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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Ánxel Vence

Crónicas galantes

Ánxel Vence

Metano en el Madrid profundo

A las pobres vacas, que con nadie se meten, las vienen cargando los científicos con una parte de la culpa del cambio climático por llenar la atmósfera de gases de efecto invernadero. Cosas de esa porción de España profundamente agropecuaria que al parecer vive en el atraso.

Ahora han venido los satélites y las tecnologías de la Agencia Espacial Europea a chivarse de que las cosas no son exactamente así. En las imágenes que tomaron de la Península se observa muy gráficamente que los grandes emisores de metano son los vertederos de basura que aún quedan en España y, particularmente, dos de ellos situados en el Madrid profundo.

Esos estercoleros situados cerca de la capital emitieron el pasado agosto 8.800 kilos de metano por hora, o lo que es lo mismo: la mayor cantidad observada por los satélites en toda Europa. A los analistas de la mentada agencia europea no se les ocurre otra comparación con los basureros madrileños que la de un par de vertederos situados en Bangladesh y en Indonesia.

¿Vertederos a estas alturas del milenio? En los documentales de National Geographic o de La 2 suelen aparecer algunas de estas instalaciones, si bien lo habitual es que estén en la depauperada India, en algunos países de la América Latina y, generalizando, en aquellas naciones de economía y desarrollo más bien escasos.

Tampoco hay que simplificar. Los vertederos, incluso de basura orgánica, están autorizados bajo la prolija reglamentación de la Unión Europea, por más que esta aspire a conseguir una cierta proporción de reciclaje en las próximas décadas. De momento, y en España, se sigue vertiendo más de la mitad de los cuantiosos residuos que generan la población y las actividades económicas.

Nada de esto ocurre en Alemania, Dinamarca, Suecia, Austria, Bélgica o los Países Bajos antes llamados Holanda, por citar algunos ejemplos de lugares que apenas cuentan con vertederos. Han logrado librarse de esos depósitos de porquería sin más que reciclar y/o quemar los desechos para convertirlos en fuentes de energía.

Tal podría hacerse en los vertederos detectados en Madrid. De hecho, una directriz de la UE estableció hace ya veinte años la exigencia de que el metano emanado de las montoneras de basura se utilice para producir energía. Solo que eso, al parecer, cuesta la adquisición de la tecnología necesaria y, por tanto, dinero.

Ningún rastro significativo de metano se observa, sin embargo, en los mapas satelitales de las zonas de España en las que abunda y hasta sobreabunda la ganadería.

No deja de ser esto un acto de justicia con las vacas, acusadas años atrás por la FAO de contribuir al roto de la capa de ozono a cuenta de los gases que expelen por sus tubos de escape naturales, más nocivos aún que los de los coches. Las emanaciones de su estiércol y las estruendosas ventosidades que salen de sus intestinos convertirían a estos cuadrúpedos de dulce apariencia en elementos contaminantes de mucho peligro.

Felizmente para ellas y sus afligidos ganaderos, la Agencia Europea del Espacio ha venido a constatar que las grandes nubes de metano proceden de los vertederos: y hasta se atreve a señalar como contraejemplo dos de los cuatro existentes en Madrid. No sería bueno deducir que esto es propio de la España profunda, porque tales simplificaciones suelen ser injustas. Evitemos, por una vez, meternos en profundidades.

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