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Volcán de La Palma

Las otras cosechas arruinadas por la ceniza del volcán de La Palma

Los agricultores han perdido hasta un 40% de su producción por el daño que provoca la acumulación de este material en naranjas y hortalizas

La lava avanza con fuerza y rapidez por La Palma La Provincia

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La lava avanza con fuerza y rapidez por La Palma Dalia Guerra

La ceniza está causando estragos en la agricultura de la isla de La Palma. No solo causa daño en los plátanos sino que también buena parte de las cosechas de cítricos y hortalizas se han visto arruinadas tras ser cubiertas por este material que expulsa de forma incansable el volcán de Cumbre Vieja. Una situación que no solo sufren las explotaciones situadas en la vertiente oeste, más cercana al epicentro de la erupción, sino también las fincas ubicadas en casi cualquier rincón de la geografía palmera. Naranjas, limones, mangas, lechugas y hasta las flores se han visto cubiertas por ella, algo que reduce la rentabilidad de los agricultores, que deben afrontar sobrecostes para tratar de salvar parte de las producciones, mientras que irremediablemente deben tirar otro porcentaje a la basura.

Otro sector muy afectado por este material son las proteas, que ya han perdido el 70% de su producción de la que viven medio centenar de familias

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Blas Bravo es uno de los productores que sufre el efecto de la ceniza. En su explotación, ubicada en Breña Alta, crecen naranjos y aguacateros cubiertos por una densa capa de este material. «La situación es complicada», advierte, ya ha perdido al menos un 30% de la cosecha de naranjas debido a las consecuencias del volcán. «La ceniza depositada sobre las naranjas, tal y como ocurre con la arena de la playa, se calienta por efecto del sol y acaba quemando la piel de la fruta», explica. Un daño que acelera el proceso de descomposición de la naranja acortando el periodo en el que está apta para su consumo.

Calabazas totalmente cubiertas por la ceniza. | | A.R.

Bravo expone que además la recolección en estas circunstancias es «costosísima» ya que se debe equipar a los trabajadores con las medidas necesarias para garantizar su seguridad ante un material que puede entrañar riesgos para la salud. Además, del sobrecoste para tratar de limpiar la fruta. «Si esto va a más va a ser prácticamente una catástrofe», admite este agricultor que asegura que se trata de un problema a escala insular y que puede poner en riesgo la supervivencia de muchos cultivos en La Palma.

Bravo insiste en que las consecuencias de esta lluvia de cenizas pueden no acabarse con esta cosecha, ya que el efecto que provoca en las hojas –quemándolas al igual que hace con la fruta– puede perjudicar al desarrollo de los árboles en la próxima temporada. «Si se quema la hoja la planta tendrá menos reservas el próximo año y va a producir peor».

Estos sectores se sienten «algo olvidados» por las administraciones, ya que el plátano –el cultivo con mayor extensión en la isla y del que dependen 10.000 familias en La Palma– concentra la mayor parte de las preocupaciones. «El plátano es importante pero nosotros también tenemos pérdidas», recalca.

Unos malos resultados que se están trasladando a las comercializadoras. La de Sodepal ya está registrando una merma en la cantidad de fruta que llega a la Central Hortofrutícola. Gregorio Morilla, responsable de la dirección de la parte agrícola de la entidad, explica que la cosecha de naranja temprana de La Palma está «prácticamente perdida» por el efecto de la ceniza del volcán, algo que también sufren limones o lechugas. «Los consumidores están acostumbrados a comprar la fruta perfecta y por eso registramos devoluciones de cajas con frutas y hortalizas», lamenta.

Bravo comprueba los daños en su cosecha de naranjas. | | A.R.

Su trabajo es tratar de darle salida a estas producciones, sobre todo a aquellas que están dañadas en el exterior pero no han perdido propiedades. «Aún teniendo que reclasificarla hablo con pequeños supermercados de la isla para que aunque sea dándoles un precio más barato se pueda sacar», recalca. Aunque no siempre es posible, como es el caso de muchas naranjas, que debido al efecto de la ceniza se estropean en un breve periodo de tiempo.

Evidencia que muy pocas explotaciones dedicadas a la naranja han comenzado a recolectar. «Están casi todas las fincas paradas», expone. ¿El motivo? Sopesar si es rentable invertir en la recolección o si por el contrario es mejor dejar que la fruta se quede en el árbol y evitar estas pérdidas. «El coste que tiene en trabajadores, en transporte y la clasificación puede no hacerlas rentables si con el destrío buena parte de la mercancía va a acabar pudriéndose en la cámara», afirma.

El presidente de la Sociedad Cooperativa del Campo Palmero (Cocampa), Miguel Bravo, señala que las pérdidas en las hortalizas alcanzan ya el 40%. «Nos preocupa mucho porque el agricultor está al límite», asegura. Una situación dramática que apunta ya ha sido trasladada a la Consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca del Gobierno de Canarias en busca de ayudas. Bravo reclama una mayor agilidad en la llegada de estas subvenciones y que se mantengan las que reciben los agricultores con cargo al Programa Comunitario de Apoyo a las Producciones Agrarias de Canarias (Posei), unas ayudas vinculadas a la comercialización de los productos, que de no producirse un cambio normativo a nivel europeo se verían reducidas por los estragos en las cosechas debido al volcán.

El agricultor Blas Bravo en su finca de Breña Alta. | | A.R.

La Comisión Europea ya ha anunciado que considera «justificado» que estas ayudas se mantengan para los agricultores en la isla de La Palma, pero los productores insisten en que también sería necesario articular subvenciones adicionales ante la magnitud de esta catástrofe natural.

La ceniza quema la piel de los cítricos acelerando el proceso de descomposición, lo que reduce el periodo de comercialización. Los agricultores sopesan recolectar la fruta o dejarla en el árbol para evitar más pérdidas.

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Otro sector que se ha visto muy dañado debido a los efectos de la ceniza expulsada por el volcán es el de las protea, unas plantas florales de las que viven alrededor de medio centenar de familias en la isla. Francisco Molina, gerente de la Cooperativa de Proteas La Palma, asegura que las pérdidas pueden rondar el 70% no solo por la acumulación de ceniza en las propias flores, lo que impide su comercialización y exportación, sino también, tal y como ocurre con otros cultivos, por el daño en las hojas que puede hacer desaparecer a las plantas. «Si esto llega a ocurrir muchos abandonarán», reconoce, antes de añadir que el sobrecoste es ahora del 50% «porque tratamos de lavarlas para salvar una parte de la producción».

Molina reconoce que «no toda la agricultura es igual» y que en el caso de las proteas arrastra las malas cifras registradas a consecuencia de la pandemia. «Han sido dos años duros, es cierto que ha habido ayudas pero los agricultores no quieren eso, quieren vivir de lo que producen», concluyó.

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