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Únicamente españoles

A mí me pasaba antes lo mismo que le pasa ahora a Albert Rivera. Pero ya no. Cuando Rivera recorre España no ve obreros ni empresarios, no ve gente de derechas ni de izquierdas, ni niños ni viejos, ni hinchas del Real Madrid o del Barça. Sólo ve españoles. A mí me pasaba lo mismo con las series de televisión. Hace años, cuando zapeaba y me encontraba con Aquí no hay quien viva o Sin tetas no hay paraíso o Los Serrano, yo no veía buenos o malos actores, comedias o dramas, realizaciones convencionales o innovadoras. Yo sólo veía que eran series españolas. Su españolidad ocultaba cualquier otra característica. Podrían ser mejores o peores, pero si alguien me preguntaba acerca de alguna yo era siempre capaz de resumir mi opinión en cinco palabras, una coma y tres puntos suspensivos: "Bueno, es una serie española?"

Pero ya no me pasa. Ahora cuando veo La peste veo, ante todo, una serie con grandes virtudes y, a pesar de todo, fallida por su desmesura y ambición. Cuando veo Fariña, la brutal interpretación de sus actores principales, la dirección correosa y engrasada, ese guion de microcirugía hacen que la nacionalidad del producto pase a un completo segundo plano. Mira que era española El ministerio del tiempo, y, sin embargo, yo la calificaría como divertida, ingeniosa, valiente, comiquera o adictiva, antes que como española. En cuanto termine de escribir esta columna me voy a poner con El día de mañana, otra serie española de Movistar+ que trata sobre España. Estoy casi seguro, por lo que he podido leer, que me van a llamar la atención más sus actores, directores y guionistas que su españolidad.

A mí me pasaba antes lo mismo que le pasa ahora a Albert Rivera. Pero ya no. Y estoy contento con el cambio. Creo que es un indicio de la mejoría de las series españolas. A lo mejor, si mejoramos los españoles lo suficiente, Albert Rivera, duran-te sus recorridos por España, comienza a ver empresarios y obreros, y no únicamente españoles.

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