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Ayudar a vivir o a morir

Dos especialistas en cuidados paliativos, Marcos Gómez y Alfonso García, confrontan sus puntos de vista sobre la ley de la eutanasia

Ayudar a vivir o a morir

España va camino de convertirse en el cuarto país europeo –después de Holanda, Bélgica y Luxemburgo– y en el sexto de mundo en despenalizar la eutanasia. Aunque el debate social y ético lleva décadas en boga, el Congreso aprobó hace diez días una ley para despenalizar el acto de poner fin a la vida de una persona con una enfermedad incurable, invalidante, grave o crónica, con la intervención de un profesional de la sanidad. Si bien, se trata de una norma no exenta de polémica y a la que todavía le queda por sortear la votación del Senado, que previsiblemente la ratificará en 2021. Esta ha sido la tercera vez que la Cámara Baja estudiaba la proposición de ley presentada por el PSOE, dado que los dos intentos anteriores decayeron; el primero porque PP y Ciudadanos obstaculizaron su avance y, el segundo intento fracasó debido a que en ese momento PSOE y Podemos no habían llegado a un acuerdo de Gobierno. Ahora la norma se abre paso con un gran consenso, ya que solo PP y Vox se han opuesto a su aprobación, con duros descalificativos hacia la propuesta y hacia el Gobierno.

En el ámbito sanitario también prevalece la división de opiniones. Unos defienden la libertad personal y el derecho a decidir sobre la propia vida. Otros apuestan por mejorar los cuidados paliativos y aumentar los recursos sociosanitarios. “Lo que reclama entre líneas quien pide morir es una atención adecuada; que le controlen los síntomas y que le ayuden a él y a su familia a llevar dignamente la situación para no considerarse una carga”, explica el doctor Marcos Gómez, director del Máster de Cuidados Paliativos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC). Quien señala que realmente los enfermos “piden ayuda para vivir con dignidad”. Por el contrario, el director del Máster de Cuidados al Final de la Vida de la Universidad de La Laguna (ULL), Alfonso García, afirma rotundamente que “porque a alguien le quitemos el dolor o le brindemos los cuidados adecuados en su casa no va a cambiar de opinión”. Este enfermero considera que “eso es una falacia, porque estaríamos considerando que el otro no puede decidir sobre su propia vida”.

Ideología política

El debate sobre la eutanasia siempre está lleno de una pesada carga ideológica. Los defensores y los detractores enarbolan la bandera de la defensa de la dignidad, solo que unos se anclan en la sacralidad de la vida bajo cualquier circunstancia y los otros en el derecho a morir en libertad. Gómez destaca que la eutanasia siempre la han promovido los partidos de izquierdas porque “lo entienden como progreso”. “Yo lo veo como un retroceso”, sostiene el especialista en cuidados paliativos. Quien sostiene que “una sociedad civilizada y humana debería tener recursos para aliviar al sufriente, a los ancianos y a los enfermos crónicos. Lo contrario sería reaccionario”. Sin embargo, García estima que la “muerde dulce” no es una cuestión relacionada con la ideología política. Para él “es una cuestión de cómo consideramos al otro y qué entiende el otro por vivir un final de su vida digno”.

Ambos especialistas reconocen que a lo largo de su carrera como profesionales de la sanidad se han encontrado con pacientes que les han pedido que pongan fin a su vida. ”A cuidados paliativos, con frecuencia, los enfermos llegan con una historia de abandono y maltrato enorme y piden que acabemos con su vida”, lamenta Gómez y añade que estos pacientes pueden llegar a pasar días sin dormir por culpa del dolor y, además, están sin la medicación adecuada. “Así yo también pediría que me mataran”, afirma con sinceridad el especialista, quien relata que “al ponerles la primera inyección de morfina se acaba la demanda de la eutanasia”. En este sentido Gómez recuerda que a lo largo de sus casi 30 años al frente de una unidad de cuidados paliativos solo le han pedido la eutanasia “dos o tres veces”, pero “siempre fue una decisión reversible”. “En el momento en el que los atiendes adecuadamente y les explicas lo que podemos hacer para ayudarles, esa demanda inicial se diluye”, sentencia Gómez.

Por su parte, el vicedecano de la facultad de Enfermería de la ULL manifiesta que se ha encontrado con “muchos pacientes” que le han pedido la eutanasia. “Son raros los compañeros que trabajan en urgencias, en unidades de cuidados al final de la vida o en hospitalización que no se han encontrado en una situación así”, asevera García.

Entre la sedación paliativa y la eutanasia hay una línea delgada pero, según Gómez, “muy nítida”. “El objetivo de la sedación es que el paciente no sea consciente de su sufrimiento y el de la eutanasia es matar al enfermo”, señala contundente el experto que, además puntualiza que “para la sedación se emplean benzodiacepinas y en la eutanasia barbitúricos potentes”. Por lo tanto, “el resultado de la sedación es un enfermo dormido y el de la eutanasia es una persona muerta”.

García, quien se muestra muy satisfecho con la aprobación de la despenalización de la eutanasia, opina que la norma llega con 30 años de retraso. Sin embargo, considera que la ley “es muy garantista” y cuanta con un error importe. “Han medicalizado el concepto de morir, porque son los médicos los que tienen la potestad de autorizar la eutanasia”, recalca García. Quien, por este motivo, sopesa que la ley llega ya con la necesidad de una reforma.

Según una encuesta del Colegio Oficial de Médicos de Las Palmas, el 82% de los facultativos de la provincia están a favor de que España regularice la eutanasia por ley. Sobre este aspecto Gómez se pregunta si ese porcentaje tan elevado de médicos que está a favor de la despenalización de la eutanasia estaría dispuesto a practicarla a sus enfermos.

Los cuidados curativos se aplican a las personas que se van a recuperar, los paliativos a aquellos que están en un proceso que les va a llevar a la muerte y la eutanasia tiene que ver con pacientes “a los que les duele la vida y no quiere pasar por eso”, explica García. Quien defiende que los enfermos deberían poder elegir entre esas tres opciones. “Tendríamos que estar de acuerdo en que todos tengan el derecho a elegir la eutanasia, pero si no quiero no tengo que practicarlo”, concluye García.

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