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TROPEZONES

Breverías 79

Ciertamente las ciencias avanzan que es una barbaridad. Antiguamente al médico que había de diagnosticar pongamos por caso a un diabético, no le quedaba otra que probar unas gotas de orina del paciente para cerciorarse por el grado de azúcar si iba bien encaminado. Hoy día los procesos de laboratorio son capaces de detectar por análisis de las aguas negras la prevalencia por zona del consumo de tal o cual droga, elaborando controles y tendencias en los comportamientos de determinados núcleos poblacionales. Últimamente este tipo de análisis se ha generalizado incluso en los tests de infecciones virales de la población, lo que viene siendo de gran ayuda, no sólo en su detección , sino en la evaluación del alcance de las mismas, contrastando valores con la situación de otros países que hayan podido sufrir similares epidemias.

Me parece un encomiable método de control de la salud de la población, anónimo pero eficaz, al que no me importaría bautizar con un eslogan "a los hechos, por los desechos".

Me llamó el otro día la atención, en una tienda especializada en vinos, una botella con una original etiqueta, que además de las variedades de uva cosechada (Syrah, Tempranillo y Cabernet Sauvignon) precisaba su origen y la graduación de alcohol (13,5%). Para facilitar el disfrute de dicho mosto se recogían en la cápsula del corcho la relación de sabores que concurrían en el tentador caldo: higo, tomillo, granada, regaliz y mora. Intrigado por tan caleidoscópica y precisa especificación organoléptica, observé a su lado otra botella, de similar etiqueta y con el mismo efecto llamada que la anterior. Esta recogía los mismos datos de variedad de uva, procedencia y añada que su compañera, aunque presumiendo de mayor graduación de alcohol, que alcanzaba un 14%. Sin embargo la experiencia gustativa prome-tida era bien distinta; romero, grosella, cereza, pimienta y moca. Tras dudar a la vista del precio por cuál de las dos botella decidirme, opté por seguir el consejo de Oscar Wilde, que la mejor manera de librarse de una tentación es no resistirse a ella, sucumbiendo a ambas tentaciones y haciéndome con las dos botellas. Intrigado y expectante, ya en casa y a la hora del almuerzo, opté por descorchar ambas botellas, para una cata a ciegas, rogándole a mi mujer que me ocultara de qué botella había escanciado.

La verdad es que me gustaron ambos vinos. El color joven de ambas propuestas, tirando a un violeta oscuro, parecía desmentir los casi tres años consignados en la etiqueta. El sabor, muy agradable, con un inesperado eco picante que se resistía a abandonar el paladar.

Y la pregunta esperada, y a la vista de la mirada irónica de mi mujer, algo temida: "¿a ver, cual es la diferencia entre las dos?". No sé si se esperaba de mí una disquisición sobre trazas de vainilla o retrogustos de cítricos. El caso es que no me quedó otro remedio que echar mano de una sinceridad que sin duda hubiera atenuado en otros foros.

"Verás cariño, la diferencia entre ambos vinos es de 3 euros".

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