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opinión

La embestida como entendimiento

Torra decidió ayer acudir a la inauguración de los Juegos Mediterráneos, a la que estaba convocado junto con el Rey y Sánchez. Lo hizo por dos razones: para no malograr la entrevista con el presidente del Gobierno del próximo 9 de julio y porque los Juegos se disputan en casa y hay que vender país. Pero el valido de Puigdemont no desaprovechó la oportunidad de embestir contra el monarca, en línea con los denuestos de los últimos días. La "presencia" de Felipe VI "no nos condicionará", dijo. A "Nos", como si él se sentara en el trono y fuese su asistencia la que, por sí sola, distinguiera el acto.

La decisión del president será leída como muestra de pacificación y entendimiento, pero Sánchez debe aprender una cosa: que un dirigente independentista que te la puede meter doblada, no te la mete recta. Torra sólo pidió entrevistarse con el Rey porque sabía que tal entrevista no podía celebrarse; la negativa era segura y él no lo ignoraba. Pero como su petición de verse con el soberano para "abrir una etapa de diálogo y negociación" ha sido desatendida, se siente justificado para: a) renunciar a la vicepresidencia honorífica de la Fundación Princesa de Gerona, y b) anunciar que ni él ni ningún consejero de su Govern asistirá a ningún acto que tenga a bien organizar la Casa del Rey, ni ellos invitarán a Felipe VI a los ágapes y festejos que por su parte monten de aquí al fin de los tiempos.

Es una toma de postura de lo más republicana y disruptiva, pero en lo gestual-institucional, que es el único lenguaje que se habla ya en el 'posprocés', porque los gestos ejecutivos acarrean cárcel. Sin embargo, no arruina el encuentro con Sánchez en la Moncloa, bendecido hasta por el libertador. No lo arruina, pero Torra marca el terreno, como los perros con sus inquietas meadas, anticipando su rechazo a toda oferta del presidente del Gobierno que ciña la solución al marco constitucional (aunque fuera reconfigurado a la federal) por la vía de partir relaciones con quien ostenta la Jefatura del Estado y casi declararlo persona non grata, como ya ha hecho el Ayuntamiento de Gerona.

Pero es bueno que Sánchez vaya sabiendo con quién se las tiene, ahora como jefe del Ejecutivo: políticos que, caso de Torra, sólo saben hablar de diálogo sin condiciones, pero que nunca han dejado de imponer las suyas. Y que quieren negociar a partir de una raya trazada en el suelo por: a) un referéndum de estándares democráticos decimonónicos y una declaración de independencia que no se atrevieron a materializar, y b) unas elecciones que ganaron, celebradas en el marco del mismo régimen autonómico que les permite aspirar a la secesión, siempre y cuando no delincan. Mentir, en cambio, sí pueden. Ánimo.

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