Ciencia

El calentamiento del mar sustituye las algas por corales tropicales en las aguas canarias

Canarias difunde los resultados del proyecto CanBio, que la sitúa a la vanguardia en la observación de los efectos del cambio climático en los ecosistemas marinos

De izquierda a derecha, Christoph Kiessling, Lluis Serra, Rosa Aguilar y Javier Almunia, en el Auditorio de la ULPGC.

De izquierda a derecha, Christoph Kiessling, Lluis Serra, Rosa Aguilar y Javier Almunia, en el Auditorio de la ULPGC. / Efe

María Jesús Hernández

María Jesús Hernández

El cambio climático está contribuyendo a la sustitución de comunidades de algas marinas en las aguas de Canarias, por organismos más tropicales como los corales tapizantes, una situación que ya afecta a los organismos de la parte básica de la cadena trófica, que tienen que cambiar su estrategia alimentaria. Esta es una de las principales conclusiones del proyecto CanBio, una iniciativa pionera en el estudio del calentamiento global en el mar, la acidificación oceánica y sus efectos en la biodiversidad marina, en la que han participado investigadores de las dos Universidades públicas canarias con el apoyo del Gobierno Autónomo, a través de la Consejería de Transición Ecológica, Lucha contra el cambio Climático y Planificación Territorial, y Loro Parque Fundación.

Los resultados de esta iniciativa, que sitúa a Canarias a la vanguardia en la observación de los efectos del cambio climático en los ecosistemas marinos, fueron presentados ayer en el Auditorio de la sede institucional de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, por el coordinador del proyecto científico y director de Loro Parque Fundación, Javier Almunia Portolés, acompañado por el rector de la ULPGC, Lluis Serra Majem, la rectora de la ULL, Rosa Aguilar Chinea, y el vicepresidente del Grupo Loro Parque, Christoph Kiessling. También intervino en el acto, por videoconferencia, el viceconsejero de Lucha contra el Cambio Climático y Transición Ecológica Miguel Ángel Pérez.

«En los últimos cuatro años hemos avanzado, a través del proyecto CanBio, en el conocimiento científico sobre los efectos que el cambio climático va a tener sobre las especies críticamente amenazadas, especialmente en el mar. Científicos de las dos universidades canarias han trabajado en el estudio de la acidificación oceánica, el incremento de temperatura y el ruido submarino, principalmente, y como ello afecta a las especies», apuntó Almunia, y añadió que se han estudiado modelos de las especies más amenazadas en el océano: angelotes, mantelinas y tortugas marinas.

Modelización

A través de este estudio se ha logrado «modelizar» y tener un conocimiento más preciso de cuáles van a ser los cambios en las poblaciones marinas y sus consecuencias en los ecosistemas costeros. «Hemos visto como están cambiando las comunidades que antes eran dominadas fundamentalmente por algas y ahora están apareciendo corales tropicales, y como eso afecta a la red trófica, lo que nos da una idea de como puede afectar a las pesquerías y a otros aspectos vinculados con la economía del Archipiélago».

Almunia apuntó que, el proceso de tropicalización de las aguas, como consecuencia del calentamiento global, va a contribuir a la aparición de especies nuevas que habitan en aguas más cálidas como las de Cabo Verde, y van a desaparecer o reducirse la cantidad de otras más meridionales. El coordinador del estudio indicó que, si bien se ha identificado la desaparición de comunidades de algas y en su lugar la aparición de corales tropicales, aún queda por estudiar cómo afecta a las especies más costeras. «Se ha visto que algunos peces como las fulas han disminuido su consumo de algas y han incrementado el de corales blandos, algo que no se ha encontrado en el pejeverde, por tanto es muy complicado tener un conocimiento preciso sin mucho más trabajo de investigación, de toma de datos. En estos momentos estamos en la fase preliminar, en la que se ha evaluado la primera capa del ecosistema donde están los productores primarios y hay que continuar los estudios para saber como se va trasladando al resto de la cadena alimenticia».

Respecto al estudio de mantelinas, angelotes y tortugas, por primera vez han podido marcar a cien animales, angelotes y mantelinas, con unas marcas acústicas, y establecer una red de seguimiento, además de desarrollar barcos autónomos encargados de chequear donde se sitúan estas especies. «Hay un desconocimiento absoluto de la ecología de ambas especies, y a través de CanBio estamos obteniendo datos de como se distribuyen, como utilizan los diferentes lugares en el Archipiélago, para poder tener en el futuro la información necesaria para proteger los espacios que son más importantes para ellos desde el punto de vista de la reproducción o la alimentación».

Acidificación

Desde el punto de vista de la acidificación del océano, han desarrollado un mapa de toda la región canaria, y a partir de los datos que se obtienen a través de dos boyas y dos barcos dotados con instrumentos científicos que están continuamente emitiendo información, además de imágenes de satélites, cuentan con información muy precisa -a partir de parámetros de la temperatura y de la velocidad del viento- de como se intercambia ese CO2 y como va aumentando la acidificación. «Con toda esta información se ha verificado la tendencia del aumento de la acidificación. Afortunadamente el océano tiene un sistema de que reduce la velocidad en la que cambia dicho proceso, pero está claro que aumenta a un ritmo constante».

Javier Almunia apuntó que aún no se ha llegado a niveles de acidificación que puedan afectar a la formación de conchas, pero se prevé que, a medio plazo, empiecen a tener problemas, de ahí la importancia de tener dicha red de medición de los niveles de acidificación.

El coordinador del proyecto CanBio insistió en que no existen fórmulas mágicas para cambiar el proceso de acidificación y el incremento de las temperaturas debido a la emisión de CO2 a la atmósfera. «La única forma de invertir esta tendencia es reducir las emisiones, no hay otra manera. En el futuro hay exploraciones para intentar hacer una reducción de la acidificación y reabsorción de CO2, pero son tecnologías futuras que aún no tenemos. Por ahora lo que debemos hacer es tomarnos realmente en serio que hay que reducir las emisiones para poder cambiar esta tendencia».

Científicos de las dos universidades canarias investigan «refugios climáticos marinos» para proteger a las especies de las altas temperaturas

Durante los cuatro años que ha durado el proyecto, se han puesto en marcha cinco acciones o subproyectos. Uno de ellos, denominado Buoypam, ha permitido la instalación, en Canarias de la primera red de telematría acústica submarina, que contribuye a hacer un seguimiento detallado de los cien ejemplares de mantelinas y angelotes marcados con dispositivos acústicos. «Gracias a esta metodología se ha podido evidenciar que las mantelinas utilizan las mismas zonas de forma reiterada y se quedan más cerca de la costa de lo que se pensaba. La red también ha servido para constatar la presencia de angelotes todo el año en la Reserva Marina de la Graciosa y obtener los primeros datos de preferencia de hábitat de los machos y hembras de angelote».

Monitorización en vehículos autónomos

Otra de las acciones es la iniciativa Biacu, un sistema de monitorización en vehículos autónomos para proporcionar datos sobre especies críticamente amenazadas en Canarias, a través del cual se ha logrado establecer una red oceánica de observación de CO2, que ha permitido hacer el primer mapa mensual con el que se ha podido caracterizar el papel de las aguas de Canarias en la absorción y re-emisión de dióxido de carbono a la atmósfera. «Esta información será esencial para mejorar las predicciones de los modelos de cambio climático, así como para elaborar estrategias de mitigación y adaptación a los cambios que se producirán en el futuro».

La iniciativa BioMAR, además de la detección, identificación y mejora de la información sobre las poblaciones de las dos especies más amenazadas en Canarias, el angelote y la mantelinas, también incluye el análisis de la existencia de «refugios climáticos marinos» que podrían servir de protección a las actuales comunidades biológicas costeras del aumento de las temperaturas marinas; así como acciones para detectar tortugas bobas nidificantes en Canarias, procedentes de los ejemplares traídos hace más de una década desde Cabo Verde y que soltaron en la playa de Cofete en Fuerteventura.

El Gobierno canario y Loro Parque invierten 500.000 euros para ampliar el proyecto CanBio un año más

Macpam es otra de las acciones puestas en marcha y que consiste en un sistema de monitorización acústica pasiva a través de la integración de gliders, planeadores submarinos, para proporcionar mapas de ruido marino, ambiente acústico y la presencia de cetáceos en ámbitos marinos de la Macaronesia. «Gracias a estos vehículos hemos visto que, cuando el planeador estaba cerca de zonas con tráfico muy intenso como el puerto de la Luz, por ejemplo, habían unos niveles de ruido mucho más altos que en lugares más alejados de las Islas. Y los datos preliminares dicen que no hay un efecto directo entre los niveles de ruido que tenemos sobre la presencia de delfines, orcas o cachalotes, pero es algo que hay que evaluar más en profundidad porque son datos muy preliminares».

Boyas en Gran Canaria y El Hierro

También se han instalado dos boyas, una en Gando, en Gran Canaria, y otra en el mar de las Calmas en El Hierro, que aportan información del ruido submarino en ambos lugares. «Tuvimos la suerte de que la primera boya, la de Gando, se colocó justo antes de empezar el confinamiento por la pandemia de covid, a principios de 2020, y hemos visto como se ha incrementado el ruido submarino a medida que se ha ido recuperando la actividad humana. Ahora tenemos una idea de cuál es el nivel de ruido en el océano sin el impacto de las actividades humanas y, posteriormente, con el impacto de las mismas. Va a ser una información muy relevante para, en el futuro, tratar de mitigar también este sonido y ver cuando podemos llegar a la situación ideal u original donde no había impacto en el mar», subrayó Almunia.

El proyecto, que inicialmente estaba previsto para cuatro años, ha sido ampliado uno más gracias al acuerdo del Gobierno de Canarias y Loro Parque, que invertirán 500.000 euros para continuar con estas investigaciones en 2023. «El objetivo es reforzar los conocimientos que hemos obtenido a través de esta red, y mantener el flujo de información que nos permitirá tener más datos en el futuro», asimismo, se extenderá el estudio sobre el impacto del cambio climático a especies terrestres amenazadas.

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El proyecto CanBio es una iniciativa público-privada, compuesta de cinco subproyectos, que inició su andadura el 1 de enero de 2019. Impulsada para la investigación científica sobre cambio climático, ha sido financiada a partes iguales por el Gobierno de Canarias -Consejería de Transición Ecológica, Lucha contra el Cambio Climático- y Loro Parque, con un presupuesto de dos millones de euros. Los proyectos de investigación están coordinados por diversos grupos de investigación de las universidades públicas canarias y por Loro Parque Fundación, y han contado con la colaboración de la ONG Avanfuer, Nissan Cars y Fred Olsen, entre otras entidades. Su objetivo es convertirse en una fuente de datos para los modelos de cambio climático de la Macaronesia, además de un modelo para la protección de las especies marinas.

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