya es sabido que los espías tienen que hacer informes para justificar el sueldo y los gastos extras que su tarea comporta. Por lo demás, la implicación de la CIA en la "guerra cultural" se remonta prácticamente a la fecha de su creación por la Ley de Seguridad Nacional de 26 de julio de 1947, una norma legal que, como muy gráficamente expresa Frances Stonos Saunders en su libro La CIA y la guerra fría cultural, "casi no prohibía nada y toleraba prácticamente todo".

De forma deliberadamente ambigua se aludía a la autorización para llevar a cabo servicios de "incumbencia mutua y otros cometidos y tareas". Y allí cabía desde la financiación de un congreso cultural o de una exposición de pintura (se supo que la Agencia favoreció el arte abstracto para combatir el realismo soviético) a un golpe de estado en un país extranjero. La creación de la CIA en sustitución de la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos), aquella agencia a a la que Truman no quiso mantener como una "Gestapo en tiempo de paz", supuso un cambio radical en la política exterior norteamericana para adaptarla a su nuevo, y reforzado, protagonismo imperial. A partir de entonces, conceptos como la "negación creíble" o la "mentira necesaria" se convirtieron en instrumentos legítimos de una acción política que se desarrollaba sin trabas de ningún tipo y al margen de la legalidad siempre que convenía. Hoy por hoy, con Donald Trump en la presidencia, están de plena actualidad.

Compartir el artículo

stats