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Elizabeth López Caballero

El lápiz de la luna

Elizabeth López Caballero

Aprender a vivir

Hace unas semanas se estrenó en La Sexta el documental Eso que tú me das, basado en la conversación que Jordi Évole y Pau Donés mantuvieron dos semanas antes de la muerte del cantante. Siempre fui una seguidora de la música de Jarabe de palo pero, en los últimos años, lo fui aún más del líder de la banda. La elegancia y la serenidad con las que llevó la enfermedad, así como las muchas lecciones que nos dejó para que recordemos siempre, han sido sin duda su mejor legado. Mientras lo observaba y lo escuchaba hablar, con la sonda en la nariz, muchos kilos de menos y su eterna sonrisa pícara me entristecí al ver que a pesar de los (d)años seguimos aprendiendo a vivir cuando sabemos que la muerte nos aguarda a la vuelta de la esquina. ¿Se imaginan la calidad de vida que tendríamos si dejásemos de lado la falsa y arrogante idea de que tenemos todo el tiempo del mundo? ¿O si la frase “la vida es ahora” fuese nuestro mantra diario e hiciéramos hoy lo que no sabemos si podremos hacer mañana? Los seres humanos tenemos distorsionada la realidad: el amor no es de frágiles, pedir perdón no es de cobardes, reconocer nuestras debilidades no es un fracaso y la arrogancia o el orgullo no nos conducirán jamás al éxito. Qué bonito sería entender que apreciar un amanecer, una copa de vino, un paseo en medio de la naturaleza, la brisa del mar, la sonrisa de un niño, alguien a tu lado haciéndote cosquillas en el alma cuando la vida se pone seria, una tarde de sofá, peli y manta, despertar cada mañana, tener un nuevo día por delante para hacerlo mejor, estar, ser, sentir… es el verdadero éxito. En cambio, solo nos sentimos embargados de dicha, de conciencia plena, cuando vemos que todo eso a lo que habitualmente no le prestamos atención, peligra. Y quizá después de ese documental los que lo vimos estemos más sensibles, más atentos a lo que nos rodea e, incluso, nos hagamos la firme promesa de cambiar. Pero volveremos –volveré– a la rutina, al piloto automático, al ya mañana lo haré, mañana le llamaré, mañana iré. El futuro es incierto. Nosotros somos lo único real de este circo al que hemos venido a actuar. Atrevámonos a vivir porque eso es lo difícil, la muerte no es más que un mero trámite que deberíamos recibir con la certeza de haber hecho, dicho o sentido todo aquello que nos latía en las entrañas. Creo que no hay peor muerte en vida que el arrepentimiento o el miedo. La preocupación por el qué dirán de nosotros si hacemos esto o aquello. ¿Acaso importa? ¿Acaso esas personas que nos juzgan o nos dañan estarán a nuestro lado cuando tengamos que despedirnos para siempre de nuestro cuerpo? No, no estarán. Entonces, ¿para qué darles tanta importancia? A lo largo de mi vida he amado y he odiado y, sinceramente, cuánta energía se invierte en odiar y qué poco nos beneficia. En cambio amar –y amarnos– crece y sube como la marea invadiéndonos el pecho de una traviesa felicidad que nos conecta a la vida. “Vivir es urgente”, dijo Pau. Y urgente no es lo mismo que fácil pero aun así, con sus más y sus menos, y dependiendo de cómo se mire, será bonito.

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