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Rubén Reja

En voz baja

Rubén Reja

Los retos del Metropole

El Club Natación Metropole está inmerso en una de las pruebas más cruciales de su historia. Regeneración y tradición deben ser el combinado que marque su inexorable futuro. Reinventarse para avanzar con ilusión y entrega máxima es el objetivo inmediato, pero sin olvidar en ningún instante su esencia primigenia: el socio. Sobre todo, cuando a lo largo de su historia se han cometido graves errores de gestión y también se han tenido grandes aciertos, que deben servir de acicate.

La máxima transparencia y la comunicación son imprescindibles en el mandato que inicia ahora el equipo de Alberto Santana, que por solo once votos de diferencia se ha alzado con la presidencia del Metropole. Un angosto margen que evidencia la fragmentación de un club que necesita del empuje de todos para avanzar. Tender la mano al otro candidato Carlos Herrera y a quien representa será beneficioso para el conjunto.

La entidad, que no vive al margen de la crisis pandémica, lastra una inquietante deuda de medio millón de euros y ha perdido más de mil socios en poco más de dos años. Bajas lastradas en parte por el embate del maldito Covid. Es hora de ‘tirarse’ a la piscina de cabeza y buscar medidas reales que refloten un club que ha sido y será referente de la natación en Europa y de la sociedad canaria.

La refinanciación de la deuda a largo plazo y controlar los gastos corrientes sigue siendo vital. Medidas impopulares como tocar la cuota de los socios no sería bien recibido, pero factible.

La renovación urgente de unas deterioradas instalaciones, que acumulan demasiado retraso, son el próximo paso. La captación de nuevos usuarios, optimizar servicios y recursos y agudizar el ingenio, lejos de ambiciones personales ni fuegos de artificio, se antoja necesario para evitar la quiebra y devolver el pulso a este octogenario de la natación. Un club que sólo con humildad, unión y trabajo podrá emerger de la apnea forzada en la que se encuentra para volver a sentirse campeón. Reto asumible, pero no exento de dificultad. Comienza una competición contra reloj cuyas ‘brazadas’ hacia el futuro deben ser firmes y donde tiene que primar por encima de todo el interés de sus socios y la unidad.

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