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Olga Seco

Formas de mirar

Olga Seco

Háganme el amor cada vez que me lean

Parece que junto a la música uno se enfrenta a muchos estímulos. Hay noches que son la seducción del instrumento que tocamos y se convierten en tentativa de deseo. Creo que es difícil ocultar algo que yace junto al calor. ¡Hoy quiero ser la complacencia del erotismo e introducir en mí su irresistible veneno! Hay una magia extraña en la literatura erótica... El movimiento de las letras es una forma insólita de llegar a la raíz épica del orgasmo. ¿La disciplina intelectual es expresiva? Sí,  convierte en real lo irreal y calienta los excéntrico. Los escritores somos el nombre total de la locura y en nuestras creaciones integramos misterios para ser descifrados por el lector. Creo que, junto a lo imperecedero, se conoce el destino del futuro y se palpa el culo de las fiestas intelectuales. ¿A quién no le hierve la fantasía? Todo en la vida es coincidencia, y si a ustedes le resultan chispeantes mis columnas, hagan el favor de conservar la fraternidad y háganme el amor cada vez que me lean. Con los años uno se desprende de automatismos y se olvida de lo enraizado con lo políticamente correcto. Igual es el momento (sonrío) de sacar la lengua y empezar a dar lametones. Al más puro estilo “perra”. Escribir es una especie de gusto supremo y cada día lo mueve un encanto... Hoy soy la escuela de mi maestro José Luis Alvite. Sus razones jamás tuvieron ningún plano para instaurarse. Tiembla el espacio al mencionarlo. España siempre estará en deuda con él. Se me antoja terminar mi columna de hoy aplaudiendo sus columnas. Era único. Era el mejor. Era José Luis Alvite.

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