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Sobre "amigas entrañables"

Gustamos de los eufemismos, de los circunloquios y de no llamar a las cosas por su nombre más común y entendible Como si nos avergonzáramos de las evidencias. Y es lo que ocurre con la princesa alemana Corinna zu Sayn Wittgenstein desde que conocimos su relación adulterina con el rey Juan Carlos I a raíz del accidente que este sufrió durante una cacería de elefantes en África. Una relación de pareja larga y consolidada, que hizo de la princesa compañera frecuente en el cortejo de los viajes reales y hasta inquilina habitual de residencias palaciegas pertenecientes al patrimonio del Estado. El comportamiento del monarca, más propio de un monarca absolutista que de un rey moderno, no gustó a la opinión pública, el rey tuvo que pedir perdón (con la promesa de no volverlo a repetir como los niños malos) y poco después abdicó en la persona de su hijo Felipe para no comprometer el futuro de la institución. Durante dos años, los protagonistas del escándalo optaron por llevar una vida discreta. De la princesa alemana no volvimos a saber nada sobre sus andanzas ni sobre las, al parecer, importantísimas gestiones diplomáticas que hizo en beneficio de España (una versión que se hizo circular interesadamente para limar las aristas menos digeribles del suceso). Y del rey emérito supimos de sus frecuentes estancias en Sanxenxo para dedicarse al deporte de la vela al que es muy aficionado. Hasta que el excomisario Villarejo, un supuesto extorsionador profesional, sacó a la luz unas cintas en las que la princesa acusaba al rey emérito de blanquear dinero negro y cobrar comisiones a empresas españolas por la adjudicación de obras en el extranjero. En concreto, la construcción del AVE a La Meca, un contrato milmillonario en el que habría hecho valer su influencia con la casa real de Arabia Saudí, que lo considera como un hermano. El rebrote del escándalo trajo consigo la recuperación del tratamiento eufemístico de la antigua novia del rey que pasó a ser aludida nuevamente como "amiga íntima" o "amiga entrañable" en vez de las más apropiadas denominaciones de "amante del rey", "querida del rey", o "entretenida del rey". Por no usar el más antiguo de "barragana", ya en claro desuso pese a que aún no se ha caído del diccionario de la Real Academia Española. En su divertida obra de teatro El carro de las manzanas el famoso escritor británico Bernard Shaw utilizaba la palabra "querida" para referirse a la amante del rey Magnus. Y la describía como una señora inteligente y bienhumorada que vivía en una dependencia próxima al palacio real. Más o menos como hizo durante años la princesa Corinna. Pero la difusión de las cintas de Villarejo también hizo asomar la cabeza al frente republicano del Congreso. Es decir, Podemos, PNV, Esquerra Republicana, PDCat ( antigua Convergencia), y Bildu, partidos que han contribuido a dar una inestable mayoría parlamentaria al PSOE de Pedro Sánchez. El PSOE, por tradición, es un partido republicano, pero durante la Transición apoyó a la monarquía que nos legó Franco, y ahí sigue entre dos aguas y con pocas ganas de volver a sus esencias históricas. Y menos todavía con un proyecto separatista en Cataluña que pretende construir una república que pone en peligro la integridad territorial del Estado.

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