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Lamberto Wägner

¿ACUASLO?

Me quedé consternado el otro día al asistir a una exposición de pinturas no figurativas de difícil disfrute y encima sin la menor pista en las etiquetas a pie de lienzo:»pintura 57», «pintura 73» etc. El artista era sin duda de los que piensan que «el buen paño en el arca se vende». Yo creo por el contrario que en estos tiempos acelerados no debiera faltar un mínimo efecto llamada para enganchar al prospectivo interesado en el objeto exhibido.

Yo le recomendaría al susodicho que se fijara por ejemplo en como procede IKEA a la hora de bautizar sus productos, para captar la atención de los clientes.

IKEA es la mayor tienda de muebles del mundo. con más de 10.000 artículos en su surtido. El mismo acrónimo de la firma está formado por las iniciales del nombre de su fundador Ingvar Kamprad, seguido por las de las localidades suecas donde se crea gran parte de su producción. Se le concede una importancia capital al nombre de todos y cada uno de sus artículos. Por de pronto deben contar preferentemente entre 4 y 10 letras. Para hacer hincapié en el origen escandinavo del producto no se escatiman los nombres con diéresis y circulitos sobre algunas vocales. Se cuidan mucho de no bautizar con nombres que puedan resultar ofensivos en los idiomas de los países a los que se exporta el surtido de IKEA. Ya entrando en el detalle, las distintas categorías de muebles se ven adornadas con denominaciones nórdicas: así los artículos de jardín llevan nombres de islas escandinavas, los sofás y sillones van parejos con el nomenclator de ciudades o pueblos suecos, los textiles con apelativos de chicas escandinavas, el mobiliario de oficina con nombres de pila masculi- nos y el menaje de cocina con los de peces, setas o sustantivos descriptivos. Además de dificultar la confusión con artículos de otras procedencias o evitar que sean fusiladas denominaciones por parte de la aviesa competencia, se mantiene un carácter de familia y un aroma nórdico en la práctica totalidad del surtido de la marca.

Cambiando de tercio, es obvio el efecto del encabezamiento en artículos de prensa, donde captar la atención y la curiosidad del lector es imperativo si el autor pretende ser leído.

Francisco Umbral era un especialista en los artículos de prensa escrita y nadie pone en duda su talento a la hora de «vender sus paños», y no lo digo sólo por la machacona insistencia «en hablar de su libro». Sus más de 35.000 artículos son un modelo de reflexiones originales en dicho formato periodístico. En su rivalidad con Camilo José Cela el propio Umbral llegaba a valorar sus aportaciones a este género literario por encima de las del mismísimo Cela. Y nada de insulsos títulos como nuestro artista. En vez de «artículo 37» o «artículo 46» nos encontramos con títulos tan sugerentes y cautivadores como : «pseudoteoría de la primavera» o «estoy oyendo crecer a mi hijo». Y si me permiten el salto abismal de la obra de Umbral a estos humildes tropezones de los jueves, les confieso que a veces lo más difícil de estas reflexiones es encontrarles un título que pueda enganchar al lector. ¿Qué me dicen de «Mi otro Bentley» «¿Qué coin es el bitcoin?» «Puercas parcas» o «Microcerditos» por citar algunos títulos que tal vez se puedan salvar del olvido?

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