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Día de la Mujer

"Mujeres, no se dejen humillar"

Gabriela Sánchez, de 87 años y ejemplo de activismo anónimo, relata junto a su hija, la actriz Blanca Rodríguez, una vida de sacrificio a la que ella le plantó cara para sacar adelante a sus cuatro hijos

"Mujeres, no se dejen humillar" YAIZA SOCORRO

Un móvil graba el encuentro entre Gabriela Sánchez y Blanca Rodríguez, su hija. Una mujer Gabriela que hoy, 8 de Marzo, abandona por primera vez su anonimato para, como demuestra, reunir sobrados méritos para construir un alegato rotundo por la igualdad. Enviudó dos veces y ha vuelto a la escuela donde se encuentra con amigas mayores que ella. Hoy es nuestra mujer. Cuando está mala o está muy mala, cuando recuerda sus penurias -"bueno", dice, "es que era así"- y cuando le hablo de su hija actriz y de sus éxitos, sin abrir la boca lo dice todo. "Mari", me confiesa Blanca después, "no le gusta hablar de mí para no presumir". Gran mujer Gabriela.

Gabriela Sánchez nació el 23 de noviembre de 1932 en Santa Lucia de Tirajana, tiene 87 años y se quedó huérfana de padre con 12, lo que le complicó la vida porque asumió responsabilidades más propias de un adulto como es hacerse cargo de la casa y la labranza; es decir, cuidar, plantar, hacer la comida, ayudar en el hogar, regar, coger los frutos? En suma, hacerse mayor sin tener la edad para otra cosa que no fuera jugar. Vivir. Desde la casa familiar de Santa Lucía de Tirajana hasta las tierras que debía cuidar había quince kilómetros que la niña recorría cada día a pie con frio, lluvia, viento y cansancio. "No, hambre no pasé", contará luego.

La querida Gabriela sabe de amores que duelen porque nunca superó la muerte del primer amor, Tomás Rodríguez, el hijo del maestro del pueblo de 22 años fallecido en un accidente. Ella tenía 19 pero con los años otro hombre entró en su vida, un hermano de Tomás, Manuel, con quien contrajo matrimonio y fue padre de sus cuatro hijos: María Amparo, Manuel Victoriano, Blanca Esther y Juan Tomás. Ellos han sido el colchón de Gabriela en el afecto, cuidados y atenciones.

Una de sus hijas es la actriz canaria Blanca Rodríguez que estos días recoge el éxito ya maduro con la serie El Pueblo, de Telecinco, donde es una de las protagonistas principales. Antes, como ya es sabido, la trayectoria de Blanca ha sido larga y trufada de éxitos. La de Gabriela, por su parte, una vida dura, de supervivencia silenciosa. "Yo le repito a mis hijas: ¡No se dejen humillar! ¡Siempre con la cabeza alta!", asegura la octogenaria protagonista de esta historia.

Blanca pasó la mañana del jueves ordenando y contando la vida de mamá Gabriela aunque también nuestro personaje principal aporta recuerdos que acaban anudando entre las dos: "Mamá heredó de su madre el amor por la lectura, cantar y eso de leer las novelas que venían en los periódicos hace años por fascículos. Siempre ha sido una mujer curiosa y sin haber ido apenas al colegio le interesa todo lo que pasa por su vida. Ha vuelto a la escuela donde hace dictado, lee? Todo en la misma aula de cuando era niña En fin, esas cosas", cuenta Blanca. "El colegio está cerca de casa y allí se reúne con sus compañeras, aunque alguna que otra ya han fallecido", añade la intérprete.

A Gabriela Sánchez le gustan los refranes y los versos y para muestra recita el que le dedicó a su fallecido primer marido: "No hay amor como el primero, aunque el segundo lo valga el primero se lleva la ilusió más grandes".

Cuando su marido consiguió un trabajo en las Jardineras Guaguas de Las Palmas de Gran Canaria la familia se trasladó a vivir a la capital pero nunca se desvinculó de Santa Lucía. "Siempre que podíamos toda la familia pasaban veranos, vacaciones y fiestas de guardar en el pueblo", recuerda este tándem.

Viuda por segunda vez

Cuando volvió a enviudar y quiso alejarse del pozo de la depresión que la acechaba, Gabriela se refugió en la crianza de sus nietos que la adoran pero cuando cada cual eligió un camino, los estudios fundamentalmente, Gabriela regresó a la amada Santa Lucía, a su casa, a ocuparse de nuevo a la labranza, de las flores de su familia "con la tranquilidad y la alegría que le da la salud que tiene", dice orgullosa su hija.

"Nunca se queja, nunca le duela nada, siempre le quita importancia a las cosas que otras personas viven como un drama. Mira, una vez, hace unos años, notamos que no manejaba bien una pierna, cojeaba levemente. Un día le preguntamos y su respuesta fue que no era nada. Sin embargo", prosigue la actriz, "nosotros sospechamos que en ese tiempo no había médico en Tirajana y ella no quería dar la lata; es un mujer muy fuerte".

Es fácil que a Gabriela Sánchez la quieran tanto y lo que aún resulta más curioso, que sea gente de distintas edades y vecinos y amigos de sus hijos e hijos de sus compañeros de clase; amigos y amigas de su hija... Fue simpática, en una de las gestiones previas a este reportaje, una llamada realizada a su casa preguntando por Blanca: Gabriela se acordaba perfectamente del nombre de quien la llamaba sin haber hablado jamás con ella.

En compañía de 'Hans'

Pero Gabriela no es perfecta y duerme con un amor de cuatro patas que le calienta las piernas. El único ser al que deja subir a su cama "por los pies". El afortunado es Hans, un perro de 17 años al que cuida y del cual recibe esa mirada de amor leal y vigilancia. Una tiene la impresión de estar hablando de una mujer irrepetible pero seguramente dentro de unos meses nos encontraremos con otra de su quinta con la misma fortaleza, coraje y generosidad que Gabriela.

Tiene como religión que de su casa nadie se va con las manos vacías. Teniendo en cuenta que tiene mano para la cocina, la repostería sus bizcochos, su chocolotada, su pan bizcochado, la verdura o la fruta siempre están preparadas para recibir a quien la visita. El jueves mismo, Yaiza Socorro, la compañera que hizo las fotos se fue a la carrera y no se llevó nada; un disgusto para la gran Gabriela.

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