Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Desirée González Concepción

Eres lo que comes

Imagina que te ganas la lotería y te compras ese coche con el que siempre has soñado. Imagina cómo cuidarías tu nuevo coche: los mejores talleres, los mejores repuestos, la mejor limpieza, el mejor combustible… No te permitirías un descuido, evitarías arañazos, lo mimarías como a un niño,… Nos ha tocado algo mejor que un coche, a la mayoría de nosotros nos ha tocado el gordo; un cuerpo en el que habitar, un cuerpo con capacidad de pensar, un cuerpo para sentir, un cuerpo para toda la vida. Realmente es lo más valioso que tenemos, nuestro cuerpo nos habla todo el tiempo, pero, muchas veces, hacemos oídos sordos y preferimos escuchar el motor de nuestro ansiado vehículo.

Peluquerías a tope, centro comerciales abarrotados, la cirugía estética a la orden del día,… Es cierto que cada vez dedicamos más tiempo y presupuesto a cuidar nuestra imagen; un precioso envoltorio como carta de presentación… sin embargo desatendemos el verdadero regalo, un regalo que, a priori, no es visible a los ojos de los otros: nuestra salud.

«Sea el alimento tu medicina y la medicina tu alimento».

Hipócrates ya destacaba con esta célebre frase la importancia de una alimentación adecuada para mantener una salud física y mental. Muchos siglos después de que el padre de la medicina enunciara esta máxima, consumimos cada vez más medicamentos y peores alimentos. Nos envenenamos con «alimentos basura» y recurrimos luego a multitud de fármacos para aliviar el descalabro. Maltratamos nuestro cuerpo y únicamente se nos enciende el piloto rojo cuando perdemos nuestra línea. Ganamos peso, pero además aumentan nuestros niveles de colesterol, de tensión arterial, de glucosa en sangre… Entonces acudimos a un especialista para que «nos ponga a dieta», pensando en recuperar nuestras curvas y no tanto nuestra salud. Paradójico que dieta provenga de la palabra diaitia que significa estilo de vida. Pienso que esa es la idea, alcanzar una filosofía de vida encaminada a cuidar nuestro cuerpo desde dentro hacia fuera. Consumir alimentos que nos nutran, que nos aporten energía, el mejor combustible para nuestro bien más preciado. Carlos Ríos, dietista y nutricionista, define este tipo de comida sana como «comida real». Una dieta que evita los ultraprocesados, que incluye frutas y verduras de todos los colores, proteínas de primera y carbohidratos de absorción lenta. Una dieta que promueve el consumo de grasas de calidad y aconseja rehuir de las dañinas grasas trans o grasas hidrogenadas.

Me llama poderosamente la atención que seamos capaces de invertir tiempo en leer las instrucciones de un nuevo electrodoméstico o de nuestro teléfono de última generación, sin embargo, hacemos la compra a toda velocidad y nos da bastante pereza echar un vistazo a los ingredientes de los productos elegidos. Debemos saber que bajo las etiquetas se esconden multitud de aditivos y azúcares camuflados; conservantes, colorantes, emulgentes, espesantes, estabilizantes o edulcorantes entre otros. Productos químicos que tomamos a diario sin ningún tipo de nutrientes y sin ningún tipo de pudor. Comida artificial, comida de mentira, que es la culpable de nuestra falta de energía o nuestros cambios de estado de ánimo.

Parece que el avance de la tecnología en el caso de la alimentación, esta «comida cómoda» ha resultado ser una involución; sin duda comemos más cantidad pero peor calidad que hace 50 años. Abogo por recuperar el arte de cocinar con ingredientes naturales, por masticar despacio, por disfrutar de los sabores,… porque la comida no es un trámite, tampoco debe ser simplemente una excusa para relacionarnos con los otros, porque los abusos los pagaremos a corto o a largo plazo. De la misma manera que derrocharíamos atenciones con nuestro flamante coche, deberíamos «atendernos» reflexionando antes de ingerir nuestros alimentos y cuestionarnos, ¿de verdad supondrán fuente de salud para nosotros?

Compartir el artículo

stats