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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Herir la sensibilidad

La serie de The Crown reaparece con una nueva entrega de capítulos dedicado a uno de los misterios del mundo: la supervivencia de una monarquía en su más mohoso abolengo, algo que contradice la conjetura de que cualquier tradición acaba pisoteada por la modernidad. La idea, en el caso británico, parece no cumplirse, y hasta los horrores de palacio se han convertido en una sobredosis de hiperrealidad pop. En esa senda, Neftlix nos invita a ver nuevos episodios pero con la advertencia de que el espectador va a ver imágenes que pueden herir su sensibilidad. Uno piensa que es alguna escena de sexo en un pajar de Balmoral junto a la yeguada, una señal sobre la falta de sensibilidad de la Thacher con los parados o una sangrienta cacería. Pero no. Se trata de los vómitos de la pobre lady Di, que enferma de bulimia se empacha con las profundidades del frigorífico y luego se dirige a la taza del inodoro para devolver el exceso. ¿Por qué estas escenas donde se pone de manifiesto la enfermedad psicológica pueden herir la sensibilidad? No tengo ni la menor idea. Es verdad que la princesa está muerta y que es posible que se haya pensado en un gesto de respeto hacia sus hijos. Pero pienso que “herir la sensibilidad” estigmatiza a todos los enfermos de bulimia, de igual manera que a un paciente de anorexia, cáncer o sida. Una cautela, que, según la regla moral, podría encajar en un atentado terrorista, sin ir más lejos el de lord Mountbatten por el IRA, o las merluzas humillantes de la princesa Margarita, reconvertida ahora en la pastilla de sarcasmo de la extraña familia real, o frente a un suicidio. Casi todo, por desgracia, podría herir la sensibilidad de un extremo a otro. El pressing que recibió Diana de Gales le provocó una bulimia, un proceso reflejado exquisitamente en The Crown (fuera de Buckingham todo es más duro), pero que así y todo visibiliza la enfermedad. Hubiese sido perfecto dejándolo ahí, pero por una razón oculta -el canal habla de consultas con especialistas y asociaciones- se introduce la advertencia, con lo cual la situación de Diana (y de todos los enfermos) pasa a ser humillante para ellos mismos (puedes cerrar los ojos en el momento culmen o abandonar la visión por delicadeza) y hiriente. Finalmente, la bulimia forma parte de los entresijos del cuerpo, un placer que luego merece un autocastigo y, por supuesto, un mal que también puede ocurrir entre las estancias de la monarquía más poderosa. Eso sí que es una herida.

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