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OBSERVATORIO

Enseñanza semipresencial

En este artículo queremos contribuir a generar la confianza de que podemos solucionar algunos de los problemas educativos que se nos presentan. Es un mensaje positivo que queremos dar desde nuestra experiencia académica, ahora que tanto necesitamos buenas noticias.

Las consecuencias de la pandemia provocada por la covid-19 se han sentido muy duramente en el ámbito educativo. La mayoría de las administraciones han optado por no avanzar en la planificación que se había hecho de los cursos. En general, hemos recurrido a soluciones de emergencia usando medios telemáticos sin una adecuada metodología. Además, se ha puesto de manifiesto que teníamos importantes carencias que habrá que trabajar para superarlas.

Por otra parte, la educación tiene una componente socializadora que es ineludible. La falta de interacción personal entre el alumnado y el profesorado puede paliarse a través de videoconferencias, pero estas no sustituyen el entorno y las condiciones de aprendizaje de un aula. Sin embargo, parece que, ineludiblemente, avanzamos hacia un contexto educativo en el que el alumnado no estará en el aula tantas horas como estuvo hasta marzo. No sabemos aún cuántas ni cómo se distribuirán. Ojalá no fuera necesario hacer esa previsión, pero la mera posibilidad de que ocurra nos obliga a pensar y a anticipar soluciones.

La covid-19 no ha hecho sino acelerar (en exceso) un proceso que ya se estaba desarrollando, sin dar tiempo a realizar un análisis de datos que permita mantener un debate sereno. Este proceso es la adaptación de la parte expositiva de la educación a las características de la "era de la información" (según el término acuñado por el ministro Castells en su famoso ensayo) y las inquietudes y motivaciones de los y las adolescentes del siglo XXI. El profesorado había comenzado, de manera muy desigual, a realizar esta reflexión: cómo conseguir interesar a un alumnado sobreexpuesto a estímulos visuales y tecnológicos. La percepción mayoritaria es que los formatos y modelos de clases tradicionales distan mucho de ganarse ese interés, y que es necesario aumentar el protagonismo del alumnado, activar su implicación en el aprendizaje y proporcionarle estímulos, presenciales o no, para captar su atención.

La enseñanza no presencial supone un cambio de metodología que va más allá de grabar las clases o enviar tareas por correo electrónico. Si, además, añadimos que parte de las clases sean presenciales es evidente que el planteamiento debe potenciar las ventajas de cada ingrediente disponible: la máxima presencia física posible y los elementos no presenciales. Hasta ahora ya lo hacíamos, en cierto sentido: los libros y otros materiales escritos forman parte de las herramientas docentes y son no presenciales. De lo que se trata ahora es de añadir a esto las herramientas digitales.

La experiencia educativa digital nos indica un camino. Los temas que se enseñan pueden presentarse en unos pocos vídeos cortos que, por una parte, resuman lo esencial y, por otra estimulen, el uso de los libros u otros materiales, utilizando los recursos de lenguajes como el publicitario. También es deseable acompañar estas vídeo-presentaciones de problemas, tareas o ejercicios que resolver online para retroalimentar al alumnado sobre su evolución (la evidencia empírica muestra que el aprendizaje enriquecido, que es como se denomina este formato) resulta más productivo que la mera actividad online.

En este planteamiento semipresencial, las clases presenciales tendrán grupos más reducidos, lo que facilitará el diálogo directo con el alumnado. El objetivo de estas sesiones sería resolver dudas y abordar algunas tareas que se pueden proponer desde lo digital y que se adaptan mejor a este entorno, estimulando la interacción personal.

Una ventaja de lo digital es su ubicuidad. Por ello, para realizar este plan, no es necesario que todo el profesorado elabore o seleccione contenidos digitales: pueden ser compartidos. Un grupo muy reducido de docentes de cada especialidad podría dedicarse a esta labor, mientras que el resto se volcaría en aquello en lo que ha atesorado una experiencia valiosísima y unos buenos resultados: la relación directa con el alumnado.

Los centros de enseñanza y el resto de las administraciones públicas podrían también habilitar salas donde se podría acceder a los contenidos digitales y paliar, de esta forma, la brecha digital que no puede obviarse.

Queremos finalizar añadiendo que somos conscientes de que la propuesta que hacemos no soluciona otros problemas pendientes, derivados de la logística, de la falta de acceso a la tecnología de parte del alumnado, de la dificultad de la conciliación de las familias, etc. Pero ello no nos debe impedir pensar en cómo solucionar lo que sí está en nuestra mano.

Antonio Bahamonde. Presidente de la Sociedad Científica Informática de España

Luis José Rodríguez Muñiz. Miembro de la junta de gobierno de la Real Sociedad Matemática de España

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