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fútbol es fútbol

Lección de anatomía sin el velo de Isis

Creo que la gran revolución que cambió el fútbol para siempre no fue el dichoso VAR, ese instrumento creado por los demonios del balompié para irritarnos y confundirnos, sino la conversión del fútbol en la casa de Gran Hermano. Con el VAR, nada es lo que parece, los goles pueden esfumarse en el aire (que se lo pregunten a Morata), de la nada puede surgir el todo (esto le encantará a los teólogos) y una patada al aire puede transformarse en un penalti que nadie vio.

¿El VAR pretende llevar la justicia al fútbol? No es así. Pero si se trata de luchar por la justicia, habría que dejarse de tanto VAR y prohibir las brutales diferencias de presupuesto entre el Barça y el Leganés. ¿Quieren justicia? Pues prohibamos que el banquillo más friki del Barça valga muchísimo más dinero que el equipo titular del Leganés. ¡Ah!, el dinero no se toca. Pues que no me hablen de justicia.

Decíamos que la revolución en el fútbol no llegó con el VAR, sino con Gran Hermano. Antes de que los futbolistas se convirtieran en concursantes de Gran Hermano que saben que todo lo que hagan, digan e incluso piensen es pasto de una cámara de televisión, el secreto y el misterio eran posibles. Pero el fútbol moderno ha arrancado el velo de Isis y, así, un partido ha perdido casi todo su romanticismo. Todos los movimientos de los futbolistas están recogidos al milímetro y desde mil ángulos, y todos los detalles (escupitajos, gritos, caras largas, gestos de complicidad, miradas de asco al público) son ofrecidos al espectador como si fuera carne fresca en un altar.

Nada se escapa al ojo del Gran Hermano, y nada se puede ya esconder. El fútbol se ha convertido en una lección pública de anatomía a cargo del médico Nicolaes Tulp de turno, de forma que, como en el famoso cuadro de Rembrandt en el que Tulp levanta con unas pinzas un músculo del antebrazo de un cadáver, los comentaristas levantan los músculos de un partido y explican a los espectadores las interioridades de un partido de fútbol. Del mismo modo que el cuerpo humano, que durante siglos se había tratado con respetuosa distancia, se convirtió en un espectáculo, un partido de fútbol (me refiero al fútbol de los grandes campeonatos, claro) ya no es un cuerpo que nadie se atreve a diseccionar, sino un espectáculo que debe ser mostrado a los espectadores en toda su crudeza. El fútbol ya es una lección de anatomía.

Por eso es sorprendente que muchos futbolistas sigan mostrando en el terreno de juego un comportamiento premoderno, y crean que lo que hacen puede pasar desapercibido. El ridículo piscinazo de Casemiro en el área del Levante engañó al infalible VAR, de acuerdo, pero los médicos han mostrado esa jugada y los espectadores hemos comprobado que Casemiro mintió.

El corte de mangas de Bale o su maleducada resistencia a ser felicitado por sus compañeros son imposibles de esconder. ¿No sabía Simeone que su gesto llevándose las manos a los genitales iba a ser recogido con pinzas por miles de médicos y ofrecido al público? ¿Acaso Kepa, el portero del Chelsea, confiaba en que sus malas maneras y el desprecio con el que trató a su entrenador y a su compañero en la prórroga del partido con el Manchester City no iban a ser analizados hasta el último detalle, para su vergüenza eterna? ¿De verdad Sergio Ramos no pensó que una cámara recogería todos sus movimientos y palabras cuando forzó una tarjeta amarilla en el Johan Cruyff Arena?

Puedo entender que un futbolista escupa, se suene los mocos con los dedos o se toque los genitales en un partido, aunque todo eso será mostrado al público como si fuera un músculo del antebrazo en una lección de anatomía, pero no me entra en la cabeza que los futbolistas sigan simulando patadas o haciendo malos gestos cuando saben perfectamente que todo lo que hagan será utilizado en su contra. Eso sí, todos los futbolistas han aprendido a hablar con la mano tapando la boca para evitar sustos.

El fútbol moderno del Gran hermano y lecciones de anatomía sigue a los pies de futbolistas premodernos que creen que el velo de Isis todavía les protege. Y no. Los futbolistas ya no son parte del espectáculo. Sus huesos, vísceras y músculos son el espectáculo.

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