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CRÓNICAS GALANTES

El arte de buscar líos

Sostiene el marxismo -en su facción de Groucho Marx- que la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar remedios erróneos. Exactamente eso es lo que ha conseguido el Gobierno de Pedro Sánchez con sus urgencias por sacar a Franco del Valle de los Caídos.

Bastaba un vistazo a las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas para caer en la cuenta de que el desentierro del dictador que aherrojó a España durante casi cuarenta años no figura entre las preocupaciones del español del común.

Franco, al que muchos escolares confundirán con uno de los reyes godos, no era en modo alguno un problema; pero el Gobierno ha decidido buscárselo. Y lo ha encontrado, según la sabia definición de la política que hizo en su día el más listo de los hermanos Marx.

Olvidado en medio de la nada de Cuelgamuros, el cadáver momificado del general no era precisamente un reclamo turístico. Apenas 280.000 personas visitaban cada año el lugar: y es de suponer que no todas, ni mucho menos, por devoción al autoproclamado Caudillo. Nada que ver con los cuatro millones y medio de visitantes que atrajo la Sagrada Familia de Barcelona o las cifras también millonarias de la Alhambra, la Mezquita de Córdoba, la catedral de Santiago o el Palacio Real de Madrid, por citar solo algunos monumentos.

Tan feliz olvido podría cambiar ahora si la familia del dictador consigue que sus restos pasen a ocupar un lugar de privilegio en una catedral situada en el centro de la capital de España. Fácil es imaginar que tales facilidades de visita avivarán el morbo de los turistas extranjeros; por no hablar ya de los franquistas españoles. Seria algo tan paradójico como otorgarle a Franco el mismo estatus del que disfruta la momia de Lenin en la Plaza Roja de Moscú.

Una vez encontrado el problema que tan afanosamente se buscó, el Gobierno de Sánchez debe aplicar -según la teoría marxista de Groucho- el diagnóstico falso y la aplicación del remedio que no corresponde. Para ello ha enviado a su vicepresidenta Carmen Calvo, claro, al mismísimo Vaticano, con la esperanza de que la Iglesia le ayude a solucionar el asunto.

No parece que vaya a haber una salida fácil. Famosamente sutil, la diplomacia vaticana se ha limitado a aceptar un "diálogo" para encontrar alguna escapatoria al problemón que se ha buscado -y encontrado- el Gobierno de España. Nada cuesta suponer que, a cambio de echarles una mano, la Iglesia reclame compensaciones en su difícil relación con los actuales mandamases del país. Y ese sí que puede ser un problema añadido.

Bien es verdad que la decisión de sacar a Franco de su tumba fue aprobada el pasado año por el Congreso, pero solo los novatos ignoran que la ejecución de los acuerdos parlamentarios puede aplazarse -y hasta ignorarse- a voluntad del que manda. No había prisa alguna en ponerse a resucitar fantasmas, salvo que los socios de la banda izquierda del Gobierno lo urgiesen, según la opinión de quienes dicen saber de esto.

Como quiera que sea, la firma Sánchez y Asociados no para de darle la razón al famoso cómico y politólogo Groucho Marx. De momento han buscado un problema donde no lo había. Ya solo les falta encontrar el diagnóstico erróneo y aplicar la peor de las soluciones posibles. Están en ello.

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