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Entrevista | Mercé Brey

"Lo femenino es útil para las empresas si hay espacio para las emociones"

"En las relaciones laborales vemos que existe un brecha salarial del 30%", destaca la experta en diversidad y CEO de la empresa Blue Transforming Power

Mercé Brey.

Mercé Brey. LP/DLP

Mercé Brey es la fundadora de Blue Transforming Power, desde donde ofrecen a personas y organizaciones herramientas de transformación para poder alcanzar su mejor versión. El hecho de haber estado casi treinta años en banca a cargo de distintas responsabilidades siempre vinculada a la internacionalización de las empresas, llegando a ocupar la presidencia de una Cámara de Comercio, y tras haber sido miembro de distintos consejos y comisiones, le ha regalado a esta mujer de negocios una valiosa experiencia y una visión de las organizaciones desde un ángulo privilegiado.

¿Cómo se puede explotar el talento femenino aplicado a la gestión empresarial?

En las relaciones laborales vemos que existe un brecha salarial del 30% lo que implica un punto más de margen neto de beneficio. Hay que trabajar ahí y ver qué hacemos las mujeres para contar con una mayor flexibilidad. La diversidad no es cuestión de género. Lo que enriquece no es que haya mujeres en los ámbitos de dirección de las empresas sino que lo femenino pueda expresarse tanto en hombres como mujeres. Lo femenino se traduce en una mayor capacidad de empatía, consenso, colaboración e intuición. Se habla de que lo femenino es rentable para las empresas siempre que existan esas características que permitan la convivencia de la diversidad.

En su libro Eres lo mejor que te ha pasado... ¡quiérete! habla de aprender a gestionar las energías que habitan en uno y así reencontrar el equilibrio. ¿Hace falta seguir trabajando en la autoestima de las mujeres?

El problema de la sociedad es que existe un desequilibrio entre lo masculino y lo femenino. Impera más la racionalidad y la lógica de lo masculino y hay poco espacio para las emociones, lo que impide que las personas nos podamos desarrollar completamente.

En tiempo de fuga de talentos al exterior, ¿cómo se puede potenciar el talento en clave femenina?

La primera necesidad pasa por romper con las reglas del juego. El patriarcado no deja mucho margen de acción. Sería deseable equilibrar el exceso de energía masculina existente en la sociedad. El exceso de esta energía ha dado lugar a un patriarcado que casa con la intolerancia, el individualismo, el materialismo? Y la sociedad necesita mayor sensibilidad, empatía, tolerancia, cooperación... Las organizaciones con exceso de energía masculina ahogan las posibilidades de la energía femenina, y eso dificulta que puedan ser tolerantes y cooperadoras, y que vivan permanentemente compitiendo. Una encuesta en la empresa HP desveló que el hombre se presentaba a una vacante con un 60% de preparación mientras que la mujer lo hacía cuando se encontraba al 120%.

La conciliación continúa en el centro de la vida pública. ¿Llegará a superarse el reto?

Hablar de conciliación da la sensación de que es el hombre el que ayuda a la mujer. A mí me gusta hablar de corresponsabilidad y de maternidad y paternidad. Eso son relaciones entre iguales. Me gusta más ese concepto. En otras épocas se construían catedrales e iglesias porque ese era el lugar donde transcurría la vida cotidiana. Ahora la vida gira alrededor de fábricas y edificios de oficinas. Es ahí donde hay que trabajar por la corresponsabilidad.

¿Las jornadas reivindicativas del 8 de marzo o el 25 de noviembre siguen siendo necesarias para mantener activa la lucha por visibilizar los problemas de las mujeres?

Desgraciadamente siguen haciendo falta aunque espero que algún día no existan esas fechas.

¿Qué nos hace diferentes a las féminas?

No se trata de una cuestión de sexos, sino de energía. Somos seres energéticos, que gestionamos energía masculina y femenina. La femenina se identifica con la empatía, la colaboración, la tolerancia, la capacidad de comunicación, escucha, generosidad... Cualidades todas ellas que hacen mucha falta en el mundo en que vivimos para equilibrar contra la intolerancia y la competencia desaforada. Cuando se necesita crear, el ser humano debe acudir a la energía femenina; pero para activarse y ponerse en marcha es necesario la masculina. Una vez en marcha un proyecto, hay que volver a recurrir a la energía femenina, para seguir creando. Y así sucesivamente. Se trata de un juego de equilibrios.

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