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Manolo Ojeda

Cartas a Gregorio

Manolo Ojeda

Con cita previa

Querido amigo, hace unos días fui al Cabildo de Gran Canaria a presentar unos documentos en el registro, pero, después de hacer la correspondiente cola, el funcionario de turno me dijo que para registrar un documento tenía que pedir cita previa.

Es decir, que, para consultar un asunto en el Cabildo, tienes que hacerlo por escrito, y para presentar ese escrito tienes que pedir cita previa. Así que, no me extrañaría que pronto tengamos que pedir cita previa para pedir cita previa…

La administración está cada vez más lejos del servicio que se supone debe prestar a los ciudadanos, para lo que se ha burocratizado de tal forma que nuestro acceso a cualquier tipo de información ha pasado a ser un doloroso viacrucis.

Para colmo de descaro, han puesto encima del mostrador de recepción del Cabildo un enorme cartel que dice literalmente: TRABAJAMOS para prestar un servicio público de EXCELENCIA, mejorar la CALIDAD DE VIDA de la ciudadanía y contribuir al DESARROLLO SOSTENIBLE de la isla.

Tampoco tiene esto nada que ver con la pandemia, puesto que, tanto las personas como los funcionarios que les atienden están obligados a usar el líquido desinfectante que ponen a la entrada, a llevar la mascarilla y a mantener la distancia de seguridad establecida. Solo parece que sea una excusa para espantar a la ciudadanía de las instituciones.

Así que, como bien podías suponer, Gregorio, le armé una buena al recepcionista que a punto estuvo de llamar a seguridad para que me echaran de allí.

Este señor me decía que aquello no era culpa suya y que fuera a reclamarle al Cabildo, y, por supuesto por escrito y con cita previa.

Lo de “No es culpa mía” es el argumento recurrente con el que se escudan los que quieren inhibirse de responsabilidades y me parece bien, pero me recuerda al caso de un sujeto que fue al ayuntamiento a pagar la contribución y, como quiera que había subido, tuvo que pedir un adelanto de su nómina para afrontarlo, lo que le supuso el retraso de un día en el pago.

Pero el funcionario le dijo que ahora tenía que esperar a que volvieran a avisarle y que esta vez vendría con recargo.

Nuestro paisano se cogió un empute con el funcionario de padre y señor mío, quién dijo que lo sentía mucho pero que no podía hacer nada porque solo era un empleado del ayuntamiento.

Total, que se fue, y al poco volvió con un martillo con el que reventó el ordenador del funcionario, que se quedó mudo del susto.

Entonces el sufrido ciudadano le dijo que no era nada personal, y que solo pretendía con su acción el vengarse ante el verdadero responsable de la entidad…

Lo que me parece que es, además de coherente, la única forma de reaccionar ante el abuso y la falta de respeto que solemos sufrir por parte de las instituciones.

Un abrazo, amigo, y hasta el martes que viene.

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