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Sobrevivir a la prostitución

La activista feminista Amelia Tiganus, referente en la lucha contra la trata, urge a "tomar medidas para garantizar los derechos de las mujeres"

La activista feminista Amelia Tiganus.

La activista feminista Amelia Tiganus. LP

El infierno que vivió la activista feminista Amelia Tiganus en las redes de la prostitución y la trata de mujeres, donde fue explotada desde los 18 a los 23 años en más de 40 prostíbulos del territorio nacional, ha impulsado su lucha activa contra lo que denomina como "campos de concentración exclusivos para mujeres empobrecidas". Así lo manifestó en su intervención en el marco de las Jornadas sobre Prostitución y Trata que acogió esta semana la Casa-Museo Pérez Galdós y donde, bajo el epígrafe La revuelta de las putas, relató su propia experiencia con el propósito de "hacer un llamamiento a la lucha social y la reivindicación, con el fin de evitar que las mujeres que nunca han sido prostituidas caigan en estas redes y, por supuesto, para que las que ya estén dentro no se encuentren desamparadas".

En esta línea, Tiganus advierte sobre "la necesidad de romper con la dicotomía entre prostitutas y santas, para poder reconocer a todas las mujeres como iguales". "El sistema nos sigue castigando con el estigma y nos hace creer que merecemos vivir todas las situaciones horribles que acontecen en esos clubes", detalló Tiganus, "esto no lo podemos consentir bajo ningún concepto".

Despersonalización

La activista se refiere a los prostíbulos como "campos de concentración" porque "en ellos la despersonalización más absoluta y la denigración de la dignidad humana cobran especial protagonismo". "Durante las 24 horas del día hay que ser y hacer lo que los proxenetas quieran. De hecho, deciden hasta cuándo puedes comer y dormir", revela. "A esto hay que sumarle que en estos lugares las mujeres están sometidas a la voluntad de los clientes, por lo que la penetración se convierte en una auténtica tortura".

Sin embargo, Tiganus relata que cuando cinco años después logró escapar de esas redes, puesto que "tras haber colapsado física y psicológicamente, el sistema prostitucional consideró que era una mujer desechable y me dejaron marchar", la realidad le marcó un nuevo pulso porque "me encontré con una sociedad que no estaba preparada para recibirme, y mucho menos para escucharme". "La gente tiende a tener muchísimos prejuicios, lo que alimentaba aún más mi culpabilidad, mis miedos y mi sentimiento de vergüenza", confiesa.

Pero Tiganus emprendió una nueva vida como superviviente y se ha convertido en una de las activistas más comprometidas con la lucha contra la explotación sexual y la prostitución en España, donde, a su juicio, se desprotegen los derechos de las mujeres y se perpetúa su situación de vulnerabilidad. Una de sus críticas principales carga contra el limbo legal en que se desenvuelven estas redes a escala nacional, de tal manera que "el Estado, a pesar de asegurar que está a favor de la igualdad, condena a las mujeres a la discriminación al no poner medios para acabar con estas mafias"."Si tenemos en cuenta que España es el país de Europa que mayor prostitución consume y el tercero del mundo, después de Tailandia y Puerto Rico, la situación se agrava", indica. "Nos estamos convirtiendo en un importante destino de turismo sexual, por lo que urge tomar medidas eficaces para garantizar los derechos de las mujeres".

Asimismo, Tiganus destaca que la lucha feminista que ha tomado las calles y el debate social en los últimos años ha contribuido a la concienciación sobre la situación de desigualdad que promueve el sistema prostitucional y hace hincapié en la alienación que sufren las mujeres en las redes de explotación y consumo sexual. "Las mujeres sufrimos un gran desgaste físico y psicológico, tenemos mucho miedo a contraer enfermedades de transmisión sexual y llegamos a creer que no somos humanas y que simplemente somos mercancía", sostiene. "Lo peor de todo es que estamos completamente anuladas y desamparadas en unos recintos que, desgraciadamente, son considerados espacios de ocio y diversión para muchos hombres". A este respecto, concluye que la prostitución y la trata es el legado de una sociedad machista: "Estamos ante un negocio que mueve muchísimo dinero. Lo que está claro es que la prostitución ha sido creada por ellos y que a algunos les sirve para enriquecerse y, a otros, para reforzar su masculinidad patriarcal".

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