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PUNTO DE VISTA

Twitter y la idiotez posmoderna

No sé si tienen twitter, esa herramienta de la red, muy de moda entre los políticos de baja política, de mensajes breves, donde cabe todo por estúpido que sea. Una especie de servicio de pequeñas soflamas virtuales o vomitonas digitales. Pues veréis, creo que twitter nos idiotiza, a la par que pervierte nuestra vida y nuestro ser social. Para aquellos que confunden el botijo con el agua decirles que no estoy llamando tontos a los usuarios de twitter. De hecho, yo mismo tengo mi cuenta.

Twitter define a la perfección nuestro mundo posmoderno. Un mundo de hípsters, de tatuajes salvajes, de perros de moda, de modas que no son modas, y ese virus se inocula en todas las partes del tejido social. Ahora se llevan las formas desiguales y rompedoras, la diferencia, la identidad, lo creativo. Porque ahora ser normal es una estupidez; ahora hay que ser "guay". Por eso no podemos consentir la estandarización, no puedo ser igual al resto de estúpidos mortales.

Este virus se inserta en nuestra mente y nos carcome hasta destruirnos por dentro. Ya no toleramos el compromiso ni ningún tipo de estabilidad. Los posmodernos somos flexibles, nos adaptamos. Somos personas viajadas, conocemos mundo, manejamos idiomas, habilidades adaptativas. El cambio es nuestra razón de ser. Lo sustantivo no tiene nada que hacer frente a lo adaptativo. En el mundo posmoderno lo que importa es lo que se adapta, lo que da beneficios. Y una sociedad posmoderna se construye formando posmodernos, es decir, formando analfabetos funcionales. Que nadie se ofenda, pero cada vez son menos los que leen un artículo, o un libro, o escuchan un discurso y comprenden su profundidad sin falta de que nadie se lo mastique.

En las relaciones sociales, el compromiso es basura, como en la distopía de Orwell donde la guerra era la paz. El amor de pareja o la amistad son posmodernos, sin compromiso, flexibles. Ya no pueden ser estables, sino temporales. Como el amor líquido de Bauman, superficial, en conexión.

Tenemos miedo al compromiso, al simple sentimiento de pertenencia a la comunidad. Comunidad es compartir y compartir, y eso es malo. El individualismo borra los vínculos de origen, somos los marineros del siglo XXI, con un falso compromiso en cada puerto. Los lazos que antes eran firmes ahora son volátiles y pasajeros. La primera víctima es, como en Platoon, la inocencia, pero también la solidaridad.

Las redes se convierten en el espejo en el que todo el mundo quiere mirarse. Y al final uno se confunde e identifica realidad con virtualidad.

En las redes parece que no hay ricos ni pobres. Todos somos iguales y todos podemos hacer lo mismo. O eso creemos. El objetivo es dibujar nuestra identidad. Distinguirnos de los demás. No identificarnos. La identificación lleva a la fraternidad y no está el horno para bollos. La distinción, nos hace competentes. Hoy todo el mundo quiere ser especial.

La identidad virtual es lo primero; quizás no somos nadie, pero tenemos que parecer que sí lo somos. Los de Mayo del 68 nos lo advirtieron: ¡os importa más el parecer que el ser!

Twitter, y demás plataformas, es el mundo posmoderno, donde no prima el conocimiento sino la inmediatez de un mensaje facilón. Discursos simples que hacen un mundo de analfabetos funcionales, incapaces de leer cinco párrafos seguidos. "No tengo tiempo" es el gran mantra o eslogan social. Nadie tiene tiempo para leer, para escribir, para estar en silencio consigo mismo o para mirar a sus conciudadanos. Pero a todo el mundo le sobra el tiempo para intentar ser uno más en el mundo de la pantalla y la falsedad.

Creo que esta crisis no es sólo económica sino también política, social y de valores. Por eso es necesario volver a reconfigurar nuestros valores de acuerdo a la sociedad que queremos... No podemos vivir a golpe de cliks, no podemos gobernar a base de frasecitas bonachonas y simplistas, no podemos encontrarnos tras un cristal de mentiras, no es posible construir relaciones sobre falsos perfiles, no podemos reducir la comunicación a pequeños dardos amenazantes, no podemos creernos especiales cuando nuestra identidad se forja a base de eslóganes que otros nos dictan. Así que, despertemos del sueño que nos idiotiza y vivamos la realidad, la única que merece ser vivida.

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