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Más conciencia y medidas igualitarias en la cultura isleña, pero la lucha sigue

Las representantes del sector en Canarias coinciden en que el feminismo ha comportado cambios importantes en los últimos años

La fachada del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) se ilumina cada 8 de marzo por el Día de la Mujer.

La fachada del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) se ilumina cada 8 de marzo por el Día de la Mujer. LP / DLP

En la medida en que el sector de la cultura y las artes se configura como un espejo de la sociedad en que se incardina, y que nos devuelve por tanto un reflejo crítico, reflexivo y creativo de lo que somos, uno de sus fundamentos de base consiste en la representatividad plural, equilibrada e igualitaria de voces y expresiones.

En el caso concreto de la representación igualitaria entre hombres y mujeres, este horizonte se manifiesta más como una reivindicación -cada vez más firme- que como una realidad efectiva en el conjunto del sector, desde la urgencia de promover y garantizar una presencia equilibrada en el entramado laboral vinculado a la cultura y el empleo total, donde persiste una menor proporción de mujeres con respecto a hombres, hasta el punto final a situaciones de violencia machista que se reproducen en el ámbito profesional como son los acosos, abusos, la brecha salarial o la conciliación familiar.

El pasado 2017 se instituyó como el año decisivo en el que, a escala internacional, las mujeres de la cultura en sus distintos ámbitos de producción, creación, gestión o investigación, se alzaron contra un sistema patriarcal que las excluía y discriminaba. Desde entonces, en los últimos años se han materializado avances en dirección al cumplimiento de la igualdad de género, pero esta exigencia aún exige mantenerse "alerta" o como observatorio de la realidad -lo que constituye, además, la naturaleza del arte- para no desviarnos de este camino feminista que se corresponde con nuestros derechos fundamentales.

En las coordenadas específicas de Canarias, muchas representantes del sector coinciden en que se ha avanzado mucho en materia de "concienciación y sensibilización social", así como en políticas y medidas de acción positiva para una representación igualitaria de mujeres y hombres en el sistema cultural, intelectual y artístico de las islas. Aunque la reivindicación feminista de un marco de igualdad para el reconocimiento de los derechos de las mujeres se retrotrae al artículo 26 de la Ley para la Igualdad efectiva de mujeres y hombres, del 22 de marzo del 2007, los informes del Observatorio de Igualdad de Género en el ámbito de la Cultura, que hoy se erige en la referencia nacional en cuanto a indicadores estadísticos culturales desglosados por sexo y disciplinas culturales, registran todavía "diferencias significativas por sexo", con una menor proporción de mujeres en el ámbito cultural, cifrada en el 39,1%, frente al 45,5% del conjunto de la economía española.

En esta línea, la artista visual, docente e investigadora grancanaria Nira Santana, referente y experta en género, arte y videojuegos, se refiere a esta realidad en Canarias en términos de evolución, aunque con falta de afianzamiento y profundización en algunos aspectos. "Mi opinión es que hemos avanzado mucho, que cada vez hay más conciencia de género y que desde las administraciones públicas que gestionan la cultura en Canarias se ha tomado conciencia y se han articulado medidas", expone. "Pero creo que todavía falta un marco común con una metodología o praxis concreta, que pueda ser extensiva a otras islas y administraciones, no solo a nivel archipielágico o insular, sino también municipal", añade.

En este sentido, Santana sostiene que "ese debería ser el reto, porque todavía no tenemos en Canarias un documento marco que sea un referente para todas las administraciones que gestionan la cultura". En cuanto al campo específico de las artes visuales, la experta señala que "aún no se ha hecho un análisis sobre el reparto de la financiación pública en relación a subvenciones o becas con perspectiva de género dentro de los centros o salas de arte".

"Creo que no solo debe hacerse un análisis cuantitativo en lo que se refiere al número de hombres y mujeres que exponen, sino también del reparto de la financiación pública. Y creo que también nos falta que esas buenas prácticas -que muchos centros o salas de arte me consta que están articulando- sean públicas y que, en un ejercicio de transparencia, podamos ver publicadas esas memorias anuales con perspectiva de género, también como una forma de extender esas buenas prácticas", concluye.

Santana forma parte del colectivo feminista Artemisia Mujeres+Arte, que aglutina artistas, gestoras culturales, investigadoras y ciudadanas comprometidas por la perspectiva de género en el ámbito de la cultura en las islas. "Creo que el activismo es necesario porque, por desgracia, la historia nos ha demostrado que este no es un camino que evolucione necesariamente, sino que también puede involucionar, así que tenemos que seguir velando por que las leyes se cumplan hasta que pasemos de la igualdad formal a la igualdad real y efectiva", concluye.

Por su parte, la actriz y dramaturga grancanaria Irma Correa coincide en que el ámbito de la cultura y las artes constituye un espacio tradicionalmente desigual en cuanto a que refleja "un mundo dominado por leyes patriarcales". Sin embargo, sostiene que hoy en día "creo que estamos caminando hacia la concienciación de forma evidente".

"En el ámbito de la escritura, creo que las mujeres nos sentimos ahora más seguras a la hora de hablar y de reivindicar", reflexiona. "Antes nos sentíamos más cohibidas y ahora nos sentimos más apoyadas a escala social, que es algo fundamental para desarrollar nuestra libertad creativa". Además, la autora, que acaba de ser nominada alos prestigiosos premios Helen Hayes, en Washington D. C., por su obra El viejo, el joven y el mar, observa que "esta mayor concienciación de género ha supuesto una situación menor de micromachismos y que el trabajo de las mujeres no sea valorado con lupa o con desdén, sino desde una posición de igualdad y horizontalidad".

En este sentido, Correa recuerda que sus inicios en 2002 entrañaron muchos más obstáculos y barreras por el hecho de ser mujer. "Cuando yo empecé había una diferencia muy grande y a las dramaturgas nos costó muchísimo que se nos tomara en serio", revela. "Siempre fuimos consideradas, y hasta cierto punto seguimos siéndolo, como programación de segunda. Y aunque yo he tenido la suerte de que los premios que he recibido me diesen un apoyo adicional, aún así he sentido siempre, como mujer, que mi trabajo iba por detrás del de los hombres, o que era menos serio", añade.

A su juicio, esta situación ha dado un vuelco "en los últimos dos o tres años, si me apuras, como mucho", opina Correa, pero coincide, a su vez, en que el fenómeno ya es imparable, porque "ha calado tanto en mujeres como en hombres". "Y así es como debe ser, porque el feminismo no es una reivindicación solo de mujeres, sino de todos y todas como sociedad", concluye.

Con todo, Betzabel Colina, productora independiente desde hace cinco años y que ha trabajado como técnica en el sector cultural desde hace 20 años, suscribe que "el panorama ha mejorado muchísimo para las mujeres". "No hace tanto que los hombres eran las únicas caras visibles de las productoras y, aunque había muchas mujeres que trabajábamos en la producción, siempre estábamos en la oficina o en la trastienda", apunta. "Pero hoy en día somos muchas más mujeres las que somos imagen de las empresas y, en este sentido, creo que hay un movimiento importante de empoderamiento en el que lo que nos queda es un camino importante y progresivo a la hora de igualarnos por completo".

En cuanto a su vivencia personal, la productora destaca que "cuando trabajaba de técnica hace años me encontraba muchas situaciones machistas, pero hoy puedo decir que me siento muy respetada y además muy querida". "También es cierto que yo soy muy echada pa'lante, que le he echado ovarios y que mi actitud ha sido la de trabajar duro para ganarme el hueco", concluye.

Ámbitos

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Con todo, los estudios recientes del citado observatorio destacan que las mayores proporciones de mujeres en el empleo cultural residen en actividades de edición de libros o periódicos (45,5%), así como en actividades relacionadas con bibliotecas, archivos y museos, cifradas en un 56,1%, frente al 43,9% de hombres. La menor proporción se observa en artes gráficas, grabación, reproducción de soportes, edición musical, fabricación de aparatos de imagen y sonido e instrumentos musicales, con un 27,1% de mujeres frente al 72,9% de hombres.

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