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José A. Luján

Piedra lunar

José A. Luján

Julio Viera, pasión creativa

Julio Viera, pasión creativa.

Cuando la tarde del último día de agosto nos disponíamos a colgar en el cálido gabinete que tenemos en nuestro pueblo natal el retrato a plumilla que nos hizo Julio Viera, un volcán de sensaciones y recuerdos se acumularon en el tiempo de tal manera que nos hizo humedecer los ojos. Aquel sería el lugar definitivo donde la pincelada quijotesca o daliniana del «genialísimo» ocuparía de manera permanente un rincón de nuestro espacio personal.

De sus genialidades tuvimos pronta noticia en nuestra etapa de bachillerato a través de la exposición de su obra surrealista que casi cada año solía colgar en la galería Wiott, en Triana. La Escuela Luján Pérez fue el lugar de su proyección plástica, bajo la égida de Felo Monzón. Escribe Julio: «Creo que el más intelectual de los artistas canarios (que conocí personalmente) fue el gran pintor abstracto Felo Monzón. Me prestaba sus grandes libros de arte de su extraordinaria biblioteca, además de facilitarme revistas y ofrecerme su consejo artístico». Años más tarde, la prensa recogía su viaje a Europa con sólo 23 años, junto con el lanzaroteño Leandro Perdomo cuando ambos cogen la caña y se aposentan en Bélgica con el fin de trabajar en una mina de carbón. Lo que podría ser rutinario, se convierte en una excentricidad al buscar en el carbón una fuente de inspiración, llegando a realizar en aquellas negras profundidades del pozo minero una exposición con algunos de sus cuadros.

Entonces, como bachiller, sin tener claras las perspectivas de los movimientos artísticos, y siguiendo las informaciones de la prensa, sentimos una gran curiosidad por las extravagancias de este pintor nacido en San Cristóbal y pudimos deducir que tenía hambre de mundo. Vivía de su producción artística en París donde pasa diez años en las cuestas de Montmartre, y tras la decepción del mayo del 68, con su espíritu inquieto Julio se aviene a surcar las rutas del mundo, visitando muchos países e impregnándose de culturas exóticas, sin llegar a regresar a la isla. Con el tiempo, se aposentó en Palma de Mallorca. Dos obras suyas de gran formato El Cristo del Atlántico y El Cristo Negro se hallan en la pinacoteca Vaticana y que él mismo entregó al papa Pablo VI. Cuando cumplió los 80 años, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, por iniciativa del catedrático don Antonio de Bèthencour, su familia, algunos miembros de la Escuela Luján Pérez y un grupo de amigos fuimos convocados en el frontis de su casa natal, en el Paseo de San Cristóbal. Allí dijimos unas palabras y se descubrió una placa conmemorativa. Al recorrer las estancias de su casa, comprobamos la ingente obra allí acumulada, pero con la tristeza de su estado descuidado, donde el marismo y la humedad se apoderaban de los lienzos. Ninguna institución movió una pestaña para intentar salvar aquella obra que ofrece un lenguaje propio.

A raíz del centenario de la Escuela Luján Pérez (1918-2018), y como coordinador editorial del libro «Itinerancias» (Mercurio Editorial, 2018), en el que intervinieron más de cincuenta personalidades y artistas de nuestras islas, lo invitamos a participar en esta publicación colectiva, hecho que cumplió puntualmente con un texto de referencias autobiográficas y el dibujo de un volandero Chacalote de San Cristóbal (2014). En el gráfico no pudo faltar el sempiterno icono del Castillo de San Cristóbal ni las barquillas de los pescadores del barrio marinero. Desde algunos años antes, cada Navidad nos remitía una felicitación a la que acompañaba un ingenioso texto referido al Año Nuevo, y siempre dirigida al imaginario «cronista de San Borondón».

La figura de Julio Viera, aun habiendo pasado setenta años fuera de la isla, está unida a la memoria del barrio marinero de San Cristóbal, a los callaos de su costa, a la rompiente en los muros centenarios de su Castillo, a la orientación artística emanada de los profesores de la Escuela Luján Pérez. El patrimonio plástico de la isla está pidiendo a voces el rescate de su obra, como testimonio de una singular trayectoria creativa.

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