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Artículos de broma

Historia del culo de Rato

Rodrigo Rato se sentará en el banquillo como se sentó en el Consejo de Ministros y en varios de administración. En las sociedades sedentarias los más sentados viven mejor. Rato encontró asiento allí tras años de escaño, sede parlamentaria que toma su nombre del banco con respaldo para tres o más personas. Se cierra el círculo de las palabras: Rato fue desde el banco del escaño acusador de la oposición al banquillo de los acusados pasando por el sillón presidencial de un banco.

La historia de Rato se cuenta a través de su culo, inquieto, que saltaba de asiento en asiento con batracia donosura. Así se entiende el éxito de una foto suya subiendo la escalerilla del yate -al trabajar sentados esta gente descansa de pie- en la que se veía al gijonés con el culo mojado bajo la transparencia del traje de baño. Su historia más estrambótica tiene que ver con la reclamación de 380 euros de indemnización a una tiendas de costura por unos cojines que dejó para arreglar y quiso recoger meses después cuando la propietaria ya los había entregado a una ONG. El cojín es la almohada del culo.

Un banquillo no lo puedes comparar con un sillón, como sus propios nombres indican. El sillón lleva un aumentativo que le aleja de las estrecheces diminutivas del banquillo, el peor de los bancos, escaso para el culo, carente para la espalda, incómodo para la larga estancia, que crea postura de reo y movimientos de culpable en quien no esté acostumbrado a la firmeza postural de los militares, o sea, casi todos.

Rato hizo su carrera sentado y al final en ella encontraron asiento desvergüenzas que le llevan al banquillo. Las sentencias se aguantan a pie firme. "Póngase en pie el acusado", dice el juez.

Su preocupación ahora no es dónde estará sentado sino dónde va a dormir.

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