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mirando, por no preguntar

Alimentación, sabroso negocio

Ser veggie es tendencia. Vamos, que está de moda ser vegano, vegetariano o flexitariano. Tanto, que la maquinaria comercial de la industria de la alimentación se ha volcado con un sector de la población cada vez mayor. Y los inversores han encontrado una nueva gallina de los huevos de oro con la que hacer negocio. Y si hay negocio, habrá que generar la necesidad.

Ser vegetariano en una cultura como la nuestra donde impera la dieta mediterránea, no es difícil, todo lo contrario. Estoy convencida de que si haces una encuesta (rápida y poco científica) entre quienes te rodean en este momento, comprobarás que son muchos los que se declaran flexitarianos, es decir, te dirán que cada día comen menos carne, que se alimentan sobre todo de frutas y verduras pero que no renuncian de vez en cuando al placer del jamón.

Según un estudio de la consultora Lantern titulado, como no podía ser de otra forma, The Green Revolution, en España un 7,7% de la población se define como veggie. Unos porque se consideran animalistas, otros por conciencia ecológica y de sostenibilidad y otro grupo porque lo consideran más saludable. Sea cual sea el motivo lo cierto es que más que una moda se puede considerar un hype (una expresión que todavía no ha aceptado la RAE, por cierto) una tendencia, digamos, "provocada / alentada / estimulada".

Lo cierto es que esta tendencia abre nuevas puertas también para muchas empresas que están apostando por un nicho de mercado especialmente sabroso: cuentan que mueve hasta 4.000 millones de dólares al año y que sigue creciendo a un vertiginoso ritmo anual del 6%. No sólo ha aumentado el número de comercios veg-friendly, sino que hasta Deliveroo asegura que el número de pedidos de comida vegana ha crecido en un año un 161%. Todo apunta a que se ha producido un cambio sociológico (tal vez provocado / alentado / estimulado) muy unido a una mayor conciencia medioambiental.

La ciencia y la tecnología han creado nuevos productos Climate Friendly para satisfacer esta nueva necesidad alimentaria o buscar alternativas ante la falta de alimentos para cuando llegue el momento en el que seamos tantos humanos sobre la tierra que sea imposible alimentarnos a todos. Carne cultivada en laboratorio a partir de células madre; carne procesada a partir de proteína vegetal; helados con probióticos; salchichas o hamburguesas vegetales; el heura, que parece pollo pero no lo es... Los snacks se han convertido en un producto healthy porque se basan en el upcycling (la transformación de un elemento inicialmente desechable en un producto con mayor valor: por ejemplo, convertir los restos de cereales usados en la fabricación de cerveza para crear barritas energéticas). Los grandes restaurantes también tienen su alternativa vegana y el alcohol ya no es cool. Empiezan a ser tendencia las bebidas sin calorías y sin resaca, que imitan los aspectos agradables del alcohol asociados a momentos sociales, de relax, diversión, etc, pero sin sus consecuencias negativas (Alcarelle es una bebida británica de este tipo que, sospecho, no se vende en Magaluz).

¿Avanzamos hacia un nuevo sistema alimentario? Está claro que la oferta ha aumentado, que en el primer mundo nuestra capacidad de elegir (y de desperdiciar) es enorme. Peor sobre todo está claro que hablamos de un nuevo consumidor: consciente del problema de sostenibilidad pero también curioso, que exige conocer la composición de los alimentos y su trazabilidad, que busca nuevas experiencias en sabores pero que también persigue cada día más el producto fresco y de proximidad.

PD: ¿Os dais cuenta de que ya no somos nadie si no empleamos terminología inglesa? Este artículo está plagado de palabras que se pueden decir en castellano pero que nadie entendería.

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